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Laura Castañón
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Laura Castañón (Foto: Javier Oliaga)

Entrevista a Laura Castañón, autora de “La noche que no paró de llover”

“Los mecanismos del mal son siempre individuales”

jueves 31 de agosto de 2017, 13:18h
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Cuatro años han tenido que pasar para que la escritora asturiana Laura Castañón diese a la imprenta su segunda novela. Desde aquella “Dejar las cosas en sus días” hasta la reciente “La noche que no paró de llover”, algo muy normal en su tierra asturiana, muchas cosas han pasado, incluso un cambio de editorial que la ha sentado muy bien. Su nueva novela explora, en todas sus vertientes, los mecanismos del mal.

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Laura Castañón (Foto: Javier Oliaga)

“Mi novela es una reflexión sobre el mal. Tanto el que hacemos de forma consciente como el que hacemos de forma inconsciente, sobre todo de este tipo de mal”, señala Laura Castañón en la entrevista que mantuvimos en la cafetería de un hotel de la Gran Vía madrileña, que muchos días parece el puesto de mando de la literatura española, por la gran cantidad de profesionales que se dan cita en sus salones. La novela también tiene una profunda reflexión sobre el tema de la maternidad.

En “La noche que no paró de llover” se dan cita cuatro voces femeninas distintas que se van alternando. “Yo, en principio, quería contar sólo la historia de Valeria –personaje al que menciona en su primera novela- pero descubrí que estaba asociada a varias personas más”, dice la escritora afincada en Gijón. Avanzando en la conversación reconoce que se siente “más cómoda contando historias de mujeres que de hombres”. Quizá por eso, está escribiendo ahora otra novela que complementa a ésta, “aunque ambas son autoconclusivas”, subraya.

El peso de la historia, evidentemente, está en las mujeres, siendo Valeria la protagonista principal, aunque hay varias tramas asociadas a ella. Para Laura Castañón, “las novelas que escribo están más en función de lo que quiero contar que en la propia trama. Siempre está por encima la historia”, afirma rotunda la novelista. Otro tema que la obsesiona sobremanera es la memoria, tanto individual como colectiva.

“Algunos de los personajes tienen cosas mías”, nos reconoce. Pero sólo algún rasgo porque para escribir el personaje de Valeria –persona anciana y solitaria- tuvo que hablar con personas de esa edad. La carta que encuentra la protagonista y no se atreve a abrir es el desencadenante de la novela. “En mi anterior obra escribí más de personas que estuvieron en el bando de los perdedores de la Guerra Civil, en esta quise explorar a una persona del bando de los vencedores”, expone. Sin olvidar que hay una profunda reflexión a toda la época previa a la guerra y a la forma de cómo vivía la sociedad gijonesa.

Para la autora, Valeria representa el mal. “Los mecanismos del mal son siempre individuales. Y la redención, viene por el amor y por la escritura”, apunta. En su opinión, la palabra lo es todo en cualquier proceso. De ahí que Valeria quiera hacer terapia, para sacar todos sus recuerdos. “Con los procesos terapéuticos se llega a la curación. Para olvidar, primero hay que hacer memoria y reconciliarse con ella”, diagnostica certeramente.

Laura Castañón realiza, en su vida profesional, diversos talleres literarios en su tierra, los tiene tan interiorizados que cuando se pone a escribir no realiza una reflexión previa. “La historia me pide qué hacer en cada momento y sé cuando los diálogos son útiles o no”, explica. En esta ocasión ha utilizado diferentes voces por lo que podríamos decir que la novela es poliédrica y, por supuesto, colectiva. Tiene mucho de saga familiar.

En los talleres que realiza, siempre da un consejo a sus alumnos: que lean. “Yo he aprendido a escribir de forma disciplinada. El ejercicio de la escritura es fundamental y hay que forzar las posibilidades. Pero, el talento no lo da un taller”, sentencia. Cree que las historias están ahí pero son ellas las que te eligen, no al revés.

Para terminar cuenta la deuda emocional que tenía con Ediciones Destino. “Yo aprendí a leer y a escribir con los autores de esta editorial con Miguel Delibes, Camilo José Cela, Francisco Umbral, Carmen Martín Gaite y Carmen Laforet. ¡Menuda plantilla tenía Destino en aquellos años setenta y ochenta! Aunque, la verdad, la del prensente tampoco está nada mal y Laura Castañón es un claro ejemplo de ello.


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