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Xavo Giménez
Xavo Giménez

"Yo soy 451": Un monólogo distópico que revive la obra maestra de Bradbury en el Teatro del Barrio

sábado 21 de febrero de 2026, 11:10h

Este fin de semana, en el Teatro del Barrio acoge "Yo soy 451", un largo monólogo distópico de Xavo Giménez, componente de la compañía La Teta Calva. La obra está inspirada en la célebre novela "Fahrenheit 451" de Ray Bradbury (1920-2012), conocido también por su obra "Crónicas marcianas", publicada en 1953. Esta obra se considera una de las distopías más notables jamás escritas, donde el totalitarismo lleva a cabo una brutal campaña para erradicar los libros, que son prohibidos y destruidos por los bomberos, quienes realizan esta tarea en una inversión de la lógica.

La compañía La Teta Calva fue fundada por María Cárdenas y Xavo Giménez, quienes también dirigen esta obra. Xavo no solo interpreta un papel en ella, sino que también se encarga de la adaptación. María, reconocida por su trabajo en Sindrhomo (Premio Max 2017 a la mejor autoría revelación) y coautora junto a Xavo de obras como Qué pasó con Michael Jackson y El muro, falleció durante el proceso de ensayos. A pesar de esta pérdida, el trabajo ha logrado destacar, obteniendo el galardón a la Mejor Interpretación Masculina Protagonista de Teatro para Giménez en los Premios AAPV 2025 y el Premio al Mejor Espectáculo en la Mostra de Teatre d'Alcoi 2024 para La Teta Calva. Además, la obra ha sido nominada a los Premios Max en las categorías de Mejor Adaptación y Mejor Actor.

Xavo Giménez es el bombero Montag, de Bradbury, y es el protagonista absoluto de la obra que, con únicamente un bidón y un mechero en escena, plantea interrogantes sobre el estilo de vida contemporáneo, al igual que lo hizo Bradbury. A través de un enfoque poético, se adentra en el ámbito de la ciencia ficción, mientras también defiende el pensamiento crítico. El actor protagoniza un largo monólogo donde llega a dialogar con su esposa y con el capitán de los bomberos. Por momentos, su interpretación es dura, como su trabajo, pero las dudas le van asaltando según discurre la obra. Encontrar un libro perdido, que se salva de la quema, en la casa de una anciana, hace que Montag vaya planteándose cuestiones que hasta ese momento no se había formulado.

Solo en escena, con un bidón de gasolina al que va dándole la vuelta como un calcetín, desmenuza la obra de Bradbury de manera original. Hace hincapié en cómo las tecnologías están destruyendo la atención y la cultura de los humanos. Hay demasiadas televisiones; su ruido impide la reflexión serena de los habitantes de ese mundo distópico que es más real de lo que nos creemos. La quema de libros ha sido, a lo largo de la historia, más habitual de lo que creemos. Baste recordar la Alemania nazi o el regimen soviético.

Construir la cultura no requiere de la quema de libros; simplemente es necesario que las personas dejen de leerlos. “Estas certeras palabras no son mías, son del poeta Bradbury, autor de la universal novela en la que se basa esta obra. Un relato distópico que a pesar de sus setenta años de vida sigue en plena actualidad”, señala Xavo Giménez. “En un mundo destinado a la felicidad constante y al entretenimiento, Montag, un bombero, se dedica a incinerar libros. La lectura está prohibida. En este entorno, los porches y las mecedoras han desaparecido de los hogares. El botón ha sido reemplazado por la cremallera. Aquella hora que solían dedicar las personas a vestirse y a la melancolía ya es parte del pasado. Las escuelas ahora forman corredores, lanzadores, golpeadores, saltadores, velocistas, repartidores, voladores o nadadores en lugar de educadores, sabios y creadores. El fuego brilla intensamente. Es limpio. La gente no necesita adjetivos ni adverbios; lo que realmente necesitan son concursos que puedan ganar”.

¿Qué ocurriría si, por casualidad, un bombero lleva a su hogar un libro en vez de incinerarlo? Eso es lo que cuenta el protagonista en una intervención llena de matices, donde la rabia y la ira va dando paso a la duda y la reflexión y, por qué no decirlo, a la huida hacia un bosque, siguiendo las vías de un tren, lleno de buenos deseos donde los hombres y mujeres libros salvaguardan el conocimiento que los grandes autores nos regalaron.

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