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Nuestro poema de cada día
Monumento a Francisco de Quevedo, sito en la glorieta que lleva su nombre, en Madrid. Es obra del escultor Agustín Querol (de 1902).
Monumento a Francisco de Quevedo, sito en la glorieta que lleva su nombre, en Madrid. Es obra del escultor Agustín Querol (de 1902).

LA POESÍA FILOSÓFICO-MORAL

La originalidad de la plasmación literaria de tópicos sobre la muerte y la vida

En riqueza temática, Quevedo está muy por encima de Góngora. Su mente poderosa, excepcional en su siglo, se sintió atraída por cuestiones políticas, teológicas, filosóficas y morales, expresadas con un idioma cargado de gravedad, y con un estilo sentencioso, conciso, agudo, de austera sobriedad y penetrante profundidad de pensamiento.

El Parnaso español
El Parnaso español

Obsérvese con qué nobleza y dignidad se hallan expuestas en el siguiente soneto las ideas de la muerte y el desengaño, ideas que aunque pudieran resultar algo tópicas desde luego, no lo son en la formulación literaria, incorporadas a su propia persona; y, de ahí, su extraordinaria originalidad.

Conoce la diligencia con que se acerca la muerte,
y procura conocer también la conveniencia de su
venida, y aprovecharse de ese conocimiento
Ya formidable y espantoso suena
dentro del corazón el postrer día,
y la última hora, negra y fría,
se acerca, de temor y sombras llena.
Si agradable descanso, paz serena
la muerte en traje de dolor envía,
señas da su desdén de cortesía,
más tiene de caricia que de pena.
¿Qué pretende el temor desacordado
de la que a rescatar piadosa viene
espíritu en miserias añudado?
Llegue rogada, pues mi bien previene;
hálleme agradecido, no asustando;
mi vida acabe y mi vivir ordene.

Francisco de Quevedo: Antología poética. Madrid, editorial Castalia, 1989.
Colección Castalia Didáctica, núm. 20; pág. 60.

Apoyo léxico. Desacordado. Disconforme, inconsciente. Añudado. Anudado.

Este poema es un perfecto ejemplo de manejo de una depurada técnica literaria claramente barroca. La andadura rítmica de los versos del soneto obliga a recurrir continuamente al hipérbaton y, de esta manera, la posición de determinadas unidades lingüísticas en un orden distinto del habitual realza su contenido semántico y hace más intenso su valor expresivo. Estos son los diferentes hipérbatos que figuran en el texto:

Ya formidable y espantoso suena / dentro del corazón el postrer día, (versos 1 y 2); en vez de “el postrer día suena ya formidable y espantoso dentro del corazón”.

y la última hora, negra y fría, / se acerca, de temor y sombras llena. (versos 3 y 4; en vez de “y la última hora, negra y fría, se acerca llena de temor y sombras”.

Si agradable descanso, paz serena / la muerte en traje de dolor envía, (versos 5 y 6); en vez de “Si la muerte envía agradable descanso, paz serena en traje de dolor”.

señas da su desdén de cortesía, (verso 7); en vez de “su desdén da señas de cortesía”.

de la que a rescatar piadosa viene / espíritu en miserias añudado? (versos 10 y 11); en vez de “de la que, piadosa, viene a rescatar [a mi] espíritu del cuerpo (= miserias) en que está (= añudado)”.

mi vida acabe y mi vivir ordene (verso 14); en vez de “[la muerte] acabe mi vida y ordene mi vivir [espiritual]”.

Por otra parte, Quevedo emplea a lo largo del soneto diferentes recurrencias o repeticiones que le confieren, así, una trabada organización interna. Seguidamente se analizan los diferentes emparejamientos o coupligns, según la terminología de Samuel R. Levin [1], en virtud de los cuales aparecen elementos lingüísticos equivalentes en posiciones también equivalentes, ya sea en el plano fónico, en el morfosintáctico o en el léxico-semántico:

formidable y espantoso (verso 1). Reiteración de epítetos que refuerzan el significado de “muy temible, que infunde miedo”, que se atribuye a postrer día -eufemismo que reemplaza al vocablo muerte y que evita, así, su mención directa-. Ambos epítetos desempeñan la misma función de complemento predicativo en la oración que tiene como núcleo del predicado al verbo suena.

negra y fría (verso 3). Reiteración de epítetos que refuerzan el significado de “infausto, que produce espanto o temor”, que se adjudica a última hora -nuevo eufemismo para aludir a la muerte-. Los dos epítetos vuelven a desempeñar la función de complemento predicativo en la oración que tiene como núcleo del predicado al verbo pronominal se acerca. (Existe, además, un claro paralelismo entre el verso 1 y el verso 3, ya que en las oraciones de ambos versos se reitera la misma construcción sintáctica: “el postrer día suena formidable y espantoso” / “la última hora se acerca negra y fría”).

