Mi felicitación al autor, a priori y sin ambages, por esta novela histórica, sobre un personaje del que se conocen solo retazos, y que como indica el subtítulo, sumamente acertado, fue el púnico o cartaginés que salvó a Roma de la derrota absoluta frente a su patria, a la que traicionó sin el más mínimo rubor, por sus más que viles intereses económicos. Su familia incardinada dentro de la oligarquía aristocrática cartaginesa, con él como cabeza visible, sería el caballo de Troya del SPQR en la propia urbe tiria, Cartago/Khartago/Qart Hadash/La Nueva Ciudad, apoyándose en La Balanza/Senado de Cartago, para ir en contra de la Asamblea del Pueblo que apoyaba a la burguesía comercial y mercantil y al pueblo de Cartago. Siempre enfrentado y traicionando a la familia de los Barca dirigida por Amílcar, y por sus hijos y cuñados: Aníbal (casado con la princesa Imilce de Cástulo), Asdrúbal “el Joven”, Magón, Bomílcar (sufete casado con la Hija Mayor. Madre de Hannón el Joven), el príncipe númida Naravas (casado con la hija pequeña. En la ficción de Flaubert llamada Salambó) y Asdrúbal Janto o “el Bello” (casado con la segundogénita). Se le define como “el Grande” por su acusada personalidad, aunque haya sido para el egoísmo traidor más paradigmático. Siempre consideró que ir a Iberia era un error, y que las aventuras económicas se deberían realizar únicamente en África, y, estuvo informando, de continuo, a Roma acerca de los proyectos económico-comerciales, y de expansión bélica de los Barca, sobre todo de su gran enemigo Amílcar Barca al que envidiaba solemnemente. Portada elegante, y estilo narrativo muy brillante. Cartago situada en el norte de África sería una fundación habitual de los fenicios de Tiro, y según la mitología notoria sería creada ex novo por la princesa tiria Dido/Elishat/la Errante, hacia finales del siglo IX a. C. Cartago fue una poderosa, cosmopolita y pujante república comercial, donde se utilizaba el griego como lingua franca, además del púnico. Su nombre proviene de la túnica púrpura con que se vestían. Casi un siglo y medio después ocuparán las Baleares, y luego en función de su necesaria evolución comercial llegarán a Sicilia y Cerdeña, y con la ayuda con los tirsenos o etruscos serán capaces de expulsar a los griegos de la isla de Córcega. “De esta manera, controlaron la totalidad del comercio y la navegación en el Mediterráneo occidental y poseyeron numerosos territorios tanto en el interior como en el exterior de África: Mauritania, Numidia y también en Iberia, el sur de la Galia, Sicilia, Cerdeña y el sur de Italia. Cartago se había convertido en la mayor potencia comercial: controlaba todo el comercio del Mediterráneo por medio de una poderosa flota militar que protegía sus rutas comerciales y a sus barcos mercantes. Cartago contaba con un territorio de alrededor de setenta y tres mil kilómetros cuadrados y una población de cerca de cuatro millones de habitantes”. Todo va a cambiar, de forma inesperada y trágica, ya que una nueva potencia se ha ido desarrollando hasta límites insospechados, y sus ciudadanos tienen una mucho mejor cohesión que la que existe en Cartago, se llama Roma y ya ha evolucionado lo suficiente como para entrar en conflicto con los púnicos. Por lo tanto, el primer conflicto bélico se producirá en el año 264 a.C., dando origen a lo que la historiografía romana ha definido como Primera Guerra Púnica, que tendrá una trágica duración de veintitrés años. Cuando llegue a su final ambas civilizaciones están agotadas, pero los africanos lo están pasando peor. El armisticio será un desastre para los cartagineses, ya que su comercio ha sufrido en demasía. Cartago será considerada la derrotada, pagará una ingente cantidad de dinero, y perderá sus posesiones en Sicilia y en Cerdeña. Está será la causa por la que se debe dirigir hasta tierras ibéricas para anegar bienes suficientes como para poder equilibrar su comercio, y, además, estar en condiciones de pagar los dineros de la derrota a la voracidad del SPQR. Un hombre nunca aceptó esta derrota, y comenzó ya a distanciarse moral y políticamente de su metrópoli y, sobre todo, del Senado o los Ciento Cuatro o la Balanza, que consideraba se habían rendido sin ninguna razón, que ya no defendían los intereses de la burguesía comercial y del pueblo cartaginés, que eran los mayoritarios, y únicamente apoyaban a la oligarquía agraria africanista, cuyo líder era el citado Hannón “el Grande”. La novela narra el enfrentamiento primeramente contra Amílcar Barca, y tras la muerte de este en la batalla de Heliké, en Iberia, ya estará en contra de los intereses de Asdrúbal Janto. Cuando