www.todoliteratura.es

"Pax", de Tom Holland

Ático de los Libros. 2025
viernes 16 de enero de 2026, 21:20h
Pax
Pax

El libro lleva un subtítulo más que esclarecedor: ‘Guerra y paz en la edad de oro de Roma’. “En el año 122 d.C., el hombre más poderoso del mundo llegó a orillas del Tyne. El río -que fluye por lo que hoy es la ciudad de Newcastle- era el punto más septentrional que jamás había visitado un emperador romano. A sus pies se extendían las tierras bajas de Britania, la fértil mitad meridional de la isla que las legiones habían conquistado, pacificado y domado en el transcurso de los ochenta años anteriores. Más allá se extendían las tierras salvajes del norte, tan agrestes y pobres que no merecía la pena dominarlas. Tal fue, en cualquier caso, el juicio del césar visitante. Publio Elio Adriano era un hombre bien cualificado para distinguir entre civilización y barbarie. Había estudiado con filósofos y cabalgado hacia la guerra contra cazadores de cabezas; había vivido tanto en Atenas como en una isla del Danubio. Antes de su llegada a Britania, había estado de gira por las bases militares a lo largo del Rin y había dado órdenes para que se construyera una gran empalizada más allá del margen oriental del río. Ahora, de pie junto a las grises aguas del Tyne, Adriano tenía planes para la construcción de una maravilla de la ingeniería aún más formidable”.

El que se encuentre el emperador Adriano en Britania es un auténtico acontecimiento para los aborígenes, que presuponen, bastante fehacientemente, que nada bueno puede representar el hecho para su devenir vivencial. Adriano, es el tercer emperador de la IIIª Dinastía Imperial de Roma, la de los Antoninos, y era bastante supersticioso ya que tenía la certidumbre de que para llevar a buen puerto alguna actividad, era preciso estar en buena armonía con los dioses y conseguir la aquiescencia de sus legionarios. El puente sobre el río Tyne sería denominado como Pons Aelius, lo cual era una excepción ad integrum, porque no era nada habitual que una edificación civil portase el nombre de un emperador fuera de los límites de la Urbe capitolina. El primer emperador de esta IIIª dinastía había sido un vetusto senador llamado Nerva, que había substituido por el mejor emperador de la historia de Roma, un romano nacido en Hispania, Santiponce/Itálica Augusta, que se llamaría Trajano.

En la ribera norte del río se construyó una fuerte, conformado por una serie de campamentos militares situados en línea recta desde una orilla a la otra del Océano. Estaban unidos por una muralla de 135 kilómetros de longitud, y detrás de la muralla se encontraba una calzada pavimentada con cantos rodados. Todo ello representaba un autohomenaje del emperador para la posteridad de la historia. A partir del siglo XIX se llegó a la convicción de que aquello era el Muro de Adriano. El historiador Edward Gibbon, en el año 1776, definió al siglo II d.C. como el Siglo de Oro de Roma. No obstante, conocía perfectamente que el final de esa dinastía finalizaría en tragedia y deshonor con el emperador Cómodo. Gibbon escribe con toda ironía que: “Las fronteras de aquella extensa monarquía estaban custodiadas por la antigua fama y el valor disciplinado: la suave pero poderosa influencia de las leyes y las costumbres había cimentado gradualmente la unión de las provincias. Sus pacíficos habitantes disfrutaban y abusaban de las ventajas de la riqueza y el lujo”.

Los britanos se rendían y aceptaban llegar a habitar en las complejas y cosmopolitas ciudades romanas. Los ciudadanos del SPQR decidieron civilizar, con los conceptos que ellos consideraban civilización a los pueblos que conquistaban, desde el saneamiento de las urbes, hasta la medicina, pasando por el derecho romano, la educación cultural, el orden público, la irrigación de los campos de labranza, sus famosas vías o carreteras que conectarían todo el imperio, y para finalizar, crearían un sistema de canalización de agua dulce necesaria para la salud pública de los pueblos, de las autosuficientes villae y de las ciudades. Existen emperadores que han pasado a la historia por sus comportamientos, bien ortodoxos o heterodoxos, o cuanto menos paradójicos. Tras el gran incendio del año 64 d.C., Nerón consideró que era el momento oportuno para crear una nueva urbe capitolina, inclusive sus planes arquitectónicos conllevaron que pensase en bautizar a la Vieja Roma con el nombre de Nerópolis. Inclusive despojó de sus viviendas a los pobres, y hasta a los senadores que habían perdido sus hogares; todo ello para conseguir terreno suficiente y poder edificar su Casa de Oro o Domus Aurea. Se tiene la certidumbre desde la Edad Antigua de que era de dimensiones colosales. Nerón tenía un desprecio mayestático por los optimates, gran oligarquía senatorial, por todo ello lo aborrecían y le calificaban como si fuese un tirano. Por todo lo que antecede, pronto comenzaron las conspiraciones, aunque el emperador consiguió, de momento, aplastarlas a todas, ya que algunos senadores fueron ejecutados con la mayor de las alevosías y de las sañas; y el desprecio senatorial se unía al deseo de venganza. La primera sedición le llegó desde la Galia Comata, por el procónsul Gayo Julio Víndex, que era un político senatorial con grandes capacidades, y con antepasados galo-romanos, pero Nerón no se alarmó.