de temor y sombras llena. (verso 4). En esta ocasión se reiteran nombres, en construcción binaria, reiteración en cierto modo similar a la que figura en los versos 1 y 3, en los que se repiten parejas de adjetivos; y, de esta manera, se prolonga la construcción paralelística: “la última hora se acerca temible y sombría”.

agradable descaso, paz serena (verso 5). Reiteración de nombres más o menos sinónimos -descanso, paz-, acompañados en cada caso por un epíteto que refuerza su significado conceptual -agradable y serena, respectivamente-. Ambas construcciones desempeñan la función de complemento directo del verbo envía: “Si la muerte, con apariencia de dolor (= en traje de dolor) envía agradable descanso (y) paz serena...” Por otra parte, la ordenación cruzada de las dos secuencias bimembres paralelas que aparecen yuxtapuestas -recurso denominado quiasmo- de modo que en la segunda secuencia se invierte el orden de la primera (adjetivo + nombre: agradable descanso/nombre + adjetivo: paz serena), origina un endecasílabo con acentos en 3.ª, 6.ª, 8.ª y 10ª sílabas de sugestivos efectos expresivos, muy adecuado para introducir esa imagen grata de la muerte que inunda el segundo cuarteto, frente a la imagen macabra de que se la que reviste en el primer cuarteto.

señas da su desdén de cortesía, / más tiene de caricia que de pena. (versos 7 y 8). Reiteración de términos antónimos en construcción paralelística: desdén/cortesía -verso 7-, caricia/pena -verso 8.

mi vida acabe y mi vivir ordene. (verso 14). El sujeto implícito de los dos verbos coordinados -acabe y ordene- es la muerte; y ambos verbos reiteran semánticamente su complemento directo -mi vida/mi vivir-, colocado en idéntica posición -es decir, antepuesto al verbo-. El verso debe entenderse de la siguiente manera: “la muerte acabe -o mate- mi vida y ordene mi vivir (espiritual)”. La forma verbal ordene está tomada en dos sentidos -doble interpretación que recibe el nombre de dilogía o silepsis-: “decida mi vivir” -ya que la muerte implica la vida eterna y, por tanto, agradable descanso y paz serena- y “ponga orden en mi vivir”, pues el solo pensamiento de la muerte es suficiente para rectificar la propia conducta vital y ajustarla a principios ético-morales de carácter intemporal, precisamente porque el espíritu está en miserias añudado -es decir, que el espíritu está fuertemente atado (= añudado) al cuerpo (miserias)- (verso 11).

En cuanto a la selección léxica llevada a cabo por Quevedo, en el primer cuarteto consigue un sacudimiento de terror al acumular vocablos que, en el plano del significado, acentúan los valores puramente negativos de la muerte (formidable y espantoso, postrer día, última hora, negra y fría, temor y sombras); y, en el plano del significante, reiteran el fonema vibrante simple -en aliteración especialmente sugerente para acrecentar un sentimiento de horror ante la muerte (formidable, dentro, corazón, postrer, hora, negra, fría, acerca, temor, sombras)-. En el segundo cuarteto, en cambio, Quevedo concentra vocablos que connotan una sensación de profunda apacibilidad (agradable descanso, paz serena, cortesía, caricia) y que ayudan, por tanto, a subrayar la faceta positiva de la muerte, que se presenta en traje de dolor -un dolor más aparente que real-, cuya indiferencia -desdén- no pasa de ser un signo de cortesía, e incapaz de provocar aflicción -pena-. Dos cuartetos, en suma, que encierran un hábil juego conceptista: la paradoja consistente en hacer que lo que parecía “negro y frío” en el primer cuarteto aparezca “blanco y cálido” en el segundo, y lo que en aquél daba “horror” se convierta en éste en “halago”. Nada de extraño tiene, pues, que en los tercetos -y en particular en el último, marcadamente desiderativo-, el hecho incuestionable de que llegará el día en que haya de morir tenga para Quevedo una extraordinaria dimensión trascendente.

Como complemento del anterior soneto, ofrecemos el célebre poema “¡Ah de la vida!"... ¿Nadie me responde?” (primer verso), un soneto que contiene en sus tercetos una amarga reflexión sobre lo inexorable del paso del tiempo. Especialmente significativos al respecto son los versos 11 (“soy un fue, y un será, y un es cansado”), y 12-13 (“En el hoy y mañana y ayer, junto / pañales y mortaja,…”. Cuna y sepultura, nacer para morir; pues con el paso del tiempo, “la salud y la edad se hayan huido” (verso 6) “y no hay calamidad que no me ronde” (verso 8), porque “he quedado [me he convertido en] / presentes sucesiones de difunto” (versos 13-14).

Represéntase la brevedad de lo que se vive
y cuán nada parece lo que se vivió)
"¡Ah de la vida!"... ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.
¡Que sin poder saber cómo ni a dónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.
En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.
Francisco de Quevedo: Parnaso español.
Madrid, Editorial Espasa, 2020. 2 vols. Biblioteca clásica RAE.

