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Frédéric Beigbeder retrata la vida desconocida de Oona Chaplin y J. D. Salinger

viernes 29 de enero de 2016, 07:53h
Oona y Salinger
Oona y Salinger

El escritor frances Frédéric Beigbeder saca a la luz en "Oona y Salinger", de manera imaginada, las cartas desesperadas que Salinger escribió a Oona, antes de su matrimonio con el gran Chaplin y que sus herederos nunca han querido hacer públicas. Con esa base retrata a personajes míticos como Hemingway, Capote, Chaplin, y ha hecho que Salinger resulte humano y conmovedor.

Nueva York, 1940. J. D. Salinger es un chico larguirucho de veintiún años. Escribe relatos e intenta que se los publiquen las revistas literarias del momento. Oona O’Neill tiene quince años y es hija del gran dramaturgo Eugene O’Neill. Es tremendamente bella y se codea con lo más granado de la sociedad neoyorquina. Oona y Salinger se conocen y salen durante un tiempo. Pero al cabo de dos años, tras el bombardeo de Pearl Harbor, Salinger se alista en el ejército y se separan. Él participa en el desembarco de Normandía y ella se casa en 1943 con Charles Chaplin, con quien permanecerá hasta la muerte de él, en 1977, y tendrá ocho hijos. Salinger escribe a Oona cartas que nunca han salido a la luz.

Hasta aquí los hechos conocidos. Pero Frédéric Beigbeder, fascinado por los protagonistas de este relato interrumpido, decide contarnos la historia entera. Rellena los huecos, recrea lugares y ambientes, fabula diálogos. Incluso reescribe las cartas de los amantes e imagina un último encuentro fugaz, al cabo de cuarenta años, en Grand Central Station. En un inteligente ejercicio de historia ficción, o de faction, como lo llama él, consigue conmovernos con la historia de amor y desamor de dos personajes que terminaron teniendo su papel en la historia del siglo XX.

Y, por el camino, el autor nos habla del Nueva York de los años cuarenta, de la Segunda Guerra Mundial, de cine, de literatura. Y da voz a Truman Capote, Ernest Hemingway o Charlie Chaplin, entre otros. Y escribe también, cómo no, sobre sí mismo. Sobre su obsesión por seguir siendo joven a pesar de la edad, su admiración por el autor de El guardián entre el centeno y su amor platónico por Oona, sobre su condición de escritor. Y hasta sobre su romance con su actual esposa, veinticinco años más joven que él, que quiere ver como un reflejo de la relación entre Chaplin y Oona O’Neill, o entre Salinger y sus jóvenes amantes. Socarrón, como siempre, Beigbeder salpimenta el conjunto con sus acostumbradas píldoras de sabiduría vital: «La vejez es cuando empiezas a tener tiempo para interesarte por los nombres de los pájaros.»

Frédéric Beigbeder (Neuilly-sur-Seine, 1965) es autor de varias novelas, un libro de cuentos, dos ensayos y tres libros de entrevistas. Desde 2013 dirige la renacida revista Lui. Durante diez años simultaneó su trabajo publicitario con colaboraciones como cronista de la noche o crítico literario en revistas, periódicos y programas de radio y televisión. Con 13,99 euros tuvo un éxito extraordinario. Fue despedido fulminantemente de la agencia de publicidad en la que era un brillantísimo creativo, pero encabezó durante meses las listas de los libros más vendidos. En España, la novela tuvo también una acogida espectacular. En Anagrama han aparecido también otras cinco novelas del autor, El amor dura tres años, Windows on the World (Premio Interallié), Socorro, perdón, Una novela francesa (Premio Renaudot) y esta Oona y Salinger, así como Último inventario antes de liquidación, en el que reseña de forma aguda y desenvuelta los cincuenta mejores libros del siglo XX según una encuesta llevada a cabo por Le Monde y la FNAC.

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