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“Nadie sabe dónde estuvimos”, de Luis Benítez

Editorial Palabrava, Santa Fe, Argentina, 2021
miércoles 23 de junio de 2021, 08:00h
Nadie sabe dónde estuvimos
Nadie sabe dónde estuvimos

Las últimas publicaciones del poeta, narrador y ensayista literario argentino Luis Benítez (Buenos Aires, 1956), orientadas fundamentalmente hacia la novela y la investigación, parecían haber dejado en un inmerecido segundo plano su producción poética. Y como si ese supuesto tiempo en blanco supusiera una deuda a saldar, su nuevo poemario, “Nadie sabe dónde estuvimos”, editado por el ascendente sello santafesino Palabrava, sale a luz -nunca más oportuna la métafora- con una abundante cantidad de poemas.

Para ordenar el mundo, Benítez reordena las palabras

Benítez es, a la par de un escritor prolífico, un poeta de tiempo completo y esa praxis literaria de vida y obra queda necesariamente plasmada en cada uno de sus libros. Sin necesidad de explicitarlo, este distópico presente marcado a fuego por la pandemia del Covid-19 asoma, se camufla o directamente grita, en distintos puntos del trayecto que invita recorrer este trabajo de largo aliento. “La muerte es una desorientada mensajera”, alerta el poeta en guardia.

Ya desde su título, el autor de “La tarde del elefante” desafía a los arqueólogos del futuro, convencido de que “en la palabra ayer todas las cosas de hoy son el mañana”. Cuando pase esta pesadilla del virus global, probablemente los que queden en pie se pregunten “dónde estuvimos” cuando la pandemia nos metía tanto dentro de nuestras casas como de nuestras mentes y sus implacables laberintos. Dónde, cuando estos poemas se cocinaban en un caldo espeso de desasosiego y preguntas retóricas. Dónde, cuando las palabras eran el único salvoconducto, el abrazo prohibido, el café postergado, los brindis asordinados. Quizás a la conclusión a la que arriben es que “la nuestra es una conspiración sintáctica/y quien reordena las palabras está ordenando el mundo”.

Benítez lanza su palabra para romper la ventana del idioma

Consciente o inconscientemente, Benítez nos habla a todos, se habla a él mismo, le grita a los indolentes poderosos, se enoja con el mundo y con aquellos que lo sabotean todo el tiempo. Se piensa y nos piensa. Es escéptico y esperanzado y (nos) advierte: “Lancé mi piedra a lo desconocido/ y rompí la ventana del idioma”. Porque no es de otra forma que empoderado por la palabra que pueda uno protegerse ante lo indecible ya que “nada importante viene a nosotros montado sobre un dragón sino en sigilo”.

Con 42 libros de poesía, ensayo y narrativa publicados en Argentina, Chile, España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Italia, México, Rumania, Suecia, Venezuela y Uruguay, Benítez cuenta con una sólida y profunda obra que amerita conocerse, seguirse, o revisitarse en todo momento, porque pase lo que pase con el planeta y cada uno de nosotros, inquilinos siempre al borde del desalojo, “como un témpano de hielo en el whisky de un dios es el deseo ferviente de vivir”.

Razón más que suficiente, entonces, para que “salvemos a la poesía de la ciencia y que no tenga sueños reales como antes”.

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