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¿Autocrítica? "El arca de Rada", de Pilar Quintás/Albert Torés

Colección “Relatos del desertor del presidio”, editorial Pandora, Sevilla, 2025
sábado 21 de febrero de 2026, 18:17h
El arca de Rada
El arca de Rada

Por tomar precauciones preventivas de cara a la hemeroteca o sencillamente porque por algún lugar se ha de empezar, incluso en materia de crítica literaria hay que experimentar. Por ello, traemos al frente de este cuaderno digital, una autocrítica del libro El arca de Rada. Publicado en la colección “Relatos del desertor del presidio” de ediciones Pandora que con propósitos esenciales y mucha sabiduría dirige Pedro Tabernero.

El primer elemento de esta autocrítica no es otro que comprobar que estamos ante ediciones ilustradas. Por otro lado, la pintura, la imagen, la ilustración confirman y conforman la esencia de las colecciones. En ese ejercicio solidario e interdisciplinar de las artes, cuando abordamos un libro de tales características, por supuesto, tratamos de la autoría escrita, pero en la misma medida hemos de acercarnos a la autoría pictórica. En este caso, con una extraordinaria aportación de la pintora Pilar Quintás que se desliza por el relato entre sensaciones y emociones, otorgando a los paisajes escritos la sugerente consistencia de su mirada límpida y de su talento manifiesto. En cierto momento, la pintora admite discurrir por “la obsesión por reproducir los lugares que le emocionan”. Se percibe de inmediato la autenticidad de su arte, en este libro con un colorido persuasivo, sensual casi onírico, combinando el pincel y la espátula en una cincuentena de ilustraciones que transmiten tanta profundidad como surrealismo, una esperanza visible en el entorno de lo contradictorio y ambiguo del texto. En efecto, el relato se mueve entre los posibles y lo imposible, generando quiasmos donde se buscaba la belleza de la poesía y el rodar empírico de las piedras preciosas, el transgredir tiempos y espacios y recrearse únicamente en la palabra desencadenada, respetando al mínimo las estructuras narrativas, porque en honor a la verdad, el escritor Torés hubiese querido crear las imágenes de Quintás. En cualquier caso, entiendo la escritura y la pintura buscan la esencia desde la libertad más absoluta, entiéndase ese curioso proceso por el que la pintura se hace dueña del espacio y campa a sus anchas y la escritura reconfigura el tiempo bajo la apariencia de la verosimilitud o de la mentira, que podría ser el mismo segmento a doble plano. Habitualmente, la naturaleza está presente en la pintura de Pilar Quintás y, en este prodigioso abanico de abstracciones, el lector podrá ver figuras humanas que se multiplican, como el viejo Rada, protagonista de la historia que parece haber nacido en distintos lugares del mundo y a distintas fechas, podrá apreciar no solo el intenso colorido, eje constructor del relato pictórico sino que podrá hasta imaginar sus fragancias. Si el relato escrito quiere apresar el movimiento, la universalidad, lo inaprensible, las pasiones, los sueños, los anhelos y sus antónimos, la vida y la muerte, en suma, quiere construir un refugio personal desde ventanas abiertas, las ilustraciones convergen en esa misma inquietud. Más por el mágico simbolismo de la imagen, la simbiosis entre la palabra abstracta y la pintura abstracta conforma una experiencia visual y literaria, cuando menos singular. El mejor ejemplo podría constatarse desde la portada del libro que refleja los rasgos característicos de un expresionismo abstracto y una abstracción lírica que permitirá a lectoras y lectores entrever el rastro del viejo Rada, tal fuese un nuevo sudario. La circularidad formal y ciertas pinceladas arremolinadas sugieren un movimiento fluido, dinámico y hasta humano como acabamos de señalar. Una paleta de colores intensos donde predomina el azul, un azul índigo que contrasta con el amarillo luminoso, las sutilezas verdes y la realeza del malva, todo un conjunto para que la tridimensionalidad aflore y se vincule a las puertas de lo informal, los espacios que se funden y confunden en el texto. En cierta manera, el agua, el cielo que son protagonistas del texto encuentran su molde, pues al fin y al cabo, el color está en todo lo que vemos y lo usamos para entender nuestro entorno, por consiguiente, es terreno de sentidos y emociones, lo que por otro lado es prioridad de ese expresionismo abstracto que podemos discernir en un primer plano, pero que al agudizar la vista, percibiremos ciertas representaciones figurativas de objetos, lugares y personas. Como el relato, la imagen no busca calcar realidad, sino más bien jugar con ella, formarla para luego deformarla, dividirla en varias irrealidades, a mi modesto entender, fijar una propuesta personal de creación.