Los “salmos” del Heráclito cristiano de Quevedo.

Con el soneto que se inicia con los versos “¡Cuán fuera voy, Señor, de tu rebaño, / llevado del antojo y gusto mío!”, Quevedo, en plena crisis personal, afronta la composición de 28 salmos. la mayor parte sonetos, de gran calidad literaria, que conforman la obra titulada Heráclito cristiano y segunda arpa a imitación de David; obra que en junio de 1613 envía a su tía Margarita de Espinosa. Reproducimos y comentamos brevemente uno de tales salmos.

Salmo VII
¿Dónde pondré, Señor, mis tristes ojos
que no vea tu poder divino y santo?
Si al cielo los levanto,
del sol en los ardientes rayos rojos
te miro hacer asiento;
si al manto de la noche soñoliento,
leyes te veo poner a las estrellas;
si los bajo a las tiernas plantas bellas,
te veo pintar las flores;
si los vuelvo a mirar los pecadores
que tan sin rienda viven como vivo,
con amor excesivo,
allí hallo tus brazos ocupados
más en sufrir que en castigar pecados.

Obras completas de Francisco de Quevedo.
Poesía. Volumen I. Madrid, Turner, 1995). José Manuel Blecua, editor literario.

Quevedo ha usado como forma métrica un poema no estrófico, típico del siglo XVII: la silva, una combinación de versos endecasílabos y heptasílabos que han adoptado esta personal combinación en su distribución silábica y de rimas consonantes: ABBAcCDDeFGgHH.

El poema no ofrece especiales complejidades formales; tan sólo el sentido metafórico del verso 5 -“te miro, [Señor], hacer asiento”, es decir: te veo establecido, reflejado-; el zeugma del verso 6 -“si al manto de la noche soñoliento,”, o sea: si los [mis tristes ojos, verso 1] levanto [verso 2] al manto...- (recordemos que el zeugma es una figura de construcción que consiste en que cuando una palabra que tiene conexión con dos o más miembros del período está expresa en uno de ellos, ha de sobrentenderse en los demás; este recurso retórico es muy propio de la estética conceptista); y la construcción del verso 10, en la que se ha omitido la preposición a ante el complemento directo de persona: “si los vuelvo a mirar los pecadores” -es decir: si los vuelvo [los ojos] para mirar a los pecadores.

Conceptualmente, el poema manifiesta la omnipresencia de Dios, que gobierna con su Providencia el mundo por él creado -la sucesión de los ciclos temporales: el sol durante el día, las estrellas por la noche; la Naturaleza toda, con sus plantas y flores…, en un caso claro de gradación-. Pero el poeta se centra en su propia persona para reconocerse pecador, y esperar obtener el perdón de la misericordia divina por su vida descarriada. Los últimos versos, hábilmente preparados a través de una misma estructura sintáctica -periodos condicionales que se resuelven con la manifestación del “poder divino y santo” de Jesús-, alcanzan una dramática intensidad: el poeta presenta la figura de Jesús concebida como amor, que más que castigar al género humano sufre la carga de sus pecados: “... con amor excesivo, / allí [en los pecadores] hallo tus brazos ocupados / más en sufrir que en castigar pecados”.

Salmo XVII
Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.
Salime al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.
Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,
mi báculo más corvo y menos fuerte.
Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.

Obras completas de Francisco de Quevedo.
Poesía. Op. cit.

Nuevo soneto de corte pesimista: del esplendor político de la España de antaño ya no queda nada (versos 1-2, metafóricamente se ha pasado de la fortaleza de los muros a su desmoronamiento); la naturaleza ha dejado de ser lugar grato y apacible, porque también le afecta la decadencia global (arroyos helados, ganados quejosos), hasta el extremo de que “con sombras hurtó su luz al día” (verso 8). Y si los cuartetos ponen de manifiesto la decadencia del mundo exterior, los tercetos se adentran en el mundo interior del propio Quevedo: su casa hecha despojos (versos 9-10); su báculo difícilmente puede ya sostenerlo, porque se ha tornado “más corvo y menos fuerte” (verso 11); totalmente avejentado y sin fuerzas para empuñar la espada (verso 12). y la sombra de la muerte acechándolo por doquier (versos 13-14). De la ruina de la patria se ha pasado a la ruina del personaje, sepultado en un macabro pesimismo que ha ido aumentando con el paso de los años, y que se expresa con toda nitidez: vencido por la edad y sin más horizonte que la muerte.

Michael Carlo ha montado en un PDF una didáctica explicación de los recursos estilísticos de este soneto; y cuyo resumen argumental expresa con estas propias palabras: “El Arte vuelve a imitar a la vida. Quevedo ve en la decadencia y la ruina de las defensas españolas (es decir, los muros desmoronados de su patria) y en los despojos de su casa un reflejo de su propia decadencia física y un presentimiento de su propia muerte”.

https://secure-media.collegeboard.org/apc/ap04_span_lit_carlo_q_34689.pdf

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