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Vicente Aleixandre
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Vicente Aleixandre evoca recuerdos felices en "La hermanilla", un canto a la conexión fraternal

El poema "La hermanilla" de Vicente Aleixandre evoca la infancia del poeta junto a su hermana Conchita, destacando su alegría y audacia al jugar en el mar. A través de un lenguaje afectivo, se describe su conexión con la naturaleza y la nostalgia que genera recordar esos momentos felices.
Historia del corazón
Historia del corazón
La hermanilla
Tenía la naricilla respingona, y era menuda.
¡Cómo le gustaba correr por la arena! Y se metía
[en el agua,
y nunca se asustaba.
Flotaba allí como si aquél hubiera sido siempre su natural
[elemento
Como si las olas la hubieran acercado a la orilla, 5
trayéndola desde lejos, inocente en la espuma, con
[los ojos abiertos bajo la luz.
Rodaba luego con la onda sobre la arena y se reía,
[risa de niña en la risa del mar,
y se ponía de pie, mojada, pequeñísima,
como recién salida de las valvas de nácar,
y se adentraba en la tierra 10
como en préstamo de las olas.
¿Te acuerdas?
Cuéntame lo que hay allí en el fondo del mar.
Dime, dime, yo le pedía.
No recordaba nada. 15
Y riendo se metía otra vez en el agua
y se tendía sumisamente sobre las olas.

Vicente Aleixandre: Historia del corazón. (IV. La mirada
infantil). Madrid. Espasa-Calpe, 1954.

Apoyo léxico.

Versículo 1. Respingona. Dicho de la nariz, levantada hacia arriba. Menuda. Dicho de una persona, pequeña y delgada. Versículo 4. Natural elemento. Propio de la Naturaleza, y que no ha sido creado por el hombre; en este caso, el agua del mar. Versículo 9. Valvas de nácar. Cada una de las piezas duras y movibles que constituyen la concha de los moluscos, y cuyo interior está revestido por una sustancia dura, brillante y con reflejos irisados. Quizá al poeta le viniera a la mente el célebre cuadro de temática mitológica “El nacimiento de Venus”, del pintor renacentista Sandro Bottichelli. Versículo 17. Sumisamente. Con docilidad, de manera embelesada.

Referencias biográficas.

Aleixandre tuvo un hermano -Fernando-, que murió con apenas año y medio; y tres hermanas: Sofía -que no llegó a nacer-, Elvira -fallecida a los tres años de edad-, y Concepción [Conchita], nacida en 1899 y fallecida en diciembre de 1986, dos años después de la muerte del poeta. Se convirtió en la compañera inseparable de Aleixandre, y fue quien lo cuidó en su casa familiar “Velintonia”.

Recitación de Manuel López Castilleja.

https://www.youtube.com/watch?v=HgjzxQ6z_9M

RTVE. Entrevista a Aleixandre en el programa “Informe semanal”. 09-10-1977. Tiene gran interés documental.

https://www.youtube.com/watch?v=a5O20AWYXJM

El 9 de noviembre de 2025 publicamos en esta misma revista digital el artículo titulado “Explorando la humanidad en la poesía de Vicente Aleixandre: Del pesimismo a la conexión”. Apoyándonos en lecturas de obras de José Luis Cano, Concha Zardoya y Carlos Bousoño, así como en nuestras propias lecturas de su poesía -muy frecuentes desde la concesión del Premio Nobel-, comentábamos allí el poema “Mano entregada”, de Historia del corazón, lo que nos permitía detallar las dos etapas de la poesía alexandriana, la segunda de las cuales se inicia, precisamente, con esta luminosa obra. Se accede a dicho artículo en el siguiente enlace:

https://www.todoliteratura.es/noticia/61777/el-rincon-de-la-poesia/explorando-la-humanidad-en-la-poesia-de-vicente-aleixandre-del-pesimismo-a-la-conexion.html

Ahora volvemos a Aleixandre para presentar el comentario del poema “La hermanilla”, aunque no estaría de más, como prólogo, recordar lo que supone el cambio de perspectiva de la poesía de Aleixandre en esta segunda etapa que inicia Historia del corazón; una etapa centrada en “la consideración del vivir humano, la solidaridad con el esfuerzo y el drama de ese vivir, en su dimensión temporal e histórica”. La Naturaleza “deja de ser protagonista y se retira al fondo de la escena, volviendo a su viejo papel de paisaje, y dejando al hombre que se adelante a un primer plano y ocupe el papel de protagonista, de héroe”. (El entrecomillado reproduce texto de José Luis Cano). Poesía, pues, centrada en el hombre, poesía antropocéntrica, liberada ya del surrealismo y barroquismo, y que concluye con los libros de vejez: Poemas de la consumación (1968) -una reflexión lúcida sobre la ancianidad, con vuelta a las imágenes irracionales y surrealistas- y Diálogos del conocimiento (1974) un libro parecido al anterior, aunque con una técnica distinta (poemas dialogados y monólogos paralelos), y en el que diversos personajes hablan sobre la vida y el mundo, sin que el poeta tome postura personales.