Físicamente en forma y mentalmente alerta, curtido en la guerra y lo bastante audaz como para no arredrarse ante una empresa peligrosa, combinaba un profundo amor por la libertad con una inmensa ambición. No solo eso, sino que además descendía de un linaje de reyes galos. Aún así, Nerón, que, a diferencia de sus predecesores, nunca había comandado un ejército en batalla, no se alarmó hasta el punto de empezar a reunir tropas de inmediato, pues había una forma más eficaz de combatir las revueltas incipientes: los escuadrones de la muerte. Ya los había empleado con gran éxito contra los conspiradores en Roma y también podía enviarlos a las provincias. Tras enterarse de que Víndex había estado en contacto con el gobernador de Hispania, un canoso rigorista llamado Servio Sulpicio Galba que no había denunciado la traición, Nerón dio órdenes de asesinar al gobernador. No tenía motivos para dudar del éxito de esta medida. Apolo, que además del dios de la música era también el de la profecía, le había enviado personalmente un mensaje: ‘Cuidado con el año setenta y tres’. Nerón, que solo tenía treinta años, obtuvo un gran consuelo de este oráculo. Resultaba obvio, como aseguró a sus amigos, que todavía le quedaban décadas de vida y buena fortuna por delante. No había nada de lo que preocuparse en lo más mínimo”.

La degradación de Nerón fue ya cuesta abajo. Ya habían transcurrido dos años desde la muerte de Popea Sabina, la emperatriz a la que asesinó cuando estaba embarazada, de una patada en el abdomen en pleno etilismo. Se había matrimoniado con Estatilia Mesalina, pero no era Popea, aunque sí era inteligente, ingeniosa y bien educada. Para substituir a Popea Sabina en su lecho imperial, había decidido buscarse un joven efebo, y lo había encontrado en un púber llamado Esporo, al cual castrarían los médicos del emperador, y así se pudiese parecer a su añorada Popea. Con este panorama de degradación y de perversión no es de extrañar que Víndex se levantase abiertamente contra el emperador, era el mes de marzo. En abril Galba hizo lo mismo. Pero él no estaba capacitado, psicológicamente, como para conducir un ejército, por lo que le le confió el mando de las tropas leales al procónsul de Britania, Petronio Turpiliano, quien reunió un importante número de legiones para ir contra Julio Víndex, que fue derrotado fácilmente y se suicidó. En vista del estado de cosas, el emperador acompañado del niño-Popea y de su liberto preferido Epafrodito se dirigió a su villa de recreo fuera de las murallas de Roma. Entonces, el Senado lo condenó a muerte como enemigo del pueblo, por lo que se suicidó cortándose el cuello. Este es uno de los muchos casos de emperadores romanos con un comportamiento estrafalario. El libro consta de dos partes, la primera titulada GUERRA y la segunda PAZ. Un importante grupo notas a pie de página sumamente esclarecedoras, mapas y una enjundiosa y completa bibliografía completan esta obra.

«La historia definitiva de los años de máximo esplendor de Roma. Durante mucho tiempo, la Pax Romana se ha venerado como una edad de oro. En su apogeo, el Imperio romano se extendía desde Escocia hasta Arabia, y en él vivía en torno a una cuarta parte de la humanidad. Era el Estado más rico y formidable que el mundo había visto hasta entonces. Pax narra la deslumbrante historia de una Roma en la cúspide de su poder, historia que comienza en el 69 d.C., cuando cuatro césares gobernaron el imperio en fugaz sucesión, y termina siete décadas más tarde, con la muerte de Adriano. Desde el brillo de la capital hasta los reinos allende las fronteras romanas, el célebre historiador Tom Holland retrata el imperio en todo su esplendor. Asistiremos absortos a un desfile de espectaculares e impactantes escenas, como la destrucción de Jerusalén y Pompeya, la construcción del Coliseo o las conquistas de Trajano. Holland hace que los romanos cobren vida ante nuestros ojos, desde el más humilde esclavo hasta el emperador, y muestra cómo la prosperidad de la paz romana se construyó también gracias al poder sin precedentes de las legiones. Un impresionante retrato de los días de gloria de Roma: esta- es la épica historia de la Pax Romana». ¡Muy interesante y esclarecedora obra sobre el SPQR! «Donec Bithynio libeat vigilare tyranno. ET. Dum spiro, spero».

Puedes comprar el libro en:

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios