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Si la envidia fuera tiña...
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Si la envidia fuera tiña...

SI LA ENVIDIA FUERA TIÑA…

"Si la envidia fuera tiña..." Cuántos tiñosos habría, cantábamos de pequeños en mi vaciado pueblo. Guillermo Díaz-Plaja hace muchos años publicó "El español y los 7 pecados capitales". Se ve que los españoles somos pecadores de la pradera, como decía Chiquito de la Calzada. Y de los siete pecados, es la envidia la que se lleva la palma. Nos lo cuenta Azucena del Valle en su nuevo artículo.

- ¡Ay Puri!, Cómo me gustaría tener el culo de la Jennifer López, las piernas de Cyd Charisse, los ojos violetas de Elizabeth Taylor, los labios de Scarlett Johansson, la nariz perfecta – casi matemáticamente- de Kate Middleton, las tetas de Jessica Simpson, el pelo de Isla Fisher, la ambigüedad de Marlene Dietrich, el exotismo de Yvonne de Carlo, el erotismo de Raquel Welch, el…

- ¡Sí, Vani!, ¡erótica, exótica… me putoflipa la poligonera en plan! Ya te vale. A mí, lo que me gustaría es tener los 100.000 millones de dólares de Alice Walton, ¡no te jode! Aunque puestos a pedir me conformaría con el bote -fruto del esfuerzo- que se ha levantado Rosa Rodríguez dando respuesta a las preguntas del rosco de Pasapalabra, o con el pellizco que se va a llevar, by the face, Hacienda.

- Qué mierda es desear lo que no tenemos, con lo buenas que estamos y lo ricas que somos. Un suponer.

- Creo que se llama envidia, pequeño saltamontes; el deporte nacional español y que hasta Jorge Luis Borges nos afeó diciendo que cuando consideramos que algo es bueno, decimos que "es envidiable". Pocos nos libramos de sentir esa emoción negativa en algún momento de nuestra vida, que además nos genera dolor y frustración cuando anhelamos algo que no tenemos y otros, que se supone lo merecen menos que nosotros, sí poseen. La envidia acaba consumiendo al que la padece porque es un veneno para el alma.

- Tía, pero eso es ya muy extremo y enfermizo. Yo me quedo con esa frase de que la envidia no es más que la admiración mal digerida, porque vivimos en una sociedad donde estamos todo el tiempo comparándonos sin remisión. Y a ver, con quien me hago el símil… por ejemplo, ¿con Ana Patricia Botín, que también es muy rica, sabe idiomas, tiene poder y liderazgo y está en la lista Forbes? Es que la vida es injusta, colega.

- Error, Vani. Esa señora te puede despertar un poquito de rabia por lo desigual que está tu cartera si la comparas con la suya, pero no es de tu panda. Tampoco tienes nada que ver con Jenifer López, aunque desees su culo… la envidia nace cuando te sientes inferior a personas que están en tu mismo nivel.

- ¿Algo así como culo veo culo quiero, si no lo viera no lo quisiera? Tengo una amiga que me contó que tenía unos amigos que dejaron de hablarla cuando se compró un chalecito de ná en una zona hermosa de la capital de España, con piscina y todo. Cuando se lo quisieron enseñar a la susodicha pareja, se acabó la amistad.

- ¡Qué fuerte, tía! Dicen que es peor la envidia del amigo que el odio del enemigo. Pero es mejor cortar la relación con alguien que te está sonriendo ladinamente a la cara y pensando ¡ojalá se os desborde la piscina, capullos venidos a más!, digo yo.

- Cierto, y seguro que ella también tenía una casita por el barrio, pero la envenenaba el pensar que en el chalet de mi amiga la hierba era más verdecita y las arizónicas crecían más altas, aunque pagaran más leuros por el recibo del agua. Sintieron el éxito ajeno como un fracaso propio, en vez de pensar que también ellos podrían tener uno. Lo que significa, Puri, que esta emoción profundamente humana y muy común, es tan mala como beber veneno y esperar que el otro se muera

- Pues tía, yo, confieso, que te tengo envidia sana porque eres de la tierra de la Santa Andariega y no de Villa-Merluza, una aldea perdida por los currutacos de arriba y abajo.

- Por mucho que se diga, no existe la envidia sana también llamada positiva, aunque se caracterice sólo por hacer referencia al elemento envidiado sin desear daño alguno al que lo posee. Hacemos como que eres de Ávila, y lo solucionamos, pequeño saltamontes. Y a acabar con las emociones desagradables de una vez, porque la única envidia aceptable es la que te inspira a superarte a ti mismo.

- Pues a dejar de sentir envidia cochina por lo que han conseguido los que consideramos ganadores… Tal vez la envidia no sea un defecto si somos capaces de gestionarla y transformarla. El mejor remedio contra la envidia es el éxito y puede convertirse en la motivación que nos guíe hacia la meta…

- ¡Cien por cien, tía! ¿Qué queremos un culo como la Jennifer? 500 flexiones por la mañana y 2000 por la tarde… ¡que empiecen a hablar a nuestras espaldas porque vamos delante!

- A aprender y a crecer valorando lo que somos, pisando fuerte. Y me viene al pelo la frase de María Félix que me dije esta mañana mirándome al espejo: Yo tengo belleza de verdad, no de esa interior que se inventan las feas.

- ¡Qué fuerte, tía! ¡Ahí me has dao, y sin hablar del desgobierno…!

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