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Juan Ignacio Villarías
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Juan Ignacio Villarías

Entrevista a Juan Ignacio Villarías, autor de “Una vida baldía”

“Ésta es la novela del quiero y no puedo, de la búsqueda sin hallazgo, del continuo anhelo y del fracaso en el intento de conseguir colocación laboral”

Una vida baldía” es la octava novela del escritor leonés Juan Ignacio Villarías. Ya en sus años mozos se desplazó a vivir a Cantabria, comunidad en la que reside. La influencia del mar está presente en muchas de sus obras. Ese latido quedo de las aguas del mar que rompen de manera sinuosa en las playas de Santoña o Laredo está muy presente en su forma de escribir y de contar sus historias.

La vida baldía
La vida baldía

En esta ocasión, se centra en los jóvenes que tienen, cada día más, una salida más difícil al mundo laboral. El protagonista es un ingenuo buscavidas que encuentra en un barco su salida al exterior, aunque no es todo oro lo que reluce y a la vuelta vuelve a darse cuenta que todo sigue igual. En la entrevista, Juan Ignacio Villarías nos cuenta algunos de los secretos de su nueva novela. El autor es un escritor que ante todo quiere ser novelista.

“Una vida baldía” es su octava novela. ¿Es la novela el género en el que se encuentra más cómodo?
Yo soy novelista, o quiero serlo al menos. Si escribo en verso, intercalo los poemas dentro de mis novelas, a la manera de los novelistas antiguos. Hoy ya nadie hace eso. En dos de mis novelas intercalé sendas piezas dramáticas breves. También he intercalado algún cuento breve. Pero antes que poeta o cuentista soy novelista.

En esta nueva novela trata sobre los jóvenes que malgastan su vida, algo que ya trató en “Bula de difuntos”. ¿Cree que éste es uno de los principales males de la juventud?
Lamentablemente así, creo yo. Pero mis protagonistas en esta última novela malgastan su vida a pesar de ellos mismos, pues buscan y no encuentran acomodo en la sociedad en que les toca vivir. Ésta es la novela del quiero y no puedo, de la búsqueda sin hallazgo, del continuo anhelo y del fracaso en el intento de conseguir colocación laboral. Lo que les ocurre en la realidad a muchos jóvenes en nuestro país.

El protagonista Ventura es un joven estudiante de Instituto con muchos problemas. ¿Es Ventura un fiel reflejo de la juventud de hoy en día?
Desde luego que sí. Se trata de una novela realista, lo que en ella ocurre es lo que les ocurre en la realidad a muchos jóvenes hoy en día. No hay para todos, y por lo tanto tiene que haber algunos, muchos o pocos, que se queden con las ganas, pues ganas no les faltan, de encontrar colocación. No se me podrá decir que no pasa esto aquí mismo y ahora mismo.

¿Cómo definiría al protagonista?
El protagonista principal es un joven del montón, de lo más corriente, de los que entran once en docena. No destaca en nada, tampoco se queda muy atrás. Aspira a todo, pero no consigue nada. No tiene fortuna en una sociedad cada vez más competitiva y exigente. Es lo que le puede pasar a cualquiera.

En el Instituto se produce un episodio de venganza por parte de una profesora. Justo ahora que están regalando los títulos de ESO y Bachillerato por parte de la nueva ley de educación. ¿Cómo cree que está el sistema educativo en la actualidad?
Si he decir la verdad, no estoy muy al corriente acerca del sistema educativo actual. O de los sistemas, pues no tenemos uno, sino diecisiete. Tengo entendido que es un desastre, pero no me he preocupado de empaparme en el tema. Yo me he inspirado en el sistema antiguo, el que yo conocí. ¿Anacronismo? No lo creo, pues esta novela, al mismo tiempo que actual, no deja de tener algo de intemporal. No es histórica, ni es un tratado de pedagogía contemporánea.

¿Se les prepara adecuadamente a los jóvenes para enfrentarse a la vida laboral?
No sería yo el más indicado para comentar la preparación de la juventud de hoy. Yo lo que sí veo es que el estado se gasta mucho dinero en la preparación laboral de los que no tienen labor que cumplir. ¿Para qué? Para que más fácilmente encuentren ocupación, el propósito es evidente. Pero, ¿con parados mejor preparados se consigue que las empresas ofrezcan más puestos laborales? Es evidente que no. Entonces, ¿para qué todo ese gasto? Para que tengamos que pagar más impuestos, para quitar competitividad a las empresas, para generar más paro en fin. Salvo los puestos de funcionario, claro está, que ésos sí aumentan con esto.

Su novela refleja hechos normales de cualquier estudiante pero otros son más extraordinarios. ¿A qué se debe su gusto por hechos más extraordinarios?
¿Extraordinarios? Naturalmente, algún hecho fuera de lo ordinario no tiene que faltar en una novela. Pero perfectamente verosímiles en este caso. En efecto, una novela en la que no ocurriera nada extraordinario sería una novela de lo más insulso y aburrido.

