Una nueva novela histórica, y como la mayoría de lo que se escribe en Hispania es estupenda, ya que, cumple el 65-35% que un servidor exige a estas obras de historia que completan, perfecta y de forma fehaciente, a la Historia sensu stricto, porque sin la novela no se conocerían muchos hechos esenciales sobre la Historia narrada. En suma, desde mi documentado entendimiento como historiador, estimo que son esenciales las novelas-históricas. La de hoy es sobresaliente y magistral, y, es prístino que el personaje lo merece. Esta obra obtuvo el Premio de Narrativas Históricas del año 2024. En esta obra se reivindica la vida novelada, con un soporte histórico obvio, estando muy documentada la figura de la esclava y soberana Elia Gala Placidia. Ella fue la hija conspicua del emperador romano nacido en Coca, Teodosio I “el Grande”. La novela histórica se va desgranando a través de las voces narrativas de dos personajes femeninos. En realidad, será la valetudinaria liberta Helpidia la que se encargue de referir la historia enjundiosa de Gala Placidia a Maia, que es una joven esclava. Será, por consiguiente, por ello por lo que esta narración sobre la gran soberana será pasada a las tablillas para que quede constancia para la posteridad. El autor nos presenta un texto esclarecedor por antonomasia de Marco Tulio Cicerón: “¿Qué es, en efecto, la vida de un hombre si no se une a la de sus antepasados mediante el recuerdo de los hechos antiguos?”. Élia Gala Placidia/Aelia Galla Placidia nació en Constantinopla entre los años 388 y 393, y fallecería en Roma el 27 de noviembre de 450. Su madre sería la segunda esposa, Gala, del ya citado emperador Teodosio I. Sus medios hermanos serían los emperadores Arcadio y Honorio. Se casaría con el visigodo Ataulfo, asesinado en Barcelona, y con el emperador Constancio III, para finalizar siendo pareja de Euquerio, y sería la consejera áulica del emperador e hijo Valentiniano III. A continuación, pondré un texto de este libro que servirá para ejemplificar la forma elegante de narrar del autor, licenciado en Historia del Arte: “Este relato no tiene su comienzo allá en Constantinopla, ‘la nueva Roma’, como a tantos gusta nombrarla; la ciudad que vio nacer a Gala bajo los techos de un suntuoso palacio imperial de paredes decoradas con bellos frescos pintados por los mejores artistas, quienes, con sus mágicas manos, dieron vida a toda clase de aves, tan reales que parecen capaces de levantar el vuelo en cualquier momento. Esta crónica, digo, no comienza entre sus atrios repletos de flores de mil colores adormecidas por el gorgoteo de las fuentes y rodeadas de esbeltas columnas de mármol níveo y altos capiteles corintios. Tampoco tiene su principio aquí, en la eterna Roma, la caput mundo, la ciudad que nunca duerme, inmersa en ese alocado ir y venir de gentes llegadas de los más remotos confines del Imperio y que conviven con naturalidad con el hedor de sus calles y el aroma del pan recién hecho desde el elegante Palatino hasta la peligrosa Subura. Todo comienza lejos, muy lejos. En un lugar donde el sol abrasador hace arder a las mismísimas rocas y aja las encorvadas espaldas de los campesinos; una tierra severa y exigente donde las sandalias de cuero se ensucian con la arena que escupe el cercano desierto y se agrietan por la dureza de los caminos y de sus piedras blanquecinas de filos cortantes; un país malherido por las mil batallas no ganadas y orgulloso por otras tantas bien libradas, pero también perdidas; una tierra pobre y seca en la que sonreír no es fácil y sólo es posible al volver la vista atrás, hacia un pasado lejano, tiempos repletos de orgullosos reyes y hermosas reinas. Ese lugar del que hablo, el que me vio nacer y cuyos caminos mis pies pisaron en la juventud, es el antiguo reino nabateo. Sí, tal vez suene extraño de primeras; pero, tal vez, si mencionara Petra, su capital, más de uno asentirá como reconociendo con admiración su glorioso pasado y recordará las hileras de caravanas de longitud infinita que se perdían más allá del horizonte, el griterío de los camelleros que, en mil lenguas impronunciables, daban órdenes por igual a esclavos y bestias, y los mercados de especias…; sobre todo, los mercados, donde todo se compraba y todo se vendía y donde se podían oír los latidos de la tierra”. La ambientación narrativa realizada en la obra entre el espacio y el tiempo en que se desarrolla la trama es exquisita. Se consigue, casi sensu stricto, que el lector pueda realizar un viaje acompañando a Gala Placidia a lo largo de su devenir vivencial, en todas sus vicisitudes que son ingentes, ya que esta mujer excepcional se tiene que ceñir