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Baktapur
Baktapur (Foto: Félix Roig)

NEPAL - EL PAÍS DEL HIMALAYA AL BORDE DEL ABISMO

viernes 22 de octubre de 2021, 13:00h

El pasado 21 de Junio y con motivo del Día Internacional del Yoga, el Primer ministro del Nepal, KP Sharma Oli declaró que el yoga se había originado en el Nepal y no en la India. Dentro de su país la proclama no resultó una sorpresa para nadie. Conocido por sus comentarios fuera de tono, indiferencia ante la desmesurada corrupción existente e inhabilidad para que el país del Himalaya experimente algún crecimiento económico, su ocurrencia solo probó la frágil posición del dirigente político.

KP Sharma Oli
KP Sharma Oli

Tras un segundo y paralizante aislamiento debido a la pandemia del virus Covid-19 desde el 26 de Abril y el colapso económico general, Nepal está viviendo uno de los peores momentos de su insólita historia.

Tratando de jugar a la carta nacionalista, el populista líder comunista (Partido Marxista-Leninista Unificado) no consiguió más que despertar las iras en algunos sectores yóguicos de la vecina India y la indiferencia en su propio país. Junto a la pandemia que ha tenido al país inmovilizado, alcanzando el pasado Mayo la tasa de transmisiones más alta del mundo, el Primer ministro se enfrentaba a la pérdida de un voto de confianza en el Parlamento y a la disolución del mismo en menos de seis meses. Al mismo tiempo el Tribunal Supremo expulsaba a 21 ministros de su administración, dejándolo con solo 6 y el papel de simple conserje de un gobierno que no existe. La concurrencia no podía ser menos afortunada.

Junto al estancamiento económico y la apatía general del país generada desde el primer aislamiento del 24 de Marzo del 2020 (que se dio por finalizado el 21 de Julio del mismo año), Nepal se enfrenta a la incuestionable crisis del funcionamiento de su propia existencia. Con su visceral papanatismo, KP Sharma Oli olvidó que una de las bases de la antigua filosofía de su país (y de la India también) es el pramana, o el proceso según el cual se puede conseguir el conocimiento correcto y cómo hacer el mejor uso del mismo.

PIEZA DE CONTENCIÓN

Un trapezoide de apenas 200 km de ancho y 800 km de largo que alberga gran parte de la cordillera del Himalaya, Nepal siempre ha sido la pieza esencial de contención entre sus dos poderos vecinos y eternos rivales, India y China. A pesar de la activa presencia de trabajadores y turistas chinos en el país y de que la OMS declaró la aparición del Covid-19 como una Emergencia Internacional el 30 de Enero del 2020 y finalmente Pandemia el 11 de Marzo, el gobierno de Oli no impuso su confinamiento hasta el 24, trece días más tarde. Su Ministerio de Turismo había planificado una flamante operación publicitaria llamada Visit Nepal 2020 con miras a alcanzar la entrada de turistas en 1.5 millones de visitantes pero finalmente la inversión quedó en nada.

Durante esa primera ola de coronavirus, su repercusión en Nepal fue relativamente reducida con 10.000 infecciones y menos de un centenar de defunciones. A pesar de las advertencias de ciertos sectores de la sanidad, el 21 de Julio del 2020 la administración de KP Oli declaraba el fin del aislamiento, permitiendo con extraordinaria estulticia la reapertura de fronteras, la llegada de turistas –cuando Europa registraba su peor momento con el mayor número de contagios-, y su libre circulación por todo el territorio. El 15 de Agosto el número de defunciones por Covid-19 ya había sobrepasado el centenar y dos meses más tarde, en Noviembre, ya eran 1.000. El gobierno, una vez más, demostrando toda falta de previsión y estrategia, no hizo nada.

EXPLOSIÓN DE VIRUS

Con la segunda ola de Covid-19 a inicios del pasado Marzo, las circunstancias fueron más extraordinarias pero en el peor de los sentidos. Tan pronto como la segunda variante empezó a asolar la India y el país se convirtió en un auténtico escenario de horrores, las ciudades más pobladas y muchos de sus estados empezaron a imponer confinamientos temporales, produciendo el cierre de negocios y servicios. Con ello gran parte de los trabajadores nepalíes en la India, -cuyas cifras no oficiales estiman sobre 1 millón-, decidieron regresar a casa.

