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Ed. Amargord
Bombay
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"Viajero al Curry", de Luís Mazarrasa

Un libro para volver a disfrutar de la lectura
jueves 17 de septiembre de 2020, 04:00h
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«India es, para la mayoría de viajeros, una apuesta de todo o nada. Aquí no valen medias tintas: o te entra en el corazón o te espanta … Que te entre en el corazón significa que empiezas una relación en la que participan a la vez el amor y el odio».

(De la introducción de Ángel Martínez Bermejo – Mango con Pimienta, Premio internacional de literatura de Viajes Ciudad de Benicasim, Onada 2017)

  • Market Maharashtra

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Un amigo común, Roberto Mirás, habitual en Todoliteratura, me envió un enlace del libro Viajero al Curry, del periodista y escritor Luís Mazarrasa. Una intuición me dijo que tenía que leerlo y… casi me lo como. Soy un viajero más modesto, si bien he vivido la India con mucha intensidad, he publicado algunos libros y otros navegan en el limbo editorial de la pandemia.

No es sólo que el libro se deja leer fácilmente a pesar de la abundancia de nombres difíciles de recordar, es que aflora una increíble capacidad de síntesis de los temas que aborda, de modo que uno, aunque no haya estado en India, acaba creyendo que conoce el país y que ha estado en él.

Una vez que llegas a India, puedes tener unos planes, pero no los hagas muy precisos, la India toma el mando de tu viaje y te permite que vayas a algunos de los lugares planeados, pero no siempre. Viajero al Curry te transmite el perfume de lo que Luís Mazarrasa vio y vivió, y lo hace con objetividad, como cuando cuenta su historia que no le dejaron contar sobre una epidemia.

Pasa por distintos lugares comunes de India: Delhi, Bombay, Karnataka, Hyderabad, el Himalaya y otros, en los que descubrimos los flecos de historias fascinantes. India es un país de historias fascinantes. Luís Mazarrasa nos deja ver esos flecos y a la vez pone la miel en los labios para que busquemos la plenitud de dichas historias, conocer más.

Así encontramos la de Pooham Devi, una forajida a lo Robin Hood; cómo y por qué murió Indira Ghandi; la saga de los Parsis que siendo pocos parecen ser propietarios del país entero; los Marathas y sus guerras. Forman un conjunto de mundos en los que sumergirse que mantienen el interés de la obra.

La prostitución en Bombay es otro de esos flecos, tan sórdido como evidente. Para seguir el hilo tenemos a Jaume Sanllorente y su Mujeres de Bombay (Plataforma Editorial, 2018) donde de modo directo muestra el compromiso de algunos policías para acabar con la prostitución infantil, a la vez que muestra la sociedad de los slums, lo más bajo de lo más bajo.

Bombay, la ciudad de tan bello y legendario nombre que fue cambiado por la dudosa voluntad de unos políticos que querían borrar cualquier cosa que no fuese lo que ellos decían. ¿Les suena? Tengo que decir que Bombay es la ciudad que más me gusta de las que haya conocido nunca, es insoportable, pero me sigue gustando. La historia que narra Luís Mazarrasa sobre el café Leopold se lee casi como una novela policíaca.

También tuve una dosis de realidad cuando explica cómo consiguió un billete de tren en la Estación de Victoria Terminus, hoy Chhatrapati Shivaji. Recuerdo que yo quise hacer lo mismo unos años más tarde que él. La marea de gente y viajeros, y las dimensiones internas del edificio me hicieron retroceder. Tuve que replantearme el sacar un billete de tren y volví dos o tres días más tarde con el ánimo resuelto a comprar o morir. En cambio, los trenes locales no eran ningún problema, pese a que podrían ser la prueba final de un curso de supervivencia. En una estación, ante mi desesperación por no poder coger un rickshaw, un paisano se ofreció a ayudarme y acabamos tomado algo en una cafetería de estilo occidental donde me contó la historia de los trenes de la muerte cuando la Partición, porque su familia había vivido aquella tragedia.

Es un país completamente vivo, sus calles están vivas incluso más de la cuenta. Viví algunas anécdotas de Luís Mazarrasa que me ocurrieron también a mí, como cuando compré un zumo de mosambi —parecido al limón— en algún carrito estacionado en la calle y el vendedor me puso unos cubitos de hielo sacados de un bote de plástico de alguna marca de pinturas y ante mí apareció clara la alternativa entre la vida y la diarrea.

Esta india que vemos, va desapareciendo. Bombay va siendo otra ciudad de los rascacielos. Torres con cien pisos de viviendas ya no extrañan. Los antiguos barrios son sofocados por la superpoblación. No todo está perdido, ciudades como Bijapur, donde la confluencia de los grupos étnicos y religiosos se hace patente en las distintas zonas de la ciudad, todavía encierran algo de la India tradicional, musulmana y maratha. Allí Luís Mazarrasa visitó el gigantesco mausoleo de Gol Gumbaz, que tampoco uno deja de preguntarse para qué tanto edificio. Por cierto que la entrada costaba cinco rupias para los indios y quinientas para los extranjeros.

Quienes me conocen saben que no hablo de política y que no acepto que me envíen nada relacionado con la política. Tal vez por eso no he podido hacerme con algunas páginas del libro en las que se habla del nacionalismo vasco y algunos personajes intentan justificar sus atrocidades.

Aunque el título sea Viajero al Curry, a mí no me gusta el picante, cualquier cosa menos picante, y no es sólo el picante, sino que la comida es servida a una temperatura incompatible con la vida humana independiente, detalle que muy pocos viajeros citan. Pero si alguien quiere picante en el libro, lo encontrará en las aventuras sexuales de Mazarrasa. Gracias don Luís.

Antonio Plana, autor de Viaje al Mundo de Nisargadatta Maharaj (2017) y de Yo no hago discípulos, hago maestros (2019), ambos en Liebre de Marzo.

Puedes comprar el libro en:

Mausoleo de Gol Gumbaz en Bijapur
Mausoleo de Gol Gumbaz en Bijapur
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