- Tía, como mola la estación de la luz cobriza… El crepúsculo del año… El susurro del ámbar…
- Vani, eres más cursi que una perdiz con ligas. No hacen falta tantas florituras para decir que el otoño es la estación más bonita del año, con esa luz melancólica de un sol que parece cansado tras el largo verano; con esas llamaradas de amarillo y ocre que inundan esos valles de cuencas semisecas invitando al recogimiento, a mirar adentro sin tristeza, buscando una despedida.
- Cómo me gustaría saber embadurnar cuadros para plasmar un poquito de la belleza de la luz difusa que trae el otoño, de los tonos violeta que inundan los atardeceres, del oro viejo que visten los terrenos pobres cuando duermen los viñedos. Como hizo Vincent van Gogh con los Viñedos rojos en Arlés y aquel jardín inundado de hojas en Jardín del hospital Saint Paul.
- A mí, me gustaría tener un poco de la magia de Santiago Rusiñol para inmortalizar paisajes como hizo él en Carretera de otoño y Tarde en los jardines de Aranjuez.
- ¿Y qué me dices del gran maestro Claude Monet, que capturaba como un ángel la luz y la caída de las hojas en los paisajes franceses pintando maravillas como Efecto de otoño en Argenteuil y La avenida?
- No olvides, ahora que se lleva tanto dar ósculos en público, al autor de uno de los besos más famosos de la historia, Gustav Klimt, que destacó por su visión dorada de la naturaleza en obras como Bosque de Hayas I. Otro gran pintor que debemos recordar es Wassily Kandinsky, con obras como Parque de St. Cloud – Otoño I y Otoño en Murnau.
- Puri, y solo estamos hablando de hojas y luces, si entramos con la fruta, debiéramos nombrar a Ayuso, que…
- ¡Calla, tía! Ella solo pinta monas porque le gusta la fruta… seguro que influida por Giuseppe Arcimboldo, que le salió un cuadro con una cara horrorosa mezclando manzanas con frutos y otras cosas de la cosecha en El Otoño.
- ¿Y no había plátanos? Porque el italiano Maurizio Cattelan plantó un plátano amarillo y perecedero en una pared y se lo colocó al empresario Justin Sun por 6,2 millones de dólares en una subastada en Sotheby’s de Nueva York.
- ¡Ya te digo colega! También el otoño hace estragos en algunas cabezas, por eso, mejor que pintora quiero ser poeta. Ellos hablan de la melancolía, de la madurez y la transformación, ahora que nosotras también nos acercamos al dorado otoño de nuestra vida.
- Tía, hoy estamos imposibles. Mejor citemos a los grandes y dejemos de decir chorradas. Siempre maravilloso Federico García Lorca y su poema Paisajes:
Detrás de los cristales,
turbios, todos los niños,
ven convertirse en pájaros
un árbol amarillo.
- Antonio Machado tampoco se resistió a glosar la estación en Amanecer en otoño:
Una larga carretera
entre grises peñascales,
y alguna humilde pradera
donde pacen negros toros. Zarzas, malezas, jarales.
Está la tierra mojada
por las gotas del rocío,
y la alameda dorada,
hacia la curva del río…
Pero no todos los poetas hablaban del otoño de la misma manera. Unos prefieren la paz contemplativa describiendo la caída de la hoja, algunos de aprovechar la reflexión antes de la llegada del invierno, como Octavio Paz. Alfonsina Storni se atreve a analizar con crudeza y valentía el envejecimiento y el paso de los años en Versos otoñales:
Al mirar mis mejillas, que ayer estaban rojas,
he sentido el otoño; sus achaques de viejo
me han llenado de miedo; me ha contado el espejo
que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas…
¡Qué curioso destino! Me ha golpeado a las puertas
en plena primavera para brindarme nieve
y mis manos se hielan bajo la presión leve
de cien rosas azules sobre sus dedos muertas…
- Vamos a coger la mochila y subimos pa´riba, tía, a disfrutar de colores, aromas y sabores antes de que sea tarde y empiece a nevar.
- ¡Cien por cien, tía! ¡Cien por cien!