- Ando dando vueltas a un tema que me trae de cabeza, Puri. No sé si ponerme en contacto con Kareen Rispal, embajadora de Francia en España, con Victorio Redondo Baldrich, embajador de España en Francia, con Jean-Noël Barrot, ministro de Europa y de Asuntos Exteriores de Francia, con José Manuel Albares Bueno, ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación de España, con Peíto o con el mismísimo Emmanuel Macron, presidente de la República Francesa.
- Enjundia tiene que tener el tema cuando quieres picar en tantos corrales, pequeño saltamontes…
- Cuando se trata de arte sublime, no puedes quedarte solo con los vocingleros reivindicadores ignorantes, un suponer, como la Montero, el Urtasun, la Yoly y otros que me callo por no malmeter. Hablo del gran expolio que llevaron a cabo los franceses, durante la Guerra de la Independencia, en España. Nos birlaron miles de obras de arte, objetos litúrgicos, archivos y tesoros bibliográficos… y hasta 1.500 cuadros, entre los que se encontraban obras de nuestros grandes pintores: Murillo, Zurbarán y Goya, para exponerlos en el Museo Napoleón (ahora Louvre). Los muy cafres, se dedicaron a saquear iglesias, conventos, colecciones privadas y hasta archivos oficiales.
- ¡Grande fue el botín, Vani! Y parecían tontos los gabachos - lo digo sin acritud-. Decían que iban a crear un Museo Nacional de Pinturas o Museo Josefino en el palacio de Buenavista de Madrid con las obras más valiosas, y lo que hacían, a la chita callando, era viajarlas al París de la France. Muy cucos, los zorros que ya habían expoliado a media Europa con el mismo pretexto. Según César Alcalá (El Debate), de Madrid birlaron 1.500 cuadros, de Sevilla 1.000, de Valencia unos cuantos y también de otras ciudades españolas. Se mandaron a París 300 cuadros en mayo de 1813.
- ¡Cien por cien, tía! Como habían robado mucho más, tenían para dar y regalar a quien les viniera en gana, sin contar los marchantes carroñeros que seguían a la tropa, franceses e ingleses… Se cuenta que hasta los soldados utilizaban los lienzos para hacer tiendas de campaña, un despropósito tras otro.
- Me putoflipan estos reyezuelos que se creen depositarios de la elevada misión de velar por el arte escudándose en que sus dueños no lo valoran lo suficiente. Egoístas aves de rapiña que se sienten elegidos por el supremo cuando en nuestro país, aprovechando que la mayoría de los habitantes eran analfabetos y las obras no estaban, un suponer, muy bien conservadas.
- Pero eso no les da carta blanca para arramplar con todo lo que les gustaba, Puri. Las pinturas de Murillo, que pintó más de 20 Inmaculadas, la más importante la del Hospital de los Venerables Sacerdotes de Sevilla -en 1678-, eran de las más codiciadas en aquellos momentos. Uno de los grandes saqueadores de arte en España, el mariscal francés Nicolás Soult, decidió que le venían bien para decorar su comedor parisino cuando la veneraban en el altar de la iglesia de los Venerables de Sevilla. Se lo sabía todo el tío y elegía con tino lo mejor, y sin escrúpulos. Tampoco hizo ascos a obras de Murillo y Zurbarán, que pasaron a formar parte de su colección privada. Cuando el ladrón la palmo, la Inmaculada salió a subasta, pagando por ella el Louvre más de lo que le costó el cuadro del plátano, de Mauricio Cattelan, al chino-estadounidense Justin Sun -6.2 millones de dólares-, para la época.
- Mala comparación, bonita. La Inmaculada de Murillo regresó a España en 1941 -a Madrid, no a Sevilla-, durante los gobiernos de Vichy, en Francia, y Franco en España, con la Dama de Elche, las coronas visigodas de Guarrazar y el Archivo de Simancas. A cambio, España les entregó La riña de Goya, el retrato de Antonio de Covarrubias de El Greco y Mariana de Austria de Velázquez.
- Merece la pena leer “El equipaje del rey José”, de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, donde se narra la huida de José Bonaparte ante el avance del Duque de Wellington, decisivo para derrotar a los franceses. El botín del pollo incluía pinturas, dibujos, grabados, tapices, bienes y riquezas. Según Galdós, se tuvieron que embargar todos los carros y coches de Madrid, para poderse llevar el valioso cargamento. Entre los objetos se encontraban más de dos centenares de pinturas de Velázquez, Murillo, Tiziano, Correggio, Juan de Flandes, así como las joyas de la Corona y multitud de objetos personales y de lujo.
- Y el amigo Wellington lo envió a Londres, me temo…
- Lo que no saquearon las tropas inglesas, mayormente… Más tarde intentó devolverlo al rey Fernando VII, y el muy zoquete y descerebrado contestó que se lo regalaba, pasando a ser, con ironía, "Spanish Gift" (el regalo español), que incluía cuadros tan extraordinarios como “El aguador de Sevilla”, de Velázquez, o “La oración en el huerto”, de Correggio.
- No sigas, tía, que me estoy poniendo mala, porque me temo que no solo en El Louvre se exponen obras robadas a los españoles…
- ¡Cien por cien, tía! Y como hay mucha documentación para quien se quiera informar, nosotras vamos a pasar a la acción. ¡Billete a París de inmediato! ¡Que nos pidan perdón!
- ¿Perdón? Y una mierda. Ya he contratado a 4 fontaneros, una furgoneta y nos vamos al Louvre a por El nacimiento de la Virgen, La cocina de los ángeles, La Sagrada Familia y San Juanito, El joven mendigo, Fray Junípero abandonando su ropa a un mendigo…
- ¡Tía! ¿Tantos así de primeras…?
- … Luego seguimos por la National Gallery y el Museo Wellington de Londres, el Museo de los Agustinos de Toulouse, el Philadelphia Museum of Art, The Hermitage en San Petersburgo, el Museo de Bellas Artes de Budapest, las Galerías Nacionales de Washington y Ottawa, el Walker Art Gallery de Liverpool, el Palazzo Bianco de Génova…
- ¿Y por qué no se lo encargamos al general vitoriano Miguel Ricardo Álava?
- Porque ya murió, tía, y le condecoraron por todo lo que rescató. Esto es cosa nuestra y que no se entere Macron. ¡Ahí lo dejo!