“Canciones para terminar”, de García Lorca, IIDe “Canciones para terminar” ofrecemos comentados los poemas [Agua, ¿dónde vas?]” -que es el primer verso-, y el titulado “El espejo engañoso”.
[Agua, ¿dónde vas?]
Agua, ¿dónde vas?
Riyendo voy por el río
a las orillas del mar. Mar, ¿adónde vas?
Río arriba voy buscando 5
fuente donde descansar. Chopo, y tú ¿qué harás?
No quiero decirte nada.
Yo..., ¡temblar! ¿Qué deseo, qué no deseo, 10
por el río y por la mar? (Cuatro pájaros sin rumbo
en el alto chopo están.) Federico García Lorca: Canciones.Granada, Editorial Comares, 1998.
Pocos poetas -quizá ninguno- han sentido como García Lorca la atracción por el agua en todas sus manifestaciones posibles: acequia, alberca, aljibe, cascada, estanque, fuente, lago, manantial, mar, noria, orilla, pozo, ribera, río, surtidor… “Si alguna imagen quisiéramos dar de él -decía Luis Cernuda- sería de la un río, siempre era el mismo y siempre era distinto, fluyendo inagotable, llevando a su obra la cambiante memoria del mundo que él adoraba. Su poesía es libre y espontánea como una fuerza natural, como un árbol o una nube, también misteriosa como la de ellos.” (cf. Prosa completa. Barcelona, Barral editores, 1975). El poema está montado en forma de diálogo entre el poeta y el agua, y está formado por 13 versos heterométricos distribuidos en cinco dísticos (versos 2-3, 5-6, 8-9, 10-11 y 12-13), a los que hay que añadir tres versos hexasílabos (1, 4, 7) que la tipografía deja aislados, pero que “se encadenan” a los tres primeros dísticos gracias a la rima asonante aguda /á/. Por otra parte, esta misma rima se mantiene en los versos 3, 6, 9, 11 y 13, lo que confiere al poema una gran musicalidad, debido a la mayor perceptibilidad acústica del fonema /a/; Y el resto de los versos quedan libres (verso 2: /ío/; verso 5: /á-o/; verso 8: /á-a/; verso 10: /é-o/; verso 12: /ú-o/. El esquema de sílabas de los versos (un hexasílabo seguido de dos octosílabos) se mantiene hasta el verso 8; sin embargo, el verso 9 es un tetrasílabo, con puntuación y entonación diferenciada, lo que el poeta quiere remarcar (“Yo..., ¡temblar!”); y el verso 10 es un eneasílabo, con una doble pregunta en cierto modo contradictoria (“¿Qué deseo?, ¿qué no deseo…?”), una duda que también quiere el poeta destacar. Los tres versos restantes son octosílabos (11, 12 y 13). Todo este material fónico -cuantitativo y tímbrico- produce unos innegables efectos musicales que ayudan a crear la sensación de agua en movimiento. En la simbología lorquiana, el agua, cuando corre, es símbolo de vitalidad, causa la impresión psíquica de libertad (mientras que estancada, lo que no es el caso, representa la muerte). El poema se inicia con la pregunta del poeta al agua -en vocativo- hacia dónde se dirige (verso 1: “Agua, ¿dónde vas?”); y en el dístico siguiente obtiene la contestación (versos 2-3: “Riyendo voy por el río / a las orillas del mar”); una respuesta nada original, ya que el mar es la desembocadura natural de los ríos; si embargo, el poeta ha querido introducir la idea de un agua que produce un sonido suave y agradable al oído -en una palabra: “cantarina”-, y para ello ha empleado la forma popular “riyendo”, una forma gramaticalmente incorrecta (porque el gerundio del verbo reír es “riendo”, pero estilísticamente válida. Y mediante una concatenación, el poeta le pregunta ahora al mar -en vocativo- hacia adónde se dirige (verso 4: “Mar, ¿adónde vas?”; el cambio del anterior adverbio interrogativo “dónde” por“adónde” tiene una finalidad métrica -para lograr un hexasílabo-, ya que dónde/adónde son intercambiables, aunque en el caso de “adónde” sintamos acentuada la idea de la dirección del movimiento). Y la respuesta del río es algo ambigua: pretende ir contracorriente, en busca de una fuente en cuyo vaso pueda remansarse (versos 5-6: “Río arriba voy buscando / fuente donde descansar”; “arriba” es un adverbio que, al ir detrás de un nombre que designa algo que avanza hacia su final, indica el sentido contrario a ese avance; y “donde” es ahora un adverbio relativo que tiene como antecedente el nombre “fuente”). Una tercera interpelación por parte del poeta tiene lugar, ahora dirigiéndose al “chopo” -en vocativo, pero además con la mención explícita del “tú” pronominal-, en relación con sus expectativas futuras: “Chopo, y tú ¿qué harás?” (verso 7). Pero en principio rehúsa responder: “No quiero decirte nada” (verso 8). Y, en