este sea asesinado se enfrentará, sin ambages, contra el heredero Aníbal “el Grande” al que zancadilleará siempre que le sea posible y en todo momento y condición, colocándose en la defensa espuria de los intereses de Roma contra su propia patria. Los movimientos que realiza siempre irán en la dirección equivocada a los intereses de su metrópoli y a favor de los romanos. También asistimos a varios momentos clave de la Segunda Guerra Púnica, los cuales nos permiten introducirnos en la misma guerra, que fue un ejemplo paradigmático de la mejor estrategia desarrollada por Aníbal Barca, y cuyo colofón inconmensurable sería el de la batalla de Cannas. Hannón “el Grande” no tiene más interés que su propia egolatría oligárquica africanista. Se cree que nació hacia el año 280 a.C., y sí es verdad que sus conquistas en el norte africano enriquecieron a la Balanza púnica. “Al inicio de la guerra contra Roma, Hannón “el Grande” fue designado por el Senado cartaginés como el comandante supremo del ejército, pero Cartago no se había preocupado de renovar su flota, gobernada como estaba por la facción de la aristocracia agrícola, por lo que se intentó que las batallas se dirimieran en tierra. En vista de que el resultado no era el esperado por Cartago, el Senado cartaginés envió al general Amílcar, perteneciente a una aristocrática familia, enfrentada a la facción encabezada por Hannón “el Grande”, en apoyo de este”. Por el contrario, la agilidad mental de los políticos y de los armadores de Roma llegaron a la convicción de que la guerra se resolvería en el mar, la flota ya iba a ser importante, y construyendo la susodicha consiguieron vencer en la guerra. Estamos en el año de 241 a.C., y el Tratado de Lutacio pone fin a ese pavoroso enfrentamiento bélico entre Roma y Cartago. Tras la derrota, los mercenarios exigen cobrar lo adeudado, y Hannón se niega, por lo que la Guerra Inexpiable conllevará un nuevo baño de sangre para la metrópoli, y una ruina económica inevitable. “Hannón “el Grande”, en vista de que el Senado cartaginés estaba totalmente controlado por los partidarios de Amílcar, envió una embajada a Roma, quejándose de la actuación de Amílcar, diciendo que no cumplía con las condiciones impuestas en el tratado de paz que había puesto fin a la guerra con Roma. El Senado romano envió una delegación encabezada por un par de senadores para investigar las acusaciones que había hecho Hannón “el Grande”, quedando muy impresionados por los éxitos de Amílcar, y recordando a este que seguía en vigor el tratado firmado al acabar la guerra con Roma, por el que se salvaguardaban Denia y otras colonias marsellesas y griegas aliadas de Roma”. El libro presenta un capítulo dedicado a los personajes incluidos en la novela-histórica, los inventados o heterodoxos y los ortodoxos o históricos; todos ellos con un texto explicativo sobre su idiosincrasia y su rol en la obra. Asimismo, incluye un glosario de términos, más que esclarecedor. Las vidas sincréticas entre los diversos personajes de la narración, citando a Ajax, Albano, Alda, Anthousa y Aníbal Barca nos introducen en los comportamientos intelectuales y pasionales de los actores del conflicto contra Roma. En la realidad histórica, la familia Barca siempre demostró una ética diferente a la media, y sus valores morales siempre estuvieron en el culmen del cumplimiento de sus compromisos. «En la antigua Cartago, donde las olas del Mediterráneo acarician las costas africanas, nació un imperio de comercio y poder. Pero cuando Roma se alzó en el horizonte, la Primera Guerra Púnica desató una lucha feroz que dejó a Cartago en ruinas. En el corazón de esta historia épica se encuentra Hannón “el Grande”, líder de la aristocracia cartaginesa. A medida que la guerra se cierne sobre ellos, el general Amílcar Barca emerge como un héroe improbable. La Guerra de los Mercenarios amenaza con destruir Cartago, y Amílcar se convierte en su salvador despiadado. Las vidas entrelazadas de Ajax, Albano, Alda, Anthousa, Aníbal Barca y muchos más revelarán los secretos, pasiones y lealtades en medio del conflicto. Hannón el Grande nos transporta a la Segunda Guerra Púnica, donde la rivalidad entre Cartago y Roma alcanza su punto culminante. Descubre como la historia cobra vida en esta nueva emocionante novela de José Luis Sánchez Iglesias». En suma. Una hipotiposis narrativa, que nos acerca a un personaje esencial en la guerra entre Roma y Cartago, que ya no será un desconocido. ¡Magnífica obra literaria! «Quam diu etiam iste furor tuus eludet nos? ET. Labor omnia vincit». Puedes comprar el libro en:
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