Y en cuanto a Historia del corazón -escrito entre 1945 y 1953, y publicado por primera vez en 1954-el tema central del libro es el vivir humano, la realidad del día a día vista positivamente. Aquí Aleixandre retrata al hombre como ser consciente de su temporalidad (de ahí que incluya poemas a la infancia, juventud, madurez y senectud), y en él se aborda el amor como símbolo trascendido de solidaridad. Emplea fundamentalmente el versículo majestuoso, denso y penetrante; y escasas metáforas, fácilmente identificables, pues todo queda subordinado al deseo del poeta de que la poesía sea, sobre todo, “comunicación”.

El poema “La hermanilla” rebosa alegría de principio a fin: el poeta evoca recuerdos felices de su infancia malagueña junto a su “hermanilla” Conchita -adviértase que hasta el título del poema está cargado de afectividad, con un diminutivo que rezuma amor fraternal-; en este caso, los juegos de Concepción con las olas del Mediterráneo, captados con una técnica que, por momentos, tiene mucho de cinematográfica. Y, por eso, el poeta desarrolla a lo largo del poema un campo semántico cuyo léxico está seleccionado entre vocablos que se inscriben en el ámbito conceptual de una playa: arena (versículos 2 y 7), agua (versículos 2 y 16), olas (versículos 5, 11 y 17), orilla (versículo 5)/tierra (versículo 10), espuma (versículo (6), onda (versículo 7), mar (versículo 7)/fondo del mar (versículo 13), valvas de nácar (versículo 9).

Versículos amplios, sí, que alcanzan hasta las 27 sílabas (el 5: “trayéndola desde lejos, inocente en la espuma, con los ojos abiertos bajo la luz” -terminado en palabra aguda-) o las 28 (el 7:

Rodaba luego con la onda sobre la arena y se reía, risa de niña en la risa del mar” -también terminado en palabra aguda-); o que se adelgaza hasta las 3 sílabas: “Te acuerdas?” (versículo 12); y, en cualquier caso, manteniendo la esticomitia que hace coincidir la unidad sintáctica y la unidad métrica (todos los versículos salvo los dos últimos -unidos por la conjunción “y” se cierran con un signo de puntuación, ya sea punto, coma o signo de interrogación (caso del versículo 12: “¿Te acuerdas?”. Y, por supuesto, versículos carentes de rima, como corresponde al versolibrismo.

Esta “estructura métrica” está profundamente ligada a la estructura sintáctica del poema. Los nexos subordinativos no están presentes en el poema, salvo en determinados versículos, y, en concreto, en los que figura la locución conjuntiva “como si”, que sirve para introducir una oración subordinada modal o comparativa hipotética con verbo en [pretérito pluscuamperfecto de] subjuntivo: “Flotaba allí como si aquel hubiera sido siempre su natural elemento. / Como si las olas la hubieran acercado a la orilla…” (versículos 4-5). Las oraciones se ligan, mayoritariamente, de forma asindética, por yuxtaposición; y esta “parataxis” viene perfectamente señalada por unos signos de puntuación que cierran los versículos; o bien mediante la conjunción copulativa “y” con valor sumativo, ya sea en interior de versículo (1: “Tenía la naricilla respingona, y era menuda”; 2: “¡Cómo le gustaba correr por la arena! Y se metía en el agua”, 7: “Rodaba luego por la onda sobre la arena, y se reía, risa de niña en la risa del mar”); ya sea al principio de versículo (3: “y nunca se asustaba”; 8: “y se ponía de pie, mojada, pequeñísima”; 10: “y se adentraba en la tierra”; 16: “Y riendo se metía otra vez en el agua”; 17: “y se tendía sumisamente sobre las olas”).

