En una época de esplendor para la poesía cancioneril castellana, que coincide con el reinado de Juan II (1406-1454), adquiere una enorme importancia la figura de Juan de Mena (1411-1456), autor de una de las obras -redactada entre 1444 y 1451-que lo coloca en un lugar de privilegio entre los escritores medievales y prerrenacentistas: Laberinto de Fortuna (o “Las trescientas”, aunque en realidad el número de coplas de arte mayor en que está escrita la obra es de 297). El título de este poema alegórico, inspirado en la Divina comedia de Dante Alighieri. hace referencia a la diosa Fortuna, símbolo de la inestabilidad de la vida humana. El poeta es raptado por la diosa de la guerra Belona, consorte del de Marte, e introducido en el palacio de la Fortuna. La Providencia, en forma de hermosa muchacha, lo acompaña en su recorrido por el palacio y le muestra tres ruedas: dos inmóviles -que representan el pasado y el futuro- y una en incesante movimiento -la del presente-. Cada rueda está dividida en siete círculos que se relacionan con los diferentes astros regidos por el dios que se asocia con cada uno (la Luna/Diana, Mercurio, Venus, Febo o Apolo/el Sol, Marte, Júpiter y Saturno); y en ellos se encuentran personajes célebres del pasado y del presente que, de acuerdo con su comportamiento, representan las virtudes y los vicios de la humanidad. En Saturno, y como ejemplo de buen gobierno, aparece la figura de Álvaro de Luna, por entonces Condestable de Castilla, tan admirado por Mena, cuya exaltación tiene un fuerte trasfondo político, al idealizar su poder a tales extremos que el poeta pone en sus manos la prosperidad y el destino de Castilla. La obra se cierra ensalzando la Providencia a Juan II, cuya gloria dejará en el olvido a cuantos reyes le precedieron, vaticinio que el poeta desea ver cumplido. Al margen del argumento, la importancia de la obra de Mena radica en la complejidad de un estilo que dificulta su comprensión: los cultismos, hipérbatos y recursos retóricos de lo más variados están en el origen de lo que en el siglo XVII será la retórica barroca del culteranismo gongorino. Y como simple ejemplo de complicación formal, presentamos dos estrofas en las que el poeta ha empleado la llamada por José Manuel Blecua “sinfonía vocálica”; y también la rima interna.
[LXXXVII]
Debaxo de aquestos yo vi derribados
los que las pazes firmadas ya ronpen,
e los que por precio virtudes corronpen,
metiendo alimentos a los renegados;
allí vi grand clero de falsos prelados,
que fazen las cosas sagradas venales.
¡Oh religión religada de males,
que das tal doctrina a los mal doctrinados!
Juan de Mena: Laberinto de Fortuna. Madrid, Espasa-Calpe, 1951. Versos 689-696.Colección Clásicos Castellanos, núm. 119. José Manuel Blecua, literario.
Apoyo léxico. Verso 693. Grand clero. Conjunto de sacerdotes. Verso 695. Religada. Religar: Volver a atar o a ceñir, con mayor vínculo, o más estrechamiento. Mena usa la copla dodecasilábica u octava de arte mayor: ocho versos dodecasílabos con rima ABBAACCA y un ritmo muy marcado: de cada tres sílabas, la del centro es portadora de acento. Esta estrofa es propia de la poesía culta del siglo XV (la empleó el Marqués de Santillana), aunque desaparecerá en el siglo XVI, con la llegada de las nuevas estrofas que sirven para difundir la sensibilidad petrarquista. En cuanto a la sinfonía vocálica, consiste en lograr que los acentos primero y último del verso dodecasílabo recaigan sobre una misma vocal y que, a su vez, le siga otra idéntica en los dos sitios. Y así, en el verso seis de la octava de arte mayor LXXXVII de el Laberinto de Fortuna, se repite la combinación a/e ([...] fazen [...] venales). Asimismo, hay una rima interna en el verso cinco (asonancia /á-o/): “allí vi grand clero de falsos prelados”.
[CCXCII]
Fazed verdadera la gran Providencia,
mi guïadora en este camino,
la qual vos ministra por mando divino
fuerça, corage, valor e prudencia,
por que la vuestra real excellencia
aya de moros puxante victoria
e de los vuestro ansí dulçe gloria,
que todos vos fagan, señor, reverencia.
Juan de Mena: Laberinto de Fortuna. Madrid.Editorial Cátedra, 2024. Colección Letras Hispánicas. Luis Gómez Canseco, editor literario.
Con esta estrofa (la CCXCII, versos 2369-2376) concluye el Laberinto de Fortuna, de Juan de Mena. La Providencia ha pronosticado futuros triunfos del rey Juan II de Castilla, y el poeta expresa su deseo de que estas profecías se cumplan. Adviértase el verso en el que el poeta emplea la llamada por José Manuel Blecua “sinfonía vocálica”: “fuerça, corage, valor e prudencia”. Por otra parte, la rítmica de los dodecasílabos está marcada con total eufonía: dos hemistiquios separados por una fuerte cesura central, dentro de los cuales lo más frecuente es la combinación silábico-acentual de dos sílabas tónicas separadas por dos átonas.
Juan de Mena: Laberinto de Fortuna. Madrid, Editorial Cátedra, 2024. Colección Letras Hispánicas. Luis Gómez Canseco, editor literario.
[Del laberinto en el que estuvo sumida la Castilla del siglo XV surgió otro, ahora en verso, que Juan de Mena presentó en 1444 al entonces monarca Juan II como un plan de acción política para la reforma del reino. Ese Laberinto de Fortuna constituye una pieza mayor en el canon de la literatura española, que se mueve entre las últimas inercias medievales y un primer Renacimiento propiamente hispánico. Mena lo concibió con una conciencia humanística y una decisiva dimensión experimental. En su afán por imitar la epopeya clásica, diseñó una lengua poética que se alejaba del uso común para dotar al castellano de una dignidad pareja a la del latín. Su éxito fue enorme y se mantuvo en el tiempo, como muestran los numerosos manuscritos en los que la obra nos ha llegado, los comentarios de Hernán Núñez o el Brocense o su presencia, aún viva, en la polémica gongorina. Esta edición crítica y modernizada pretende ofrecer una lectura clara y accesible de ese "Laberinto", que se presenta como un desafío sugestivo y extraordinario para los lectores del siglo XXI]. Puedes comprar su obra en:
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