Texto de Ovidio en las Metamorfosis (Libro I, versos 548-552).
Vix prece finita torpor gravis occupat artus, mollia cinguntur tenui praecordia libro, in frondem crines, in ramos bracchia crescunt, pex modo tan verlox pigris radicibus haeret, ora cacumen habet: remanet nitor unus in illa.
Traducción libre: “No bien termina el ruego un sueño profundo se apodera de los miembros, / el tierno vientre se cubre de una delgada corteza, / los cabellos se mudan en hojas, los brazos en ramas; / a los pies hace un instante tan ligeros, se pegan raíces inertes, / y una copa arbórea le cubre el rostro: solo de ella la hermosura”. Soneto de Garcilaso. Pudo componerse entre 1533 y 1536, durante la estancia del poeta en Nápoles. El tema reaparece en la Égloga III, en concreto en los versos 153-168.
A Daphne ya los braços le crecían y en luengos ramos bueltos se mostravan, en verdes hojas vi que se tornavan los cabellos quel oro escurecían;
de áspera corteza se cubrían los tiernos miembros que aún bullendo n’stavan; los blancos pies en tierra se hincavan y en torcidas raýzes se bolvían.
Aquel que fue la causa de tal daño, a fuerça de llorar, crecer hazía este árbol, que con lágrimas regava.
¡O miserable ‘stado, o mal tamaño, que con llorarla crezcan cada día la causa y la razón por que llorava! Edición de Elías L. Rivers.Madrid, Castalia, 1974, págs. 101-102.
Notas. Garcilaso se centra en el momento final de la historia: perseguida por el enamorado Apolo, la ninfa Dafne ve cumplido su deseo de escapar al acoso divino, auxiliada por su padre, el río Peneo (o Ladón, según versiones), que la convierte en laurel, árbol de corteza muy fina. Verso 2. luengos ramos. Largas ramas. Verso 3. vi. Esta formal verbal aporta una considerable carga de ambigüedad. ¿Se imagina Garcilaso que está presenciando el suceso que cuenta, o es otro personaje quien habla? ¿O Garcilaso, simplemente, recrea el episodio que ha contemplado en alguna manifestación artística, ya sea cuadro o escultura? Hoy se puede contemplar en la Galería Borghese de Roma el espléndido grupo escultórico “Dafne y Apolo”, original de Bernini.
Verso 4. los cabellos quel oro escurecían. Los cabellos superaban el oro en esplendor. Verso 9. Aquel que fue la causa de tal daño. Paráfrasis alusiva a Apolo. Verso 12. tamaño. Muy grande. Verso 14. Juego conceptual: al regarlo con sus lágrimas, Apolo hace crecer el laurel en que se ha transformado Dafne, que es la causa de su llanto. En palabras de Elías Rivers: “El árbol causa que Apolo llore, y sus lágrimas a su vez causan que el árbol crezca, en círculo perpetuo de causas y efectos mutuos”.
Aspectos rítmicos de interés en el soneto de Garcilaso.