al mundo que le rodea y, sobre todo, procurar comprenderlo y domeñarlo. Gala Placidia colaboró en el embellecimiento de las iglesias y las basílicas de Roma, verbigracia la de San Juan de Letrán. La corte del emperador Honorio reside en la ciudad de Rávena, ciudad que fue de los longobardos, y que era la única posibilidad de que la corte imperial pudiese subsistir. Otra urbe que se cita es Barcino, la actual Barcelona, importante capital condal visigoda que siempre va a resistir al limes de los francos carolingios. En esta ciudad sería donde viviría durante varios años con el monarca de los godos de occidente, que es decir Ataulfo, pero donde parece ser que padeció varias vejaciones y poseía malos recuerdos. Estimo que esta novela histórica, como ocurre en algunas otras, es una inteligente biografía novelada sobre esta importante mujer de los albores de la Alta Edad Media. Para todo ello, Roberto Corral consigue introducir, de forma más que inteligente, esclarecedores documentos sobre la época, por lo que esto le permite mantener una trama poderosa y muy rica para los hechos narrados. Gala Placidia es un personaje que representa la resistencia y la dignidad de una mujer en el momento en el que el Imperio Romano está comenzando su caída que será inevitable. Otro de los grandes aciertos de la obra se refiere a la extraordinaria delineación de varios generales y aristócratas, sin olvidar a los emperadores romanos del momento histórico que se narra, y todos ellos conforman un substrato vibrante que representan la vida de esta mujer genial. Pero, es preciso no olvidar que existen otras féminas importantes en la Época Antigua, verbigracia: Sofonisbaal de Cartago, Livia Drusila, Vibia Sabina, Popea Sabina, Julia Domna, Gorgo de Esparta, Aspasia de Atenas, y tantas otras esenciales en la Antigüedad Tardía. “Ya nada más me resta por hacer que narrar su historia, la de ella, la de Elia Gala Placidia, y deseo empezarla hoy mismo, mientras su cuerpo aún desprende calor, mientras un hilo de aire escapa de sus pulmones, aunque pronto ya la muerte, siempre tan diligente y ocupada, se digne a visitarla. Y juro que no cejaré en este mi último empeño hasta que mis muchos dioses, o el suyo, decidan llevarme con ella a ese rincón donde no se conoce el frío, donde no existe el horizonte; allí donde están los nuestros y donde pasado, presente y futuro son sólo uno”. El siglo V d.C. es el final de una época y el principio de otra. Gala Placidia fue educada por su padre como nobilísima princesa, aunque por desgracia formaría parte del botín de guerra de los godos tras el saqueo de Roma por las tropas del monarca Alarico en el año 410 d.C., ella ya tiene 21 años. Como escribe el autor, Gala Placidia nunca perdió la dignidad romana hasta en sus peores momentos. Estamos, por consiguiente, ante una importante galería de personajes históricos que desfilan por su trama. «De sus entrañas surgirán coronas de reinas y emperatrices, dijeron los dioses. Y así fue. En el siglo V, el antaño todopoderoso Imperio romano se ha escindido en dos, y una Roma decadente paga con oro su mera supervivencia. También la Iglesia parece a punto de resquebrajarse en mil pedazos, y, entretanto, las más diversas y violentas tribus bárbaras se adentran en cada ciudad, cada territorio, reclamando tierras y sustento. Pero ésta es la historia de Elia Gala Placidia. Reina de los godos y emperatriz de Roma, nobilissima del Imperio, hija, esposa, hermana y madre de emperadores, fue también rehén y esclava. Tan aplaudida en unos tiempos como vejada en otros, como mujer jamás perdió su dignitas romana. Y es que ya sea por el designio de los hombres o el suyo propio, por la diosa Fortuna o la indomable Marat, su destino estaba escrito con negra tinta en el pergamino de los tiempos. ‘Piensan los hombres que son dueños de sus vidas… ¡Qué necios resultan!, pues desconocen que todo lo que alcanza la vista está en manos del destino’. Con una prosa delicada y sentida, Roberto Corral nos adentra, a través de la narración de dos esclavas, Helpidia y Maia, en la vida de Gala Placidia y en unos tiempos que cambiaron el mundo por entonces conocido. Con pasión, y también con cultura, perfectamente contenida en la ficción, nos muestra así un momento histórico y unos personajes que, sin duda, a partir de ahora serán inolvidables». ¡Sentimientos y emociones que subrayan la idiosincrasia del personaje. Inteligente narración y de calidad indiscutible. Rigor histórico y capacidad de emocionar! «Intellectus appretatus discurrit qui rabiat. ET. Quid pro quo. ET. Dicebatur». Puedes comprar el libro en:
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