He vuelto hoy al rincón santuario de mis rezos,
una esquina verde amiga, cobijo de mis denuedos.
Vuelvo al parque solitario donde reposan los sueños,
donde se arrebola el tiempo,
donde envuelven los recuerdos,
donde entierro las afrentas, las mentiras, los engaños
y los cuentos.
Donde me cita el silencio con un código secreto, conocido,
antiguo, y muy intenso.
Donde muere la mirada sorprendida por tus besos
cuando posabas tu mano para acariciar mi cuerpo
y subías con los dedos,
sin dejar ninguna cuenta del rosario de mis huesos,
y tu boca susurraba, quebrada por tanto anhelo.
He vuelto hoy al rincón, despacio,
con desaliento,
interpretando las nubes increpadas por el viento
que desgaja sus vestidos, dejando su vientre abierto,
preguntando a las palomas, a los mirlos.
Al silencio.
Buscando entre los parterres, los prunos y los abetos,
siguiendo el curso del río que canta siempre su cuento.
He oteando el horizonte, tan lejano como un sueño,
reposando la mirada en parterres y en los brezos.
Y chirriaban los gorriones, quedito, quedito,
quedo.
¿Dónde te escondes, amor?
¿Dónde estás, que no te encuentro?