El verso 5 presenta un hiato, en lugar de sinalefa, al tratarse de un endecasílabo heroico (con acentos en las sílabas 2.ª, 6.ª y 10.ª: “de-ás-pe-ra-cor-te-za-se-cu-brí-an”. Y en cuanto al verso 7, el hiato se debe a la aspiración faríngea sorda de la h, procedente de f- antevocálica latina (“hincar” proviene de fincare): “los-blan-cos-pies-en-tie-rra-se-hin-ca-van”; y, de esta forma, estamos ante otro endecasílabo heroico, ahora con acentos en las sílabas 2.ª, 4.ª, 6.ª y 10ª. Conviene resaltar que todos los endecasílabos acentúan en la 6.ª sílaba y que predominan los endecasílabos heroicos (versos 1, 2, 3, 5, 6, 7, 9, 10, 11 y 14). Y que son melódicos precisamente los endecasílabos que cierran cada uno de los tercetos (que acentúan en las sílabas 3.ª, 6.ª y 10.ª). El verso 6 acentúa en todas las sílabas pares, por lo que es un endecasílabo “pleno lo garcilasiano”: “los tiernos miembros que aún bullendo ‘stavan”. Y el verso 12 es un endecasílabo enfático, con acentos en las sílabas 1.º, 4.ª, 6.ª, 7.ª, 8.ª y 10ª (es decir, que el acento que recae en la primera sílaba es extrarrítmico, y el que recae en la 7.ª, antirrítmico, acentos que se repiten en las exclamaciones de un verso bimembre; es decir: “O-mi-se-ra-ble ‘sta-do / o-mal-ta-ma-ño”. Por último, el verso 13 es un endecasílabo sáfico, aun cuando mantiene la acentuación en 6.ª sílaba, además de en 4.ª y 8.ª. Y de los 53 acentos de que consta el soneto (14 en el primer cuarteto, 15 en el segundo; 11 en el primer terceto, 13 en el segundo), además del acento estrófico en décima sílaba, que determina el ritmo yámbico, todos los acentos son rítmicos, al caer en sílaba par, salvo los acentos en 3.ª sílaba de los versos 4 y 8, que son extrarrítrmicos, y los acentos en 1.ª (extrarrítmico) y 7.ª (antirrítmico) del endecasílabo 12. Garcilaso ha logrado, con este esquema acentual, una extraordinaria musicalidad en sus versos, de perfecta andadura rítmica, adecuadamente combinados para producir una sensación de grata armonía. Obviamente, el leve hipérbaton que se produce en los versos 10-11 (“crecer hazía / este árbol”) viene determinado, además de por el ritmo acentual, por la rima consonante en -ía; y ello al margen de la tendencia a colocar el verbo al final de verso (endecasílabos 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 10, 11 y 14), lo que sin duda facilita las rimas consonantes al elegir el pretérito imperfecto de indicativo (ían/avan, en los cuartetos; ava, en los tercetos). Finalmente, descubrimos un una rima interna en los versos 1-2 (“brazos/ramos”) e incluso entre los versos 5 y 7 (“corteza/tierra”). Y no parece casual que el acento en sexta sílaba recaiga seis veces sobre la vocal a, que es la de mayor perceptibilidad acústica (brazos, corteza, causa, llorar, lágrimas, ‘stado).
Soneto de Quevedo. Del mito a la “desmitificación”, mediante una parodia grotesca que envilece a los personajes.
A Dafne, huyendo de Apolo.
“Tras vos, un alquimista va corriendo, Dafne, que llaman Sol, ¿y vos tan cruda? Vos os volvéis murciélago, sin duda, pues vais del Sol y de la luz huyendo.
Él os quiere gozar, a lo que entiendo, si os coge en esta selva tosca y ruda: su aljaba suena, está su bolsa muda; el perro, pues no ladra, está muriendo.
Buhonero de signos y planetas, viene haciendo ademanes y figuras, cargado de bochornos y cometas”.
Esto la dije; y en cortezas duras de laurel se ingirió contra sus tretas, y, en escabeche, el Sol se quedó a escuras. Edición de José Manuel Blecua.Barcelona, Planeta, 1963, págs. 562-563.
Apolo, dios que la mitología griega y romana asocia con el Sol, queda ridiculizado sobre todo en el último verso: “y, en escabeche, el Sol se quedó a escuras”, porque no tuvo acceso a Dafne, convertida en laurel de “cortezas duras” (verso 12). Y también la ninfa Dafne es sometida a un proceso de envilecimiento: “Vos os volvéis murciélago, sin duda, / pues vais del Sol y de la luz huyendo” (versos 3-4). Y hasta la Naturaleza deja de ser un “locus amoenus” (lugar apacible que sirve de escenario perfecto para la belleza y el amor) para convertirse en “selva tosca y ruda” (verso 6).
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Breve bibliografía.
Comentario del texto en el blog “Poeliteraria. (El arte de pintar por medio de las palabras)”. Autor: Alejandro Aguilar Bravo. http://poeliteraria.blogspot.com/2019/04/comentario-de-texto-de-oposicion-tras.html
María Jesús Cabañas Martínez: “El mito de Apolo y Dafne: Diferencias de tratamiento en Garcilaso y Quevedo a través de dos sonetos”.
Javier Maldonado Araque: “Apolo y Dafne en los sonetos de Quevedo: el antimito y su lógica productiva”. https://revistaseug.ugr.es/index.php/florentia/article/view/4058/4013
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