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Drácena Ediciones

Siempre me apenó su postergación por la natural balumba de títulos que, cada temporada, exigían desde los suplementos literarios su inmediata presencia en los escaparates y en los expositores más distinguidos de las librerías.

"Solo que Marla no volverá", del joven escritor mejicano Béla Braun, es un recorrido por el México más sórdido e inquietante de la actualidad. La visión de uno de los más prometedores escritores mejicanos del momento.

Supongo que hace un par de semanas todos ustedes se quedaron tan sorprendidos como yo, cuando los noticiarios anunciaron que arribaban a Venezuela cinco petroleros cargados de gasolina iraní para que los motores del país pudiesen seguir arrancando. ¿Cómo era posible tal escasez en la nación donde se estiman las mayores reservas mundiales de petróleo? La respuesta era clara: ninguna de las cinco o seis colosales refinerías venezolanas era capaz de producir ni un mal barril de combustible apto para el consumo habitual.

Autora del libro de relatos “Tanto para esto”

Mercedes Gutiérrez es una escritora madrileña que lleva varios años residiendo en Estados Unidos. Es Doctora en Literatura Estadounidense y su especialidad son las novelas de carretera norteamericanas. En estos días, ha pasado una pequeña temporada en Madrid para asistir a la publicación de su segundo libro de relatos “Tanto para esto”, después de haber publicado “Perro Verde” hace un par de años.

"La Moneda, 11 septiembre" es ante todo una suma de testimonios. Cuatro personajes: un camarero, un policía, un recluta y un bombero nos cuentan cómo vivieron y qué hicieron aquella mañana del 11 de septiembre, de 1973, cuando el Ejército chileno decidió, tras un conato en junio anterior, deponer, sin escatimar violencia en el empeño, al gobierno de Unidad Popular, presidido por Salvador Allende.

Autor de "Si volvemos a vernos, llámame Gwen"

Han tenido que pasar quince años para que Germán Sánchez Espeso publicase una nueva novela. “Si volvemos a vernos, llámame Gwen”, es el relato de la escabrosa y ruin biografía de un guionista con mala fortuna. El antiguo finalista del premio Nadal, ha pergeñado una novela que tiene todos los elementos literarios de una novela negra descarnada y profundamente original.

"Si volvemos a vernos, llámame Gwen" es el relato de la escabrosa y ruin biografía de su inclasificable protagonista: Chowder Marris; un guionista con tan mala fortuna que no consigue ni tan siquiera vender uno solo de sus guiones. Ya puede en su estéril empeño viajar de Los Ángeles a Nueva York, ingresando, durante su ajetreado recorrido, en la cárcel por un delito que no cometió, mientras lo persigue incesante una pesadilla: el torpe accidente donde causó la muerte de una niña.

Como todo lo imperecedero, lo determinaron los griegos, y con tanto recelo que gravitó por casi todas sus tragedias como un jalón pétreo ante el que estallaba el clamor del coro o se rompían en llanto sus heroínas más obcecadas. Pero será con Shakespeare cuando sus despóticos antojos más nos estremezcan por íntimos y compartidos, y de todas sus máscaras, Ricardo III, el epítome; y tan acertado que cada una de sus reposiciones aún nos sigue alumbrando minucias de los tiranos que nos han sido más cercanos y conocidos.

"El escarabajo", de Manuel Mujica Láinez, más que una novela histórica, es un irónico y deslumbrante recorrido por la cultura occidental contemporánea.

Un retrato en la geografía iba a ser la entrega inicial de la trilogía El laberinto de Fortuna, reducida luego por Arturo Úslar Pietri a un binomio tras la publicación de la definitiva Estación de máscaras, donde vuelve a reflejar la sociedad venezolana una década más tarde.

Autor de "La Moneda, 11 de septiembre"

Francisco Aguilera es natural de Santiago de Chile Pasó su infancia en el campo, en el pueblo de Malloco, a 29 kilómetros de Santiago, entre animales, árboles frutales y amigos imaginarios. Volvió a la capital, ya siendo adolescente, para terminar sus estudios secundarios en un colegio de curas franceses. De aquello le quedaría un cierto pavor ante el arte eclesiástico. En Santiago se licenció en antropología social por la Universidad de Chile. A los 25 años, más por amor que por afrancesamiento, viajó a París, en donde reside actualmente.

Es indiscutible que David Lynch se erige como el cineasta más singular de nuestra época. En sus largometrajes más característicos —Eraserhead (1977), Blue Velvet (1986), Lost Highway (1997), Mulholland Drive (2001) o Inland Empire (2006)— su genuina capacidad para romper la intuitiva cadena causa versus efecto, que nos permite reconocer y movernos en eso que convenimos como realidad, tanto por los hechos que suceden en el propio relato cinematográfico como por las peculiaridades estrafalarias —cuando no, perversas— que exhiben los personajes, somete al espectador a un espectáculo que, si propiamente no lo arroja al pánico, al menos lo deja tan desconcertado como incómodo y, en consecuencia, con una enorme ansia de que todo aquello a cuanto asiste retome un cierto sentido común para, al menos, recuperar el sosiego que perdió en no recuerda ya qué momento de la película.

A pesar de que durante la última década se haya traducido y publicado unas cuatro o cinco veces y por editoriales distintas, La maravillosa historia de Peter Schlemihl (1814) no ha logrado, en la España actual, la fama de monumento literario que se le dispensa en otros países.

Por una razón muy simple no soy nada partidario de esas novelas llamadas de intriga, que se estructuran minuciosamente, como algunos guiones cinematográficos, en un pizarrín antes de escribirse, y cuyo principal aliciente consiste en desbaratarnos cada dos capítulos todas nuestras fundadas sospechas sobre quién era el causante del funesto crimen o del terrible delito que daba pie al argumento, para dejarnos a mitad del relato de nuevo suspensos y barajando candidatos

De la inagotable nómina de los conquistadores, algunos novelistas del siglo XX sintieron tal predilección por Lope de Aguirre que le dedicaron cinco novelas y una pieza teatral, y con tanto éxito que, por medio, contagiaron al cine. Al punto que no en una, sino en dos películas fue relatado su aciago periplo, con lo que su cojitranca y sardónica figura se escapó de los antiguos cronicones y de los minuciosos estudios para andar aun hoy entre blogs y asomar, de cuando en cuando, en otros foros de la nueva realidad digital.