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San Juan de invierno
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San Juan de invierno

“SAN JUAN DE INVIERNO”

Por Álvaro Bermejo
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beralvatelefonicanet/7/7/18
sábado 28 de enero de 2023, 10:43h
Nada de calor, nada de luz, cielos negros. El día es una tumba. Invierno, la espantosa estación”. Así la describe Víctor Hugo, en ‘Los Miserables’. Una mirada desencantada, como la de Démeter cuando crea el invierno para cubrir el mundo con un manto de tristeza mientras su hija pena en el Hades. Sin embargo, los griegos contemplaban los solsticios -el de verano y el de invierno- como dos puertas, la de los hombres y la de los dioses. Las mismas que guarda con sus dos rostros el romano Janus, el que nombra al mes de enero. El que sería cristianizado en dos Juanes igualmente solsticiales. Conocemos bien al san Juan de verano, el de las hogueras y los cantos. ¿Qué sabemos del san Juan de invierno?

Allá por el siglo XVII Edmond Halley constató que entre el 21 y el 22 de diciembre la velocidad de rotación de la tierra se ralentiza, y a partir de esa noche, comienza a incrementarse, y el sol a subir. Siempre fue un tiempo sagrado, el cambio de ciclo en la rueda del eterno retorno. Tiempo de resistencia y renacimiento. El del abeto, que permanece siempre verde. El del muérdago, que marca el triunfo de la luz sobre las tinieblas. También el de los dos Juanes y sus mensajes, cuyas raíces se hunden en los viejos cultos paganos consagrados al fuego de los hombres y al sol de los dioses.

El Bautista anuncia la llegada de la luz en dos planos, el solsticial y metafísico. No en vano cuando bautiza a Cristo en el Jordán lo hace con estas palabras: “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya”. ¿Cuál es el mensaje del otro Juan? El que marca su festividad, el 27 de diciembre, el día del solsticio de invierno. Un evangelio que se distingue de los otros tres, los sinópticos, semejante a un “kerigma”, una predicación en voz alta, la que anuncia el renacimiento de la luz.

Se puede contar aludiendo a la festividad romana del Sol Invictus, y a las saturnales que la seguían. Lo cuenta mejor un relato de Pushkin, en el que una tempestad de nieve irrumpe en el destino de sus protagonistas, para cambiar su vida. Es lo que abre la puerta del san Juan de invierno. Algo parecido a una transmutación alquímica. Convertir el frío en calor, desde dentro de nosotros mismos. Convertir la oscuridad en luz, desde dentro de nosotros mismos.

Tal vez la crisis energética tenga algo que ver con la tiniebla existencial en la que vivimos. Tanto necesitamos la fiesta permanente, y permanentemente iluminada. Tanto miedo nos da sentir el frío del alma. Saber que estamos a oscuras.

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