¿Le gusta situar sus novelas cerca del mar?
De todas las que llevo publicadas, en efecto, sólo hay una cuya acción transcurre tierra adentro. También en otra (“Vista corta y paso largo”, la que trata el tema de los maquis), en las altas cumbres, pero en una provincia marítima. Será porque yo siempre he vivido a orillas del mar, porque el mar se ve desde mi ventana.

El viaje que realiza Ventura como camarero en un barco le sirve como experiencia laboral pero no tanto como experiencia de aprendizaje. ¿A qué es debido esto?
Como experiencia de aprendizaje sirve todo lo que se haya hecho. El camarero de a bordo no es lo mismo que el del bar de la plaza, pero se le parece mucho. Tampoco es igual la cocina para la tripulación, todos lo mismo, que para los clientes, a cada uno lo que pida. Pero eso también le tiene que servir de experiencia. Puede que no le sirva de prestigio, pues no le han visto trabajar y nadie hablará de él.

Su encuentro con su condiscípula María José, oficial del barco, tiene muchas aristas y malos recuerdos. Se mueve entre el amor-amistad y la indiferencia. ¿Son las relaciones juveniles tan complicadas?
Se trata de una antigua condiscípula, muy de su agrado, conocida de toda la vida, a la cual sin embargo ve por encima de sí mismo. No se atreve a picar tan alto, como si dijéramos. El que no es joven, lo ha sido, de modo que todos sabemos lo que es la mentalidad juvenil. Ese tipo de relaciones ofrece infinitas variaciones, distintas además según quién de los dos las mire, cada persona es un mundo, no se puede generalizar.

El regreso no puede ser más catastrófico. María José es detenida por tráfico de drogas y Ventura vuelve a engrosar las filas del paro. ¿Son las drogas y su tráfico una de las lacras de la sociedad?
Y tanto que sí. Las drogas nos afectan a todos, incluso a quienes no las hemos visto jamás. Causan más bajas que una guerra o una peste, principalmente entre la juventud, arruinan familias, destrozan las vidas de los que sobreviven, son causa de elevada delincuencia, llenan los cementerios, suponen para la economía nacional un quebranto de inmensas proporciones. Una maldición que nos ha caído encima. Y lo peor de todo es que aceptamos el problema con resignación y sin hacer gran cosa por arreglarlo.

En su opinión, ¿Debería legalizarse algún tipo de droga?
Debería perseguirse más, digo mejor, debería perseguirse el tráfico de drogas, pues apenas se persigue. Los traficantes cuentan con muchos derechos, muchas contemplaciones por parte de la policía y mucha tolerancia por parte de la justicia. Hace falta mano dura, hay que hacer lo que sea. A grandes males, grandes remedios.

¿Se muestra la sociedad hostil contra la juventud?
Hostil no, sino incapaz de integrar dentro de sí a todos los jóvenes que asoman a la vida adulta. No hay plazas para todos, y de eso no tiene la culpa nadie. ¿Sería inadecuado señalar que tenemos tantos parados nacionales como extranjeros trabajando?

¿Cómo ve el futuro de estos jóvenes sin estudios y preparación?
Uno de ésos (27 años) es hijo de un servidor. Y la verdad es que no veo salida. No veo futuro. Veo el horizonte laboral vacío, igual que el horizonte marino. La situación es terrible.

El futuro de Ventura depende de sus padres. ¿No debería ser lo contrario?
En efecto, lo ideal hubiera sido que el hijo diera nuevo impulso, aportando nuevos bríos juveniles, al negocio familiar. Pero las viejas tiendas de toda la vida, en la novela y en la realidad, están todas más cerca del cierre que de la ampliación del negocio. Debido a la competencia de la compra en línea y de los hipermercados, se están cerrando las tiendas más prestigiosas y antiguas. Pero de esto no se le puede echar la culpa al gobierno.

¿Es la emigración la salida de los jóvenes de este país?
Esa posibilidad no dejan de plantearse los personajes, pero se encuentran, no con barreras físicas, sino idiomáticas, que no se sabe lo que será peor. La Unión Europea entera tienen a su alcance, teóricamente al menos, pero en la práctica se encuentran con que su idioma se habla sólo en su país, y aprender otro es mucho decir.

¿Cómo trataría este tema? Usted que tan preocupado se muestra en sus obras.
¿El que no tenga trabajo, que se vaya? Valiente solución. No, sino que España debe acoger a todos los nuevos españoles dentro de sí. A lo mejor si no diéramos tantos permisos de residencia y no concediéramos tantas cartas de naturaleza, no tendríamos que echar a nuestros jóvenes de nuestro país, que es el de ellos.

¿Cuántos libros nos tiene preparados para publicar próximamente?
Tengo otras tres novelas completadas, más otra empezada, que espero ir publicando a razón de una por año. Entre una y otra hay que dejar pasar un plazo prudencial, no se deben sacar dos muy seguidas. Al menos eso es lo que me dicen los editores.

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