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"Raimundo de Borgoña, conde de Galicia. Política y relaciones de poder en el occidente peninsular (1093-1107)", de Andrés Barón

Editorial Glyphos
viernes 28 de febrero de 2020, 13:13h
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Raimundo de Borgoña, conde de Galicia
Raimundo de Borgoña, conde de Galicia
No se puede negar que el historiador Andrés Barón es un concienzudo especialista en la historia medieval, y se ha aproximado a una fórmula histórica, que estimo sobremanera, ya que mis cinco libros también son biográficos.

Además, este historiador ha realizado dos acercamientos magníficos a dos personajes históricos del Alto Medioevo, conspicuos en el Reino de León, antes fue sobre el conde leonés Pedro Ansúrez, y hoy me voy a aproximar al conde de Galicia, Raimundo de Borgoña. Magnate borgoñón llegado tras la estela cluniacense apoyada por el Rey Alfonso VI de León, cuyo emblema religioso sería el Monasterio de Sahagún. Se matrimoniará con la joven y bella infanta Urraca Adefónsez de León, con la que engendrará al futuro Rey Alfonso VII el Emperador de León. Abusa el Dr. Barón en el nombre inexistente de Reino de León y Castilla, que no aparece en ninguna crónica, ya que Castilla y Galicia son territorios dependientes de la Corona de León, y debería decirse de León y de Castilla y de Galicia.

Cuando llegan los dos primos carnales, Raimundo de Borgoña y Enrique de Borgoña, hasta el Reino de León, ya se tiene muy claro que lo que pretenden es el claro medro político; ya que León es una de las cumbres regias de Europa, y su estructura política favorece el crecimiento de cualquier magnate, que pretenda llegar a algo importante en esta época medieval. El conde borgoñón había nacido en Besançon; fue el tercer hijo de los condes Guillermo I y Estefanía; sobrino de la Reina consorte Constanza de León, casada con el Rey Alfonso VI de León, y uno de sus hermanos sería el Papa Calixto II. Llegará a León hacia el año 1087, cuando el monarca legionense reclama la ayuda europea después de su derrota contra los almorávides en Sagrajas (1086).

En 1092 aparece ya su nómina en un diploma najerense: “el rey Alfonso reinando en León, Toledo y Castilla y bajo su autoridad su yerno el conde Raimundo en Galicia”. Se fijará en la niña-infanta legionense Urraca, y se casará con ella entre 1091 y 1092. Será: “gobernador de Galicia al norte del Miño y el de Portugal, entre el Miño y Coímbra”. Este territorio galaico abarcaba las dos Galicias lucense y bracarense o territorio portucalense. Será tenente en Zamora, Coria y Grajal de Campos. En un documento del Monasterio de San Martín de Jubia: “Regnante rex Adefonsus in Legione, in Toleto…In urbe Gallecia regnante Comite Raimundus con coniuge sua filia Adefonsus rex”. Pero, de pronto el viudo rey de León se matrimonia con la condesa italiana Berta, y el magnate borgoñón empieza a ver problemas para el cumplimiento de sus planes regios.

Por consiguiente, llegará a un pacto espurio con su primo, al que entregaría el reino de Toledo y un tercio del tesoro regio cuando muriera el emperador de León. Se entera el rey, y nombra a Enrique gobernador de las tierras entre los ríos Miño y Tajo. Es muy probable que fuese de salud endeble, ya que en el año 1066 sufre una grave enfermedad en la leonesa Zamora, probablemente por un angor pectoris, de la que paradójicamente se recupera. Hacia el mes de mayo de 1107, en Grajal de Campos, volvió a tener una grave recaída de su patología vascular coronaria, su suegro se preocupó y le visitó, pero empeoraría y pasaría a mejor vida el 20 de septiembre de 1107. En su lecho de muerte estaría acompañado por su esposa, por el rey Alfonso VI, por su hermano el arzobispo Guido de Vienne y futuro papa Calixto II, y por sus dos vástagos Sancha Raimúndez y Alfonso Raimúndez acompañados por su tutor el conde Pedro Froilaz. Sería inhumado por el obispo Diego Gelmírez de Compostela en la Catedral de Santiago de Compostela. La confianza regia en su yerno es importante, y solo cuando contemple el soberano sus extrañas maniobras cambie su modus operandi, y tras el año 1087 aparecerán “personas más dignas al frente de las diferentes diócesis gallegas”.

Cuando Urraca suba al trono de León como Emperadora de León y Reina de todas las Españas, ya está viuda y deberá defender sus derechos con uñas y dientes, frente a todos aquellos magnates varones laicos y eclesiásticos, que no la aceptan por ser precisamente una mujer. Esta dinastía nobiliaria borgoñona tiene unos tactismos muy diferentes a los habituales existentes en las Españas, entre otras cuestiones de mayor o menor enjundia verbigracia por la relación bélica reconquistatoria habitual en las Españas. Cuando Alfonso de León conozca estas maniobras del borgoñón reducirá, de forma abrupta, las importantes cantidades de numerario enviadas por el soberano leonés a la abadía borgoñona de Cluny.

Está meridianamente claro, que el magnate borgoñón colige que su suegro, por edad, dignidad y gobierno, fallecerá antes que él, y podrá reivindicar sus derechos inalienables al trono de León; pero el hombre propone y la parca dispone, por aquello de que: “¿hay quien quisiera reinar, viendo que ha de dispertar en los brazos de la muerte?”. Raimundo de Borgoña tendrá todo a su favor, para enarbolar sus derechos al trono de León, cuando su esposa dé a luz a un segundogénito que ahora ya sí es un varón, el futuro Alfonso VII el Emperador de León, en contra de los posibles derechos de un hijo espurio del monarca llamado Sancho Alfónsez, tenido con su concubina-esposa Zaida-Isabel. En suma, un libro estupendo y esclarecedor que recomiendo sin ambages. Et hoc est quod Comites.

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