esta ocasión, es el poeta quien mantiene abierto el diálogo con el “chopo” -en el único verso tetrasílabo de todo el poema-: “Yo..., ¡temblar!” (verso 9). Tras la vacilación de los puntos suspensivos (“Yo...”), surge un infinitivo que asume un papel interjectivo, al que contribuye la entonación exclamativa (“¡temblar!”). En realidad, el poeta está asumiendo el temblor del chopo, árbol frecuente en las orillas de los ríos, cuando el viento mueve sus hojas que se tornan plateadas. En el dístico siguiente, el poeta, en primera persona, expresa sus dudas existenciales (verso 10 -único eneasílabo del poema: “¿Qué deseo, qué no deseo”), y el agua, sea río o sea mar (verso 11), le sirve de confidente, por lo que el título del poema queda sobradamente justificado: “Agua, ¿dónde vas?”. Es el incierto destino del poeta, en busca de su propia identidad, como el de esos cuatro pájaros “sin rumbo”, que están posados en lo alto del chopo (versos 12 y 13), en una parada en su errático vuelo. Versiones musicales. Enrique Truan, tenor. Grabación efectuada el 8 de noviembre de 2008 en la Iglesia del Corpus Christi de Miami. https://www.youtube.com/watch?v=esOEcmLIlPs
José Mercé. (Del disco “Lorca vivo”). https://www.youtube.com/watch?v=fuzZSDwZFmQ
Vicente Monera. https://www.youtube.com/watch?v=ySaCSlshQ_o Billy Boom Band. (Del disco “Lorca POP”). https://www.youtube.com/watch?v=PTtHnWkcFgc Tijeras, Eduardo: “Hacia García Lorca por las imágenes del agua”. Cuadernos Hispanoamericanos, núms. 433-434, 1986, págs. 89-102. http://www.cervantesvirtual.com/obra/hacia-garcia-lorca-por-las-imagenes-del-agua/
El espejo engañoso
Verde rama exenta
de ritmo y de pájaro. Eco de sollozo
sin dolor ni labio. Hombre y Bosque. 5 Lloro
frente al mar amargo. ¡Hay en mis pupilas dos mares cantando!
En este poema aparece el simbolismo del espejo, que proyecta la realidad vivida -con su dosis de apariencia engañosa y también de fatalidad-, representada, en este caso, por los ojos del poeta.
El poema se divide en tres agrupaciones de versos: 6-6/6-6-4/2-6-6-6. Hay, pues, un claro predominio del hexasílabo, con un pie quebrado al final de la segunda estrofa y otro al comienzo de la tercera. En cuanto a rimas, hay dos tipos de asonancia: /á-o/ en los versos 2, 4, 7 y 9; /ó-o/ en los versos 3 y 6; y el resto de los versos quedan sueltos (verso 1: /é-a/; verso 5: /ó-e/; verso 8: /í-a/). Hay, además, en este poema -con apariencia de haiku, salvadas las distancias- varios aspectos fónicos que conviene recalcar: la aliteración del fonema /o/ en el verso 3, que hace más intenso el “eco de sollozo”; un “sollozo” convertido en “lloro” -ya en los ojos del poeta- en el verso 6; la rima interna /ó-e/ del verso 5 (“Hombre y Bosque”); y la extraordinaria combinación de palabras del verso 7, con acentos en las sílabas 3 y 5 (“frente al mar amargo”), que nos recuerda el célebre verso de Góngora (de la Fábula de Polifemo y Galatea) “infame turba de nocturnas aves”. En el poema, más que una contraposición poeta/naturaleza, lo que hay es una correlación: “Hombre y Bosque” (verso 5, con los nombres que llevan letra inicial mayúscula, por lo que García Lorca llama la atención sobre ellos). Y esta correlación culmina en los versos 6-7: “Lloro / frente al mar amargo”; un mar de amargura que refleja su espejo el dolorido estado anímico del poeta. En el primer dístico observamos la “verde rama” de un árbol del bosque sin que en ella se pose pájaro alguno; es un rama, además, “sin ritmo”, es decir, sin pulso vital, lo que induce a pensar que el adjetivo “verde” está simbólicamente cargado de connotaciones lúgubres, lo que, por otra parte, es frecuente en García Lorca. En los versos 3-5, el yo poético (“Hombre”) y la naturaleza (“Bosque”) se funden en un estremecimiento dolorido, incapaz de expresarse con palabras (y, en este sentido, el verso 4 contiene una aparenten paradoja: “sin dolor ni labio”). Y en los tres versos finales, el poeta, ya en primera persona (verso 6: “Lloro”), abandona el lamento contenido para pasar al llanto amargo que el mar, a modo de espejo, refleja (verso 7: “frente al mar amargo”); y ahí están sus dos ojos empapados de lágrimas: “¡Hay en mis pupilas / dos mares cantando!” (versos 8-9 que conforman una oración de tonalidad exclamativa; y esa es la triste “canción” que entona el poeta, colocado ante su propio espejo). Puedes comprar el libro en:
Noticias relacionadas+ 0 comentarios
|
|
|