Hay, pues, una estrecha relación entre los amplios versículos esticomíticos y el tipo de sintaxis elegida para conferir al poema el ritmo necesario, que se retarda en aquellos versículos en los que se establecen comparaciones, con carácter subordinativo (versículos 4 y 5: “como si”+subjuntivo) o no, porque la palabra “como” actúa simplemente en calidad de adverbio comparativo de modo (versículos 8-11: “y se ponía de pie, mojada, pequeñísima, / como recién salida de las valvas de nácar, / y se adentraba en la tierra / como en préstamo de las olas”). Otras veces el ritmo se ralentiza por la presencia de parejas de adjetivos (versículo 1: “Tenía la naricilla respingona, y era menuda”; versículo 8: “y se ponía de pie, mojada, pequeñísima”); por construcciones paralelísticas (versículo 7: “… y se reía, risa de niña en la risa del mar”; o por la combinación de reiteración léxica (versículo 14: “Dime, dime...”), gerundio (versículo 16: “Y riendo…”), locución adverbial de reiteración (versículo 16: “otra vez”) y adverbio en -mente (versículo 17: “y se tendía sumisamente…”). Lo cual puede comprobarse con la lectura en voz alta de los cuatro últimos versículos: el ritmo “narrativo” es bastante lento, aun cuando haya disminuido la extensión de los versículos (entre paréntesis, el número de sílabas):

Dime, dime, yo le pedía. (9)
No recordaba nada. (7)
Y riendo se metía otra vez en el agua (14)
y se tendía sumisamente sobre las olas. (14)

Centrémonos ahora en la forma en que Aleixandre describe a su “hermanilla”, aprovechando sus juegos en el mar, mecida por las olas, o en la orilla, en la espuma que se forma sobre la arena. Su capacidad evocadora es tal, que incluso puede despertar en el lector sensaciones melancólicas vinculadas a sus propios recuerdos infantiles.

A Conchita la presenta el poeta con unos pocos y certeros adjetivos relativos a su aspecto físico, y que se refieren a su nariz -“respingona”-, y también a su estatura -“menuda”- (versículo 1)-, -“pequeñísima”- (versículo 8); y podemos reparar en su mirada luminosa (versículo 6: “con los ojos abierto bajo la luz”) y en su piel brillante (versículo 9: “como recién salida de las valvas de nácar”); pero es a través de sus acciones como Aleixandre exterioriza algunos de los rasgos de la incipiente personalidad de su “hermanita”: no era miedosa a la hora de entrar en el mar, sino audaz y juguetona (versículos 2 y 3), y se encontraba “como pez en el agua” (versículo 4), como si surgiera de las profundidades marinas, salida del interior de una irisada concha (versículos 5-6, 9 y 13) -y de ahí que el poeta le pregunte qué hay en el fondo del mar (versículo 14)-; inocente y llena de vitalidad (versículos 4-6); risueña, con un semblante siempre alegre (versículos 7 y 16); y disfrutaba “haciendo la plancha”, flotando de espaldas sobre las olas (versículo 17). Todo lo cual lo expresa Aleixandre con un actitud de emocionada contemplación y en un lenguaje altamente afectivo.

El tiempo verbal, salvo en los versos 12-14, en los que el poeta se dirige a su “hermanilla”, es el pretérito imperfecto de indicativo, que le permite crear una atmósfera de ensoñación en un escenario intemporal que genera una sensación de continuidad en el espacio poético, alejando los hechos de la realidad inmediata; y nada de extraño tiene, pues, que un tono nostálgico se difunda por todo el texto y termine contagiando al lector: tenía, le gustaba, se metía, (nunca) se asustaba, flotaba, rodaba, se reía, se ponía (de pie), se adentraba, se tendía (adviértase la construcción pronominal de la mayoría de estos verbos). Sin embargo, en el segundo agrupamiento estrófico, la voz del poeta implica un cambio temporal, al recurrir al presente de indicativo (”¿Te acuerdas?”, versículo 12, el más corto del poema) y al presente de imperativo (”·Cuéntame”, versículo 13; Dime, dime”, versículo 14, en el que, tras el presente de imperativo, se retoma el imperfecto de indicativo, en un inciso que indica quién está hablando, volviendo a situar el texto en un pasado cuyas acciones están en pleno desarrollo: “yo le pedía”). Este uso estilístico de los tiempos verbales coadyuva a crear un clima de extraordinario lirismo, que quizá alcanza el clímax poético en el versículo 7-9: “Rodaba luego con la onda sobre la arena y se reía, risa de niña en la risa del mar, / y se ponía de pie, mojada, pequeñísima, / como recién salida de las valvas de nácar”.

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