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Alfons Cervera
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Alfons Cervera

Una agradecida rendición de cuentas

lunes 22 de marzo de 2021, 09:15h
Mi amigo Alfons Cervera acaba de publicar Algo personal; una colección de cincuenta artículos sobre otros tantos títulos literarios que considera memorables. Lejos —como explica en el prólogo— de tener la menor pretensión académica y, por supuesto, de haber aplicado criterios filológicos para componer la selección, Alfons ha escogido este medio centenar de obras, sencillamente por la huella íntima que le dejaron sus lecturas a lo largo de la vida; es más, esta arbitrariedad atañe también a su número, pues podía haberse limitado a treinta o a atreverse a llegar hasta setenta o cien; en cambio, Cervera nos ofrece cincuenta; tal vez porque le resulte la cifra adecuada para armar un tomo con el que amenizar a cualquier lector sin cometer exceso alguno.
Algo personal
Algo personal

En armonía con este comedimiento, en lugar de abrocharse con un bien fundamentado y severo estilo que apuntale un categórico ensayo, Algo personal desprende, desde su primera hasta su última línea, el desgastado aire de una agradecida rendición de cuentas, sacudida de cuando en cuando, graciosa e intempestivamente, por entusiastas jaculatorias sobre la obra comentada o sobre su autor; contradicción entre la desengañada fatiga y el juvenil elogio inserta en la prosa de Cervera durante todo el libro y que no deja de divertirme, sobre todo, cuando tan opuestos efectos sentimentales coinciden en un mismo párrafo.

Por otra parte, Algo personal, como otros títulos de esta factura —o sea, como esos libros nacidos de la suma de sucesivas crónicas de un autor, bien sea sobre un acontecimiento que cubrió como reportero o bien sobre un periodo de la vida del país o del escritor mismo o bien, como en este caso, sobre un poroso ejercicio de gabinete, pues se trata de breves homenajes a unas decenas de títulos (en su mayoría novelas), apreciados por Cervera y a menudo extraviados para nosotros— presenta algo de sugerente y tentador hojaldre. Me explicaré; un tomo como Algo personal ofrece —y por mantener el símil— varias hojuelas; la primera y más útil consiste en el hallazgo inesperado; sucederá cuando —y les aseguro que les ocurrirá en más de una ocasión— entre sus páginas tropiecen con algún título que por cierto rasgo que Cervera recalque como crucial en su trama o en su estilo, o bien recoja al vuelo y sin darle mayor importancia y que, en cambio, para ustedes resulte de enorme interés, por más que ignorasen su existencia hasta ese instante. Su cabal consecuencia debería de ser que lo soliciten en su librería de cámara; por desgracia —ya lo anticipé arriba—, algunos de los más intrigantes relatos que nos recomienda Cervera en Algo personal, como Los enanos (1962), de Concha Alós, o El hombre jazmín (1977), de Unica Zürn, o incluso cualquiera de las ásperas a la par que casi legendarias novelas de Miguel Espinosa, tendrán ustedes que buscarlas entre las librerías de lance, porque hace años que la avalancha continua de novedades las desterró de las baldas de las librerías habituales. Aunque ahora, con las facilidades ofrecidas por Internet, tampoco le supondrá un gran inconveniente.

Una segunda capa de este hojaldre —como he convenido en calificar a Algo personal para exponérselo con mayor soltura— sería aquella que nos azuzase la malicia, al estimularnos ese estéril balance sobre cuáles títulos y autores recoge y cuáles —que a nuestro parecer pudieran ser imprescindibles— ignora, para adjudicarle, al cerrar sus páginas, un valor literario según esté en consonancia con nuestros criterios. Pero he aquí que esta quisquillosa exigencia es absolutamente superflua, porque Algo personal se ciñe a una serie de lecturas que jalonaron una vida, ni siquiera —y repárese bien en este detalle— se trata de ponderar literariamente —aunque alguna vez incurra en ello— la importancia de la obra general de un autor; sino el significado que tuvo este o aquel título para aquel lector que fue Alfons Cervera. Pero resulta que aquel lector es hoy un escritor consumado y nos puede descubrir no solo textos ignotos —como ya he apuntado— sino detalles y urdimbres de otros que hemos leído y que se nos escaparon. Por tanto, no busquen “echarle un pulso” a Cervera en Algo personal, no merece la pena y desperdiciarían su lectura; busquen lo que siempre hemos buscado codiciosamente en los libros: maravillarnos ante lo imprevisto.

Y, por último, este tipo de obras, aún contiene una tercera y digamos más sentimental hojuela; aquella apetecida y disfrutada sobre todo por quienes admiran o siguen con expectante gratitud la carrera literaria de su autor; y se trata de las anécdotas unidas a este o aquel título; cómo, por ejemplo, la manera en qué fue a caer en sus manos o dónde lo compró, o en qué circunstancias gratas o doloridas lo leyó, o qué recuerdos le evocó su lectura; en fin, todo eso que de íntimo se gotea, por aquí y por allá, para darle temperatura humana a una crónica con retazos de la vida. Por pudor y por la concisión propia del género —no se olvide que Algo personal lo traba una sucesión de artículos, algunos aparecidos hace años en Quimera; sin duda, la revista literaria más estimable del país—, Alfons no se expansiona con abundancia en este menester durante Algo personal, aunque en absoluto lo descuide, para satisfacer con alguna estampa por aquí y otra, por allá, la candorosa avidez de sus seguidores.

En fin, que Algo personal es una obra caprichosa, compuesta por hallazgos que, tras sorprenderse, agradecerán.

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