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"Los nombres de Feliza", de Juan Gabriel Vázquez

Ed. Alfaguara, Barcelona, 2025
lunes 30 de marzo de 2026, 17:16h
Actualizado el: 05 de abril de 2026, 12:57h
Los nombres de Felizia
Los nombres de Felizia

Sin duda, un escritor como Juan Gabriel Vásquez, galardonado con los premios Alfaguara, IMPAC Dublin, Gregor von Rezzori, Real Academia Española, Bienal de novela Mario Vargas Llosa, Casa América latina de Lisboa, Novela Europea o mejor libro extranjero entre otros, traducido a más de treinta idiomas, siendo él mismo traductor de J. Conrad y V. Hugo, miembro de la Academia Colombiana de Lengua y columnista del diario El País, sugiere un perfil en el que necesariamente hemos de detenernos.

La novela que nos ocupa reitera su doble compromiso con la literatura y la vida, tejiendo tramas tan delicadas como polifónicas participando de un pacto con lo autobiográfico y la novelización de una figura tan espectacular como la escultora Feliza Bursztyn, cuya vida a todas luces, ofrecía los argumentos más convincentes para una novela magnífica. Su vida, pero sobre todo su muerte, pues fallecer en 1982 en un afamado restaurante de París, con 48 años, con García Márquez entre los comensales, convertida en enemiga amenazante de los intereses nacionales, y entonces en exilio, nos remite directamente al génesis de la novela. Un artículo de Gabriel García Márquez, publicado en El País (20-enero-1982) ponía el acento en un singular “se murió de tristeza”. El agotamiento existencial, pero también físico por las soldaduras de materiales tan dispares y la permanente inhalación de humos metálicos tóxicos, la artista colombiana, hija de emigrantes polacos judíos, se cruza con el retrato de un país marcado por convencionalismos y convulsiones sociales extremas. El uso pionero que hizo de la chatarra, motores y todo tipo de desechos industriales para crear obras fantasmagóricas, críticas con la industrialización y la violencia y al mismo tiempo con una estética poética y comunicativa, esencialmente conceptual, pues dotaba de nueva significación a los materiales descartados y arrojados a la basura, circunstancia que reforzaba con movimientos y sonidos, todo un testimonio de resistencia artística y de ataque al machismo de la época. El anhelo por interactuar de Feliza Bursztyn en cierto modo se corresponde con la recreación de los personajes de la mano de Juan Gabriel Vásquez, que ubica todo el entramado narrativo en lo cotidiano dando si cabe, mayor verosimilitud a todas las figuras. Hay una voluntad viajera (Nueva York, Cuba, Méjico, París), crítica (reflexión, fricciones, resistencia) y cosmopolita (oscila de las aspiraciones revolucionarias vividas en Cuba, hasta el mayo del 68 parisino o una lucha contra el racismo y por los derechos civiles) que trasciende los actos individuales de cada personaje en una meditación sobre la condición humana, y de modo especial, sobre la muerte. Inclusive de muerte moral, como así lo dictó