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"Alfonso Chirino, un médico de monarcas castellanos", de Marcelino V. Amasuno Sárraga

Ed. Junta de Castilla y León. Consejería de Cultura y Turismo
Por José María Manuel García-Osuna Rodríguez
martes 14 de septiembre de 2021, 18:00h
Alfonso Chirino, un médico de monarcas castellanos
Alfonso Chirino, un médico de monarcas castellanos
Otro libro magnífico de la editora de la Junta de León y Castilla, pero que sigue sin aceptar que los reyes castellanos, sensu stricto, son asimismo reyes leoneses, y por esa titulación deben ser considerados, más si cabe cuando hasta Pedro I “el Justiciero” las Cortes de León y de Castilla se reúnen por separado. Quomodo vales. Se colige que el médico Alonso García de Chirino provenía de una familia de marranos de las tierras de Guadalajara.

Las noticias con que se cuenta para sostener esta afirmación brotan de la ejecutoria que ganó un tal Lope de Chirino, avecindado en Úbeda, en la causa incoada por el mismo contra dicha ciudad por cuanto se refiere a la defensa de su estatuto de hidalguía. La sentencia, dictada en Ciudad Real el 2 de mayo de 1499 y refrendada en Granada el 14 de abril de 1513, se apoya en las noticias aportadas por cierto número de testigos...”. El abuelo del sujeto de nuestra actual reseña-ensayo, Alonso García de Guadalajara, habría sido vecino de Cuenca, y, parece ser, que muerto en Sigüenza; siendo público y notorio que era el médico del Rey Juan II de León y de Castilla. Uno de los testigos refiere que Alfonso Lope de Chirino habría estado casado con una hija del regidor conquense Juan Fernández de Valera, siendo sus hijos: “Hernando Alonso Chirino, Mosén Diego de Valera e al abad de Alcalá, e al doctor Alonso García, vecino que había sido en la villa de Ocaña”.

El historiador Juan de Mata Carriazo afirma que el abad de Alcalá la Real se llamaría Juan Alonso Cherino, quien sería miembro de La Curia Regia de Juan II, y enviado por dicho soberano al Duranguesado como pesquisidor. El historiador González Palencia sugiere la posibilidad de que el doctor Chirino fuese uno de los integrantes del tribunal que juzgó y condenó al conde Álvaro de Luna en 1453. Otro de los testigos, llamado Gil Muñoz, indica, taxativamente, que tuvo tres hijas, las cuales fueron matrimoniadas: “una con Íñigo de Jaraba, señor de Valdecabras; otra con Lope de Salazar, alcalde del castillo de Garci Muñoz, y otra con Luis de Pernía, asegurando que había oído que ‘Fernand Alonso de Chirino, el abad de Alcalá (Juan García) e Mosén Diego de Valera eran hijos de Alonso García de Guadalajara’”.

En 1944, el historiador José Simón Díaz indica la existencia de documentos acreditativos relativos a la ascendencia de marrano o judío converso del conspicuo médico de los reyes Enrique III “el Doliente” y de Juan II de León y de Castilla; por consiguiente también tendría dicha raigambre hebraica el cronista contemporáneo Mosén Diego de Valera. “La documentación esgrimida por Simón Díaz alude a un proceso inquisitorial, fechado en Cuenca en 1631, cuya significancia supera a otros anteriores del mismo carácter y que arrojan luz sobre algunos aspectos muy interesantes de los descendientes de Alonso de Chirino, que en distintas ocasiones fueron acusados de judaísmo”. Este documento tiene relación con un proceso que se puso en marcha para poder obtener el mayor número de información posible, siguiendo el deseo incoercible del inquisidor general, cardenal Zapata, sobre si se podía otorgar una plaza de oficial del Santo Oficio de la Inquisición a un tal Bernardo Chirino de Loaysa, quien ya era capellán del rey Juan II de León y de Castilla y arcediano de Valladolid. El proceso tuvo lugar en Cuenca, por lo que 11 de los testigos se abstuvieron, al ser vecinos del interfecto, aunque otros 19 acusaron sin ambages a los Chirino de prístinamente conversos, para ello se remontaron las acusaciones hasta a ocho generaciones anteriores.

Es de sumo interés el testimonio del licenciado Antonio Martínez, profesor de Gramática, quien declaró, sin circunloquios, que el apellido del susodicho capellán regio era Buadalfaxar o Guadalajara. “Un ciruxano q. vino de Guadalajara y casó en esta ciudad con una Juana Chirino, en prueba de lo qual anda impreso un libro que tiene por título menor daño de la medicina, cuyo autor se llamó el maestro Alonso Chirino, y con el mesmo libro anda impreso su testamento, donde unas beçes se llama Alonso Chirino, otras Alonso de Cuenca y otras Alonso de Guadalajara o Guadalfaxar…Y q. el autor del libro fue en tiempo del Rey don Juan el Segundo, y q. el libro a estado en poder de d. Alonso de Sandobal portocarrero y en poder del grabiel rodríguez el ciruxano, y que el autor del dho. libro era descendiente del que bino de Guadalaxara, pero no sabe en q. grado (es) pariente del dicho Diego Chirino, pero que sabe se entierran todos en un mismo entierro en una capilla del claustro de S. Francisco, donde está enterrado el autor del dho. libro...”.

De todo lo que antecede, se puede tener la certidumbre de que Pedro Armíndez Chirino, padre del médico regio, fue confeso hebreo, de lo que daría fe Hernán Mexía, quien sería nieto del citado, la información se realizará, a posteriori, en relación a Francisco de Góngora de Córdoba. “Los documentos datan de 1620 y 1640, y se refieren a las pruebas de ingreso en la Orden de Santiago de Luis Chirino de Salazar y de Alonso Chirino de Salazar en la Inquisición con el cargo de calificador. Todos los declarantes ensalzaron la limpieza y la nobleza de los antepasados de los pretendientes, que descendían de un nieto de Alonso de Chirino y eran hermanos del jesuita Hernando, predicador de Felipe IV y confesor del Conde-Duque de Olivares. No debe, pues, extrañarnos el tono claramente encomiástico de estos testigos partidistas y que nada se mencionara sobre la falta de nitidez de su linaje”. Esto es la base del acercamiento a una obra magnífica, que debe ser leída con delectación sobresaliente.Donec Bithynio libeat vigilare tyranno”.

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