Los 1.850 km de frontera entre Nepal e India es una de las más porosas de Asia si no del mundo. Los ciudadanos de los dos países no solo disponen de libre circulación en ambos sentidos, sino que los únicos siete puntos de entrada oficiales solo son para transporte de carga y personas de terceros países. El resto se pierde en una infinita y llana planicie sin vallado ni controles, perfecta para el contrabando y todo tipo de actividad ilícita como el ampliamente denunciado tráfico humano. Se estima que la mayor parte de esos trabajadores procedentes de la India, cruzaron la frontera sin control sanitario de ninguna clase para dirigirse seguidamente a la capital, Katmandú, sin que nadie previera el riesgo implícito en ello.

Pero ahí no quedó la cosa. El 1 de Abril se había dado inicio en la India al portentoso Kumbh Mella, el festival religioso de dos semanas de duración que en esta ocasión tenía lugar en Haridwar, con la mayor asistencia humana que se registra en el Planeta. A pesar del aumento de contagios que ya estaba registrando el país, el gobierno del Primer Ministro de la India Narendra Modi, también decidió hacer caso omiso a lo que se avecinaba.

Entre los 9 millones de asistentes al festival se encontraba nada menos que el mayormente detestado rey del Nepal, Gyanendra Shah y su esposa, coronado tras el regicidio perpetrado contra su hermano Birendra Shah el 2001 y depuesto el 2008, declarándose la República federal parlamentaria y siendo el último monarca que ha tenido el país después de que su dinastía unificara Nepal el 1760.

El viaje que auspició su espíritu religioso no hubiera tenido repercusión alguna de no ser que a su regreso a Katmandú él y su esposa dieron positivo tras someterse a la prueba del Covid-19. Aun así y sin tener en cuenta el número de nepalíes que hubieran podido asistir al festival, la frontera con la India siguió abierta. Para cuando finalmente el gobierno de KP Oli decidió implementar un segundo aislamiento el 26 de Abril y como ya sucedió durante la primera ola, esos mismos trabajadores, junto a un número importante de residentes en Katmandú, no tuvieron otra opción que protagonizar un dramático éxodo de regreso a sus pueblos de origen.

OMNIPRESENTE ESPÍRITU RURAL

Nepal es el séptimo país más rural del mundo y el primero de Asia, con el 81.76% del total de su población viviendo en zonas rurales. La agricultura se realiza con métodos tradicionales y una productividad de pura subsistencia, especialmente en las zonas montañosas que comprenden más del 30% del total de su territorio. De ese porcentaje de población rural un 20% suele trabajar o estudiar en centros urbanos y cuando las temporadas agrícolas o las circunstancias lo requieren, regresa a la unidad familiar para cooperar en las labores manuales del campo. Solo días después del confinamiento impuesto, el Valle de Katmandú empezó a registrar un extraordinario número de contagios con una frecuencia diaria tan alta que en Mayo casi el 50% de los pacientes sometidos a la prueba del Covid-19 resultaron positivos, alcanzando la cifra a finales de mes de más de 455.000 contagios y rebasando las 5.000 defunciones. Por tanto, lo que estaba sucediendo en la India tenía exactamente la misma repercusión en el Nepal.

El escenario en Katmandú pronto resultó lo nunca visto. Los hospitales públicos quedaron saturados. Los mejores hospitales privados rechazaban pacientes por falta de camas, suministros y equipo médico como oxígeno, ventiladores y equipos de tests, con lo que los afectados morían fuera de los recintos hospitalarios esperando ser admitidos o en sus propias casas.

