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EL INVENCIBLE VERANO DE LILIANA

El silencio ya no es olvido
viernes 04 de septiembre de 2026, 11:10h
El invencible verano de Liliana
El invencible verano de Liliana

El escenario de Contemporánea Condeduque se transforma durante unos pocos días, en un mapa de ausencias vibrantes. No hay artificios en la propuesta dirigida por Juan Carlos Fisher; solo el latido descalzo y contundente de una verdad que quema.

El invencible verano de Liliana, sobre la dolorosa y luminosa arquitectura literaria de Cristina Rivera Garza, encuentra en la adaptación de Amaranta Osorio un puente de seda y piedra, un texto que no establece el grito fácil, sino la herida profunda. Y allí, en el centro del vacío habitable, lleno de cajas de recuerdos, Cecilia Suárez se convierte en el cauce de un río que arrastra hojas secas, susurros y tormentas.

Cecilia Suárez no interpreta: habita. Su cuerpo es un templo humano donde resuenan múltiples ecos, la encarnación de varias voces que confluyen en una sola garganta quebrada, pero firme. Es la hermana que busca, la joven que ríe, la sociedad que calla, la madre con una pena infinita. Con una sensibilidad extrema, el monólogo transita por los laberintos del pensamiento, el deambular ciego por el interior de una misma donde la noche es un techo demasiado bajo y hay que atravesar a nado una bahía de aguas revueltas. Hay en su decir un dolor callado, un no saber que paraliza, un amor equivocado que se viste de rutina y termina en catástrofe humana. La falta de aliento se contagia al patio de butacas; el aire se vuelve espeso ante la duda y la certeza absoluta de la tragedia.

La obra es una denuncia poética, pero feroz, contra la violencia que desangra a las mujeres, un mapa del silencio que, como una mortaja de plomo, sigue recayendo sobre sus nombres una vez apagada la vida. El texto hurga con delicadeza cirujana en la zona más oscura del trauma: ese grado de culpabilidad impostada, el remordimiento injusto que devora a las víctimas y a quienes se quedan en la orilla del abandono. Pero no es una queja estéril; es un ¡basta ya! universal. Porque esta impunidad no es patrimonio exclusivo de México; su eco amargo resuena en cualquier geografía donde la justicia sea un laberinto de ventanillas cerradas.

Juan Carlos Fisher maneja los tiempos de la desolación con mano maestra, permitiendo que el proceso lento y extraviado de los juzgados se sienta en la rigidez del espacio. Esos pasillos burocráticos por donde los asesinos y maltratadores se van de rositas, limpios de polvo y culpa, mientras la memoria de las ausentes se empapela en archivos olvidados.

Frente a la desidia institucional, la poesía se alza como el último refugio de la dignidad. Cecilia Suárez nos regala una lección de contención y desgarro, sosteniendo la soledad en un hilo de luz, incluso con algunos textos grabados a fuego en el suelo.

Al final, no queda la derrota, sino el verano invencible de la dignidad, El invencible verano de Lilliana, el de hace treinta y seis años. El silencio ya no es olvido; ahora es el rugido de las que ya no están, con sus palabras al viento en los oídos y la retina de un teatro conmovido.

INFORMACIÓN

EL INVENCIBLE VERANO DE LILIANA

Obra basada en la novela de Cristina Rivera Garza

Adaptación: Amaranta Osorio

Intérprete: Cecilia Suárez

Dirección: Juan Carlos Fisher

Espacio: Contemporánea Condeduque

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