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Busto de Francisco de Quevedo en la Plaza de España, de Sevilla
Busto de Francisco de Quevedo en la Plaza de España, de Sevilla

LA MEJOR POESÍA AMOROSA DE QUEVEDO

De la extraordinaria capacidad de Francisco de Quevedo para la expresión del sentimiento amoroso es indubitable testimonio el soneto titulado “Amor constante más allá de la muerte” (“Cerrar podrá mis ojos la ostrera / sombra que me llevare el blanco día...”), considerado por Dámaso Alonso como “probablemente el mejor de la literatura española” [1]. Sin duda, Quevedo alcanza en él, tal y como acertadamente señala Esteban Gutiérrez, la formulación definitiva de un motivo muy presente en su poesía amorosa: el de la trascendencia del amor, de su amor, que vence a la muerte, pero con la diferencia sustancial de que aquí el amor trascendido no solo ocupará su alma, sino también su cuerpo. Este es el impresionante soneto:

Francisco de Quevedo: Antología poética. Madrid, editorial Castalia, 1989. Colección Castalia Didáctica, núm. 20. Esteban Gutiérrez Díaz-Bernardo, editor literario
Francisco de Quevedo: Antología poética. Madrid, editorial Castalia, 1989. Colección Castalia Didáctica, núm. 20. Esteban Gutiérrez Díaz-Bernardo, editor literario
Amor constante más allá de la muerte
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no desotra parte en la ribera
dejará la memoria en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría
y perder el respeto a ley severa.
Alma que a todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán cenizas, mas tendrán sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.

Francisco de Quevedo: Antología poética. Madrid, editorial Castalia, 1989.
Colección Castalia Didáctica, núm. 20; pág. 144.

Apoyo léxico. Todo un dios (verso 9). Cupido, dios del amor. Humor (verso 10). Alimento, sangre. Medulas (verso 11). Tuétano de los huesos; debe leerse [medúlas] -y no médulas-, como fue normal en castellano hasta bien entrado el siglo XIX. Cuidado (verso 12). Sentimiento amoroso, pena de amor.

El significado “poemático” es claro: triunfo del amor sobre la muerte. Releamos ahora los versos de los dos cuartetos:

Versos 1-2. La muerte -la postrera sombra que me llevare el blanco día- podrá cerrar mis ojos.

Versos 3-4. Y podrá -la muerte- liberar (desatar) del cuerpo a esta alma mía; momento que halagará (hora... lisonjera) a su anhelo atormentado (afán ansioso); es decir: dispuesta -la hora de la muerte- a dar satisfacción al alma lisonjera, que ansía morir, porque no alcanza el amor que desea.

Versos 5-6. Pero mi alma no dejará el recuerdo (la memoria) del amor con que ardía en la otra ribera [la de los vivos; según la mitología, los muertos atravesaban el río Leteo y, al pasar a la otra ribera, se olvidaban de todo], porque mi amor (mi llama) sabe contravenir la ley de la muerte, que obliga a olvidar el amor.

Versos 7-8. Porque mi alma/mi amor (mi llama) regresará a la orilla de los vivos, ya que sabe nadar por el agua fría, desobedeciendo (perdiendo el respeto) a la ley severa que impide volver del reino de los muertos y obliga a olvidar el amor.

Y pasemos ahora a los dos tercetos (versos 9-14). El alma volverá a reunirse con el cuerpo que tanto ha amado, aunque este sea ya solo polvo.

Dos planos estructuran el soneto: el de la muerte, presente en los dos cuartetos, y a la que se alude con cuatro inequívocas imágenes (postrera /sombra -versos 2, 3-, ribera -verso 5-, agua fría -verso 7-, ley severa -verso 8-); y el del amor/vida, presente en el primer terceto, formado por tres versos de idéntica estructura sintáctica: “sustantivo + proposición adjetiva con verbo en pretérito perfecto de indicativo”; paralelismo que alcanza al propio contenido semántico, ya que los tres versos subrayan una misma idea: la importancia que el amor ha tenido en la vida del poeta.

En el segundo terceto se funden temáticamente ambos planos y el poema alcanza un clímax emocional de gran fuerza expresiva: existe un perfecto paralelismo entre las dos partes de cada verso, así como entre los dos versos finales; como perfecta es también la simetría entre cada uno de estos versos y los del terceto anterior, ya que los verbos de este último terceto se corresponden respectivamente con los nombres de aquel: “alma/dejarán”, “venas/serán”, “medulas/serán”. Es decir:

Alma a quien todo un dios prisión ha sido, // su cuerpo dejará, no su cuidado;

venas que humor a tanto fuego han dado, // serán cenizas, mas tendrán sentido.

médulas que han gloriosamente ardido, // polvo serán, mas polvo enamorado.

NOTAS.

[1] Dámaso Alonso: “El desgarrón afectivo en la poesía de Quevedo”. En Poesía española: Ensayo de métodos y límites estilísticos. Madrid, Editorial Gredos, 1993, 5.ª edición. Biblioteca Románica Hispánica. II. Estudios y ensayos, núm. 1; págs. 495-580; y, en concreto, pág. 526. El soneto está comentado por Amado Alonso en Materia y forma en poesía. Madrid, Editorial Gredos, 1986. Biblioteca Románica Hispánica. Estudios y ensayos, núm. 17; págs 127 y siguientes.

Además de en la edición citada, este soneto se encuentra también en Poemas escogidos. Madrid, Ediciones Castalia, 1989. Colección Clásicos Castalia, núm. 60, pág. 178-179. José Manuel Blecua, editor literario. (El soneto figura con el número 112 en esta edición).

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