Ciertamente, la pintura de Pilar Quintás es profunda, tanto que va tomando vida propia, a ciencia cierta por los trazos que aportan relieve y sensaciones táctiles a sus composiciones, y a la vez, la propia superación de esa aplicación matérica de la pintura para brindarnos otras posibilidades interpretativas. El lector interesado apreciará la disposición de las formas y colores, porque habiendo rigor y método, no se busca una simetría sino una armonía que nos invite a traspasar dimensiones. De igual modo, llaman poderosamente la atención esas composiciones a doble página que refuerzan y embellecen el relato. Esas pinceladas audaces, acaso espatulados de texturas gruesas, enérgicas, brillantes evocan a veces formas de la naturaleza, vegetación, arboleda, figuras en movimiento; en otras ocasiones el simbolismo del color, verdes, amarillos, azules se pueden asociar con elementos naturales como bosques, luz solar, agua. Un paisaje interior que encuentra en la interacción de formas, colores y texturas todo su poderío para evocar y resaltar la narración de Torés que principalmente es pura experimentación en el arte de explorar cuestiones relacionadas con la naturaleza y la condición humana, la poesía y el compromiso del arte, el deseo, lo remoto a veces tan cercano, lo mitológico en forma de lluvia descomunal, y un refugio a modo de garaje. Una lluvia que es en sí mismo un elemento transformador y revelador de secretos, como lo es la poesía de Neruda que traza un relato alternativo de gemas, piedras y esa necesidad de reconectar con la imaginación que siempre es la antesala de la razón. La razón precisa de memoria, hoy tan vilipendiada, por eso cuando Rada recita de memoria el poema de Neruda que habla sobre la vida y la muerte nos está lanzando una clara advertencia sobre esa necesidad de no olvidar. Podría decirse que hubo intento de resaltar la valentía, el enfrentarse al diluvio con determinación, simbolizando la lucha contra el miedo. Sin embargo, el miedo forma parte de la inmensa existencia y es motivador para la búsqueda de la libertad, y de la belleza que buscamos siempre, incluso en medio de la adversidad. Por eso, el autor nos propone estar atento a los viajes interiores, a las piedras que nos susurran historias. El viaje de Torés por entre sus personajes no es otro que atrapar el conocimiento y superar el miedo, explorar el mundo y los mundos. De hecho, afirma que una vida no es suficiente y por eso está escribiendo La aventura de mis siete vidas.

Aparecen también amantes separados, brujas maliciosas, amores, destinos, las orillas del río como ofrecimiento piedras preciosas y hermosos pensamientos; enigmas como múltiples actas de nacimiento, especulaciones, poderes curativos de las piedras que el protagonista también parece controlar, la soledad o el secreto de la inmortalidad que descubrió el viejo Rada, la suplantación de identidades, los desfases temporales, la conexión entre arte y amor que se concreta en la poesía y la pintura que se entrelazan, creando un vínculo emocional que trasciende el tiempo, y un homenaje a la amistad, Pedro Atalaya y Natoli Delfin (es decir, Pedro Tabernero y Juan Gómez Macías), hasta el giro siniestro de Ana García Wharton (otro heterónimo de Torés) de resultas del caos y del pánico, el cine presente con Orson Wells y la presencia de seres extraterrestres cada vez menos discutida, lo que en paralelo debería significar la exploración de temas de identidad y percepción así como el lugar que los personajes ocupan en el universo. Tampoco debería escapar la fragilidad de los límites, pues la percepción resulta engañosa y la verdad puede ser más extraña de lo que parece y la mentira más fiable de lo que aparenta. Aquí pues, se han enumerado los propósitos del autor que, como bien podrán ver, figuran en condicional, porque el resultado ya no depende de Torés.

Ilustración de Pilar Quintás para 'El arca de Rada'
Ilustración de Pilar Quintás para "El arca de Rada" (Foto: Pilar Quintás)
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