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"Entre fenicios y visigodos", de Jaime Alvar Ezquerra

La Esfera de los Libros. 2024
martes 28 de abril de 2026, 22:21h
Entre fenicios y visigodos
Entre fenicios y visigodos

Estamos ante un libro de referencia editorial indubitable, ya que los fenicios y los visigodos fueron dos de los pueblos más importantes para la conformación de la identidad hispánica. Además, los diversos historiadores forman parte de lo más granado de la historiografía española. Por consiguiente, para comenzar, mi felicitación primigenia y sin ambages a La Esfera de los Libros.

La Península Ibérica fue un lugar geográfico excepcional para que las grandes potencias de la Antigüedad pudiesen disputar su hegemonía, y las más paradigmáticas fueron Roma y Cartago. Para poder explicar, con toda nitidez, toda la evolución de la Historia Antigua en Iberia y en Hispania, es preciso tener un conocimiento certero sobre que pueblos habitaban en estas tierras, y, sobre todo, la repercusión que tuvieron ambos imperios entre los hispanos. Y, cual fue la causa por la que cuando los indígenas se hicieron visibles para la historia lo fuese, y estriba en que fueron las grandes civilizaciones griega, romana o cartaginesa las que las dieron a conocer.

Antes de su llegada al Mediterráneo occidental, los navegantes griegos frecuentaban una región situada al este del Mar Negro y al sur del Cáucaso, en la actual Georgia, rica en minerales, a la que denominaban Iberia, a partir del nombre del río que la atravesaba, el Iber. Las analogías paisajísticas o de materias primas animó a los helenos a darle ese mismo nombre a la tierra que los fenicios llamaban de una manera que terminaría dando lugar en época romana al nombre de Hispania. Conforme fue progresando el conocimiento del territorio peninsular, el nombre de Iberia fue abarcando cada vez a más pueblos indígenas, independientemente de su origen étnico, su lengua, su cultura o cualquier otro rasgo distintivo. Por ello, para los griegos, los íberos son los habitantes de Iberia y no necesariamente los pueblos asentados en las proximidades del Mediterráneo, entre los que los autores antiguos distinguían diferentes pueblos, cuya etnonimia es bien conocida, aunque sus límites territoriales no sean suficientemente precisos para nosotros”.

Los íberos conforman un conjunto de comunidades, que llegan a consolidarse en auténticas estructuras estatales. Sí es verdad que sus formas tan complejas de gobierno se vieron interrumpidas en su evolución, perdiendo su independencia política, porque en el territorio de Iberia se produjeron los enfrentamientos entre Roma y Cartago, lo que los historiadores prorromanos de forma sesgada han denominado como Guerras Púnicas. Su riqueza productiva tenía una relación directa con la agricultura y con la ganadería. Son, por consiguiente, sociedades agrarias, que, asimismo, presentan otras más pequeñas fuentes de riqueza, como la minería, la pesca y la caza. Hacia el año 237 a.C., los cartagineses deben incrementar sus ingresos económicos, con la finalidad de poder recobrar su destruida economía, ya que Roma ha puesto una millonaria prestación-sanción económica como castigo espurio a la metrópoli africana tras su pseudo o, cuanto menos, discutible derrota en la Primera Guerra Púnica.

La antigua ciudad fenicia de Gadir, dotada de un excelente puerto, adornada por renombrados templos, disponía de un atractivo recinto urbano. Dominaba una rica zona de cultivos y de pesca, era destino de las codiciadas materias primas de una ubérrima región -especialmente por los metales preciosos que allí llegaban-, punto de penetración y salida de múltiples intercambios de mercancías y de corrientes humanas que hacían de la región tartésica/turdetana una zona altamente frecuentada por comerciantes de todo el Mediterráneo. Además, acogía en su seno una variada gama de talleres y factorías, y era, en fin, uno de los enclaves marítimos más importantes de Occidente. Aquí desarrollaba Amílcar una febril actividad diplomática y militar encaminada a fomentar la influencia púnica en la zona”.

El ejército púnico-cartaginés de Amílcar Barca opera, ya, de forma regular en la zona, y la ciudad fenicia de Cádiz será el punto de partida para las próximas campañas militares en Iberia. Tal como era habitual entre los cartagineses, que eran los comerciantes por antonomasia de la Europa mediterránea del momento, ya están realizando pactos de amistad con esos pueblos ibéricos, para así poder crear una base de pactos que puedan servir para un futuro que se antoja ya necesario de un enfrentamiento reivindicativo contra Roma. Con la habitual inteligencia de la familia Barca, el paterfamilias Amílcar creará una nueva ciudad denominada por el historiador griego Diodoro como Akra Leuke, que se estima puede corresponder a Alicante o a la Lucentum latina. Esta nueva situación llega a Roma, y el Senado comienza a preocuparse claramente. La habitual inteligencia Barca planteó una serie de alianzas con los régulos de la zona, casándose con sus hijas, por ejemplo, Asdrúbal Janto lo haría con una mujer de las tierras próximas a la futura Cartagena, pero, quien realmente realizó una boda conspicua sería Aníbal Barca “el Grande”, el primogénito varón de Amílcar, que lo hizo con una princesa de Cástulo, cerca de la actual ciudad giennense de Linares, y llamada Himilce, el matrimonio tendría un hijo llamado Aspar. En el año 231 a.C., Roma envía una embajada a Iberia para pedir explicaciones al Barca sobre las razones de su estancia en Iberia, hecho que sería considerado por los púnicos como una intolerable intromisión. El historiador Dión Casio nos refiere la inteligente e irónica respuesta dada por Amílcar a los embajadores del Senado del SPQR/Senatus Populusque Romanus.

Durante el consulado de Marco Pomponio y de Cayo Papirio los romanos mandaron embajadores para hacerse una idea de las operaciones de Amílcar, aunque ellos no tenían intereses en Hispania. Amílcar les tributó los debidos honores y proporcionó convincentes explicaciones, declarando, entre otras cosas, que realizaba la guerra contra los hispanos sólo por razones de fuerza mayor, a fin de que los cartagineses pudieran satisfacer las deudas aún pendientes con Roma… Así los enviados romanos no pudieron formular ningún reproche”. Esto es lo referido a los fenicios. A continuación, me voy a aproximar a los visigodos o godos del oeste. Cuando los germanos llegan a la Hispania del primer Medioevo, no existe un cambio sustancial en la sociología y la política del mundo hispanorromano, ya que el rechazo de las etnias hispánicas hacia los visigodos fue tan grande, que les impidieron que consiguiesen ser asimilados. “Ni siquiera se percibe cohesión entre la oligarquía militar visigoda y la aristocracia senatorial hispanorromana, aunque ambas comparten los mismos intereses y poseen idénticas fuentes de riqueza”.

En el siglo V d.C., existen grupos sociales antagónicos en Hispania, por lo que la élite gobernante de la nobleza goda se va a difuminar dentro de los grupos sociales godos e hispanos de la misma categoría; pero, lo que no se corrige, sino que se agrava, es que existe una polarización social entre una aristocracia latifundista y un campesino dependiente. “LOS GRUPOS SON: Uno es el de los honestiores, entre los que se incluyen la aristocracia hispanorromana y la visigoda, los grandes propietarios rurales, los negotiatores y los miembros de la alta jerarquía eclesiástica. Las fuentes visigodas aluden a este grupo con términos como magnates, optimates, primates maiores loci, etc. El segundo grupo, los humiliores, poseía un carácter heterogéneo desde el punto de vista económico y jurídico, pues en él se incluyen la población urbana y la rural, desde los pequeños campesinos y comerciantes libres hasta jornaleros y otros trabajadores agrícolas con diferentes estatutos jurídicos que regulan su dependencia hacia el patrono”.

El libro presenta una importante y ricamente esclarecedora bibliografía, desde las necesarias fuentes hasta una bibliografía absolutamente completa. «La apasionante historia antigua de la Península Ibérica en un solo volumen. Escrita por el mejor elenco de historiadores y arqueólogos situados a la vanguardia de la investigación histórica de nuestro país. Entre fenicios y visigodos está llamado a convertirse en el gran clásico de nuestra historia antigua. Una visión única y completa de las civilizaciones y pueblos que protagonizaron el pasado remoto. Desde los celtas y los íberos a la caída del Imperio romano, desde Gerión a Leovigildo, los capítulos que componen este libro -escrito por los mejores especialistas de nuestro país- nos redescubren los fascinantes cambios experimentados en los albores de la historia. Los autores nos acercan a las realidades políticas, religiosas, económicas, culturales, militares y de la vida cotidiana más destacada mientras los grandes personajes de la historia desfilan por sus páginas: Argantonio, Aníbal, César, Trajano, Teodosio…».

¡Libro importante y eximio para cualquier nivel intelectual interesado en la Hispania Antigua y visigoda! «Cuiusvis hominis est errare: Nullius nisi insipientis, perseverare in errore. ET. Hamilcar puerulo me, utpote non amplius VIIII annos nato, in Hispaniam imperator proficiscens Carthagine, Iovi Optimo Maximo hostias immolavit».

Autores: Antonio Alvar; Pedro Barceló; José María Blázquez; Juan Manuel Cortés; Juan José Ferrer; Pedro López-Barja; Francisco Marco; Mar Marcos; Clelia Martínez; Domingo Plácido; José Manuel Roldán; Javier Sanz; Gabriel Sopeña; Fernando Wulff.

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