El éxodo de la población de Katmandú de regreso a sus pueblos de origen, dio libre circulación a que el virus se extendiera a las 7 divisiones administrativas del país y a todos y cada uno de sus 77 distritos. En las zonas rurales, con una carencia crónica de centros o asistencia sanitaria, la gente moría en sus casas sin haber sido ni siquiera diagnosticada o tratada. Las previsiones de expertos sanitarios durante el mes de Mayo eran de que dos meses más tarde las defunciones alcanzarían el número de 40.000, la peor cifra de fatalidades en todo el Sur y Sudeste de Asia.

A sí mismo el programa de vacunaciones estuvo plagado de factores políticos. Primero en Febrero la India iba a conceder 1 millón de dosis de Astra-Zeneca, pero con la implosión de casos en su propio país la exportación fue interrumpida. Luego la China prometió 1 millón de vacunas Sinopharm de las cuales llegaron 800.000 pero no se sabe con exactitud que distribución se realizó y cuáles eran los grupos prioritarios. Los hospitales y centros sanitarios vacunaban a su personal pero la adquisición de la vacuna no era asequible al público, incluyendo a quien aquí suscribe, ni siquiera pagando. A día de hoy y con una población de 28 millones de habitantes, solo el 1.27% está vacunada.

LA CUMBRE ASEDIADA

La flamante montaña más alta del mundo, el gran Everest (Sagarmatha para los nepalíes) es el símbolo incuestionado del país del Himalaya. Se trata del emblema nacional, figura en todos sus billetes y si el Nepal es renombrado por algo es precisamente por su gran macizo y la atracción global que despierta.

Aunque las cifras de entrada de visitantes al país nunca ha sido espectacular –apenas sobrepasó el millón el 2019, mientras la India recibía casi 18-, el turismo produce una de las principales entradas de divisa extranjera y es uno de los ingresos más importantes dentro de sus fronteras, empleando a más de 1 millón de personas y contribuyendo al 7.9% de su PNB. Si bien un gran número de visitantes se dedica a realizar trekkings a las más de 35 rutas que ofrece el montañoso país, las ganancias más sustanciosas en el sector proceden de la escalada a la majestuosa cumbre que es más fácil de acceder desde Nepal que de la China.

Con un coste de 25.000 a 40.000 dólares por expedición (45.000 si es organizada por una agencia extranjera), los beneficios que se embolsa el Ministerio de Turismo son incalculables. Dicho esto, la política que se ha seguido para conceder permisos a la cumbre ha ido a la par con la popularidad de la escalada, perdiendo en el camino su norte. Desde su primer ascenso en 1953 hasta el año 2000, 1.383 personas habían alcanzado su cima. Solo en el año 2018 lo hicieron 800.

La comercialización de la cumbre ha provocado el deterioro dramático de su ecosistema. En el 2019 se organizó una campaña que recogió 10.000 kg de basura pero cada año hasta 12.000 kg de excrementos humanos se dejan en la montaña. Y ni siquiera la pandemia del Covid-19 fue un elemento disuasorio. Los oficiales gubernamentales restaron importancia a la amenaza, concediendo permisos gracias a la impunidad que existe con respecto a la corrupción en el sector. Incluso tras el aislamiento impuesto el 26 de Abril, el 5 de Mayo 15 escaladores dieron positivo a su regreso a Katmandú y un mes más tarde ya había por lo menos un centenar de casos en el mismo campamento base de la cima. La respuesta oficial del gobierno fue negarlo.

CRISIS DE UNA NACIÓN

Con un sistema político que no funciona, una economía crónicamente ineficaz y una sociedad sin objetivo, los retos que se imponen al país no son pocos. Según muchos analistas el problema base es el sistema educativo o la falta del mismo. Aunque la educación primaria gratuita está garantizada por la constitución, nunca hay fondos suficientes en los presupuestos del estado para garantizar su implementación.

Con solo el 5.2% de su PNB dedicado a la misma, la inscripción a nivel secundario es inferior al 60% y solo del 12% a nivel universitario. La infraestructura y los materiales de educación son pobres y la politización y el escaso nivel de la misma son su primordial obstáculo. Centenares de estudiantes abandonan el país en busca de una educación superior y naturalmente la mayoría no regresa. Otro factor adicional es el intrínseco aislamiento tanto geográfico –Nepal carece de salida al mar-, como cultural de la nación. El país tiene 17 periódicos, 50 estaciones de TV y unas 30 de radios, pero el carácter rural del territorio impide una difusión eficaz de la información (solo el 37% de familias posee TV) y los nuevos medios de comunicación sociales han fulminado a los tradicionales con una mejora discutible pues se estima que solo el 30% de la población sabe quién es el Primer ministro.

La actual ausencia de empuje económico en todos los sectores, con el PNB nominal por cápita más bajo de Asia (con la excepción de Afganistán), es lo que contribuye al éxodo masivo de la mano de obra no cualificada fuera del país, mayormente a la India, los países del Golfo Pérsico y el Sudeste Asiático. Las remesas de divisas procedentes de los trabajadores en el extranjero subieron el 2019 a 8.1 billones de dólares, siendo Nepal el décimo país receptor del mundo en remisiones, constituyendo el 28% de su PNB.

Pero ello no contribuye a ningún crecimiento. Con un presupuesto gubernamental de 13.71 billones de dólares (2019/2020), el gasto en el desarrollo de infraestructura, mayormente asistido con la sempiterna ayuda extranjera, ni siquiera cumple con sus objetivos.

El único aspecto económico y social que parece no tener freno es la corrupción generalizada. El 2020 la agencia alemana Transparency International calificó a Nepal como el más corrupto de 17 países asiáticos. El informe incluía a las oficinas presidenciales y las del Primer ministro, así como el 43% de legisladores, oficiales del ejército, policía, jueces y personal de las cortes.

Aun siendo el segundo país del mundo en reservas de agua, los cortes eléctricos suelen ser de dos a tres diarios y se debe importar energía hidroeléctrica de la India. La mayor parte de carreteras no son operables durante la estación de lluvias y aunque hay 10 aerolíneas domésticas y una internacional, todas están prohibidas por la Unión Europea y los Estados Unidos.

EN BÚSQUEDA DE SU ESENCIA

Más que a lo largo de su historia, el actual Primer ministro del Nepal, el inefable KP Sharma Oli parece encapsular el espíritu que se vive hoy en el país. No terminó su educación secundaria, pasó 14 años consecutivos en la cárcel por su oposición a la monarquía, donde aprovechó por aprender inglés. Su afición al whisky es conocida (ha tenido dos trasplantes de riñón) y sus conexiones con el hampa local notorias, especialmente su amistad con el mafioso Dinesh Adhikari de quien se dice que el político acabó mandando liquidar. Y sus salidas de tono, antipatía por la India y rancio nacionalismo son motivo de chascarrillos diarios. Durante el momento más crítico de la pandemia de Covid-19 abogó por la ingesta de ajo, jengibre y cúrcuma como método milagroso contra el virus, anunciando además que el super-ordenador Linux, el mejor equipado del mundo, se estaba fabricando en el Nepal.

Pero cuando en el momento presente el número de contagios por la nueva variante del virus ha alcanzado los 28.000 casos activos y las 9.198 defunciones y se calcula que una tercera parte de la población puede quedar por debajo del límite de la pobreza (2 dólares al día), las ocurrencias del Primer ministro tienen cada vez menos gracia. Con la actual reapertura, a pesar de las advertencias sanitarias, los dirigentes del Nepal tal vez podrían tratar de alcanzar unos parámetros éticos y políticos que nunca ha tenido, aprendiendo de la propia naturaleza de la antigua filosofía del pramana o cómo conseguir el conocimiento correcto para la actuación más adecuada, devolviendo así el orgullo a un país nunca más necesitado de ello.

La extraordinaria gentileza, formalidad y férrea capacidad de supervivencia tan característica del pueblo nepalí, uno de los más multiétnicos, multiculturales y multireligiosos del mundo, sin duda merece aspirar a conseguirlo.

Félix Roig ha vivido y trabajado como periodista, fotógrafo e investigador en el subcontinente Indio durante veinticinco años. Actualmente reside en el Nepal.

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