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“Mercancía robada”, de Lluna Vicens

domingo 28 de marzo de 2021, 23:00h
Mercancía robada
Mercancía robada

Si hay un libro auténtico y arriesgado de todos los que he leído en mi vida ese es “Mercancía robada” de la escritora catalana Lluna Vicens. Un libro testimonio en formato de novela negra estremecedor y valiente. Cuando la editora Jimena Tierra me habló de esta novela me dijo: “lo tienes que leer. Es brutal”. Se quedaba corta mi amiga. Es un libro que me ha revuelto las tripas desde las primeras páginas. Un libro que será serio candidato a la mejor novela negra del año y si no al tiempo.

Cuando comencé a leer “Mercancía robada” no me imaginaba el giro que iba a dar la narración en las primeras páginas, pese a lo que me contó Jimena. Durante la lectura, recordé una historia parecida que sucedió hace décadas cuando vivía en Guadalajara. La hermana mayor de un amigo mío nos contó un día lo que le había sucedido en el desaparecido cine Imperio. Había ido con un par de amigas a ver un programa doble, algo usual en aquellos años setenta. Una de sus amigas tuvo que ir al aseo entre película y película y aquella chica nunca regresó a la sala. Desapareció, sin más. Nunca la encontraron. Se creyó que había sido víctima de alguna organización de trata de blancas. La protagonista de la novela, Yolanda, le sucedió algo parecido y su destino fue la inhóspita ciudad de Burgos. Siempre gélida, como el frío que pasaba ella misma en la casa donde estaba confinada.

Mercancía robada” es un libro necesario y, a la vez, cruel hasta el extremo. Debería ser de lectura obligada en institutos y en todo tipo de ámbitos. Qué hechos como el narrado sucediese en plenos años ochenta, como el que escribe Lluna Vicens, se me antoja difícil de comprender. ¡Aquellos años de la Movida y de la libertad! Pero no lo fueron para todo el mundo. A Yolanda y a sus compañeras de ¿trabajo? se las privó de su libertad, pero no sólo de eso. Se las privó de la autoestima y de su futuro.

Narra Lluna una historia que la ha costado años poder contar y en la que ha tenido que hacer un esfuerzo sobrehumano con el fin de poder limpiar su conciencia de esos recuerdos dolorosos y terribles que hacen de la especie humana la peor de las especies del planeta. Ruindad, bajeza, indignidad, falta de escrúpulos y mil epítetos más se podrían decir del protagonista de esta historia y que es un vil traficante de mujeres a las que obliga y condena, en contra de su voluntad, a la prostitución más ruin.

El depravado tratante de carne humana -mercancía robada- se llama Pablo, supongo que será un nombre inventado. En contraposición, la mayoría de las protagonistas no tienen nombre, solo se les reconoce por algún rasgo de su físico: la mujer embarazada, la chica del pelo corto, etc. Todas han perdido lo mejor de su vida y solo las mantiene con vida un fuerte corporativismo solidario que las hace ayudarse entre ellas en las condiciones adversas, esa fuerte complicidad entre las mujeres del prostíbulo hace que algunos diálogos que mantienen estén cargados de humor y comprensión. Un humor que ayuda a pasar los malos momentos y las pésimas situaciones que tienen que soportar. Las conversaciones que mantienen entre ellas son realmente de lo mejor de la novela. Aunque sean las descripciones, de alto voltaje, lo más significativo de una novela que se lee con la imaginación visual desbocada. Narra detalles que son de una crudeza tan extraordinaria que hacen de la novela un joya descriptiva.

Se fija también Lluna Vicens en esa fauna de clientes masculinos que son asiduos visitantes a esos establecimientos nocturnos de carretera. Gentes depravadas, en ocasiones, o personas que mantienen una cierta dignidad, en otras. Uno de ellos, sin ayudar estrictamente a la protagonista, la incita a salir de donde ha caído. Lamentablemente, ese personaje no está desarrollado como se merece y casi queda en una anécdota.

Las decisiones personales en algunos momentos de la vida, la propia suerte o mala suerte pueden cambiar el destino de las personas en uno u otro sentido. La protagonista lo que tiene es realmente mala suerte cuando lo que está buscando un trabajo que diese sentido a su vida. Une la autora la fuerza de esas descripciones a un diálogo interno rico de sentimientos y de preguntas retóricas.

Hay que señalar que la novela tiene algunas repeticiones de escenas cotidianas que una atenta edición habría subsanado. Aún con ese pequeño defecto, la novela se lee sin poder abandonar la lectura en ningún momento. Se le hace al lector partícipe de esas reflexiones de la protagonista sobre la condición humana de seres que son de todo menos humanos. La autora nos muestra también la corrupción y cobardía de algunos estamentos policiales y sociales.

Estamos, pues, ante una novela muy original en su contenido, dura, necesaria que, en mi opinión, se sale de lo que el género negro nos está ofreciendo en la actualidad. ¡Ojalá valiese para regenerar en cierta medida la novela negra! Un tipo de género que esta obra de no ficción puede abrir un camino muy interesante e innovador. El género siempre ha denunciado ciertos comportamientos sociales, “Mercancía robada” los ha triturado. Bienvenida sea.

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