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Léonora Miano
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Léonora Miano

La visión transfronteriza de África y Europa en la obra de la escritora camerunesa Léonora Miano

Por Pilar Úcar Ventura
miércoles 21 de julio de 2021, 03:00h

Lo importante es la experiencia humana hecha palabra, superando barreras intercontinentales. Los lectores se identifican con sus personajes e interiorizan las miserias y los desgarros novelados.

Desde la altura, sobrevolamos las construcciones tan típicas de Duala. Localidades diseminadas, aldeas edificadas en forma circular, pequeñas elevaciones marronosas… y luz, mucha luz. Se advierte placidez y calma en el corazón africano. Como si el tiempo se hubiera estancado. El foráneo imagina extasiado cómo será la vida entre sus habitantes.

En Duala nació Léonora Miano (1973). En Camerún, médula del continente africano, todo un patchwork recosido de costumbres y tradiciones ancestrales, vestigios de modernidad y deseos de contar, de plasmar con la palabra sus vivencias e inquietudes, sus anhelos e ilusiones.

Siempre la palabra proferida, el tesoro tan apreciado de estos pueblos al que rinden homenaje generación tras generación bajo el baobab; no en vano los mejores cuentacuentos provienen de aquí.

Algo de todo eso, o mucho, nos transmite la obra de esta escritora afincada en Francia desde 1991 después de pasar su infancia y adolescencia en su ciudad natal.

Léonora Miano constituye una fiel testigo del puente intercontinental: África y Europa más allá de sus fronteras. Sus títulos ejemplifican circunstancias históricas, relatos vitales, ejes temáticos presentes y conocidos en una producción literaria magnífica y muy premiada por su valor estético y vindicativo.

Mi experiencia en Camerún me permitió conocer su obra y comprender el concepto de una nueva y distinta “cosmogonía temporal”: minutos dilatados, horas espesas en una atmósfera casi paralizada; el tiempo no pasa, se deja pasar, está y existe pero no tiene medida.

El interior de la noche (2005) es una novela de una intensidad potente, de un riesgo inusitado, transfronteriza y llena de encrucijadas; su objetivo claro y rotundo propone hermanar gentes: africanas y europeas. Algo inusitado desde una mirada femenina, sin olvidar su origen, ubicada ahora en nuevas coordenadas espaciales. El éxito no se hizo esperar y así hasta la actualidad.

La crítica y el público la siguen aclamando por su verdad y su verosimilitud. Mujer valiente y apasionada de cercanía insólita.

A través de sus lecturas se pueden percibir muchos aspectos que la pantalla o las visitas tridimensionales reflejan: amaneceres apacibles, tormentas desatadas con fruición, días y días llenos de historias casi imposibles pero probables, sentimientos arrancados de cuajo, barreras infranqueables y tragedias por superar.

África, Camerún…en estado puro. La autora se dedica a analizar, describir y fabular la región subsahariana y todo lo que conlleva el nudo gordiano de los afrodescendientes.

Sus personajes, desprovistos de individualidad, trascienden lo singular y desde la pequeñez del ser humano cuestionan las grandes historias, los grandes acontecimientos que impactan e impresionan a la mayoría.

Léonora Miano ahonda en lo profundo y en lo mollar, en la contemplación nada complacida de las personas reales con su mirada de africana, sin salirse del cuadro. Para ella es fundamental superar y eliminar perspectivas estereotipadas.

Contours du jour qui vient, Les Aubes écarlates, Blues pour Elise, Écrits pour la parole,

Canciones, ensayos, relatos cortos…

Rouge Impératrice (2019) reformula de manera utópica nuevas señas de identidad en África, ideas ya apuntadas en sus escritos anteriores: Habiter la frontière o L’impératif transgressif. Entiende que la frontera no separa ni distancia, sino que permite tocar y comunicarse. Los protagonistas, por tanto, se reconcilian y se funden en una única identidad más allá de las diferencias originarias.

En definitiva, se trata de una transmodernidad, separada de visiones eurocentristas, un deseo de volver a la esencia del ser humano.

De nuevo el tiempo se ensancha tanto que llega a desaparecer. Para mí es un mundo inhóspito, exótico por lo diferente y desconocido.

“El día está declinando…un suave resplandor…dejar paso a la noche…travesía por el mundo subterráneo…”, escribe Léonora Miano.

Y yo… en medio de ese mapa tranquilo y quieto sin prisa. No siento el paso del tiempo. Me ha cautivado.

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