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"1064, Barbastro. Guerra Santa y Yihad en la España medieval", de Philippe Sénac y Carlos Laliena Corbera

Alianza Editorial

Por José María Manuel García-Osuna Rodríguez
martes 20 de abril de 2021, 08:00h
1064, Barbastro
1064, Barbastro
La tesis central o primordial de esta magnífica obra cronística del Medioevo, se refiere a que esta batalla fue el comienzo de la idea de que era preciso recuperar Jerusalén, que estaba en poder del Islam, y la única fórmula para hacerlo era en forma de seguir la Cruz de Cristo, es decir como cruzados. Los autores sostienen, y no veo nada en contra, que esta batalla fue el precedente de la Guerra Santa contra los sarracenos palestinenses, que tiene su nacencia en el año 1096, cuando el atribulado Papa de los católicos Urbano II predicó la primera cruzada, que finalizaría con la conquista jerosolomitana por las tropas de Godofredo de Bouillon.

Los profesores Laliena y Sénac indican, sin ambages retóricos, que en la conquista de Barbastro, en el año de 1064, se dieron todos los condicionantes de una cruzada sensu stricto. Participaron miles de guerreros cristianos venidos de toda Europa, el estímulo papal de Alejandro II fue indubitable; ya que se les recompensó espiritualmente por medio de la obtención de la pertinente bula. Los cristianos consiguieron reclutar unos diez mil soldados muy bien pertrechados, que conquistaron a sangre y fuego la urbe sin mucha resistencia por los pocos musulmanes situados intramuros. Pero, tras nueve meses estaría nuevamente en poder de la taifa de Zaragoza. Y durante un cuarto de siglo el avance cristiano se ralentizó. Los reinos cristianos incrementan su política agresiva contra los andalusíes, algo que los agarenos lo tenían como genética e idiosincráticamente habitual. La llegada al trono de Aragón y de Pamplona, luego inclusive emperador de León, del rey Alfonso I “el Batallador”, otorgará un nuevo impulso a la reconquista en el oriente peninsular. En el año 1063, el 8 de mayo, el rey Ramiro I de Aragón ataca la fortaleza musulmana de Graus, el emir Al-Muqtadir de Zaragoza acude en su defensa acompañado de un contingente de soldados leoneses y castellanos comandado por el infante Sancho y por su alférez Rodrigo Díaz de Vivar. Un soldado sarraceno, llamado Sadaro, engañó al monarca utilizando la lengua aragonesa y vestido de cristiano, lo que le permitió entrar en el real del soberano y clavarle una lanza en la frente.

El Papa Alejandro II monta en cólera y planea la creación de una milicia internacional, con la finalidad de apoyar al nuevo monarca Sancho Ramírez I de Aragón. Considera el Sumo Pontífice que Aragón está en peligro, y el resto de la reconquista, que tan importante era para la cristiandad europea. El Vaticano estima que el momento es de una auténtica emergencia, y es preciso predicar la Reconquista-cruzada como algo esencial para los seguidores de Cristo. Guerreros de Francia y de Borgoña, normandos, barceloneses, urgeleses y aragoneses prepararán el sitio de Barbastro, que caerá como un castillo de naipes. Se capturaron hasta cinco mil mujeres musulmanas vendidas como esclavas. La crueldad iracunda de los cristianos fue paradigmática. En este libro soberbio, que es una auténtica joya historiográfica, los autores realizan un estudio completísimo sobre la sociología de la época, todo lo que se pueda decir sobre el contexto en el que se produce la batalla se encuentra en esta obra. Las relaciones culturales, religiosas y las alianzas feudales se analizan pormenorizadamente. Los magnates aprovecharon el hecho bélico para conquistar tierras y botín. “Las fuentes no hacen ninguna alusión a las características de las fuerzas que llegaron ante las murallas de Barbastro en la primavera de 1064, pero es evidente que formaban ejércitos perfectamente equipados…Su equipamiento se componía de escudos, espadas, lanzas que podían servir como jabalinas y, sin duda, hachas y puñales. Se trataba de un armamento costoso que, para la infantería, se limitaba a armas menos valiosas, como arcos y machetes”. Pero, en la página 121 se comete un error histórico muy importante, que debo corregir de forma absolutamente taxativa. Mutatis mutandis: “…donde la conquista de Coímbra en julio de 1064 por el rey Fernando I de Castilla atenuó las repercusiones de la pérdida de Barbastro”.

En ninguna circunstancia se puede admitir a Fernando I “Magno” como rey de Castilla, ya que es rey-emperador de León, y Castiella es un territorio dependiente legionense sin la más mínima personalidad, lo que se puede contrastar prístinamente en la diplomatura del monarca (COLECCIÓN DIPLOMÁTICA DE FERNANDO I (1037-1065)-P. Blanco Lozano; Centro de Estudios e Investigación San Isidoro de León). Otra de las consecuencias importantes de la conquista de Barbastro, por la relación con los agarenos, aunque fuese bélica, que produjo una fascinación de aquellos guerreros europeos recios hacia las delicias culturales y sociales mahometanas. “Como ya señaló el historiador Pierre Bonnassie al analizar los testamentos de Arnau Mir de Tost y de su esposa Arsenda, así como el inventario de sus bienes, que el vizconde hizo elaborar en 1068, la aristocracia catalana almacenaba en sus castillos y palacios una cantidad considerable de objetos provenientes de al-Andalus como trofeos o presentes”. Algunos historiadores han escrito sobre el influjo, que las poesías cantadas por los cautivos musulmanes de Barbastro, tuvieron en el alba de la poesía trovadoresca, cuando aquellos desgraciados fueron conducidos como esclavos hasta la Aquitania del duque Guillermo VIII. La conclusión de esta conquista fue que resultó ser una victoria, sino pírrica, por lo menos muy efímera. En suma, estamos ante una obra monográfica a la que califico de excelente y, que recomiendo de interés preferente. Ceterum censeo Carthaginen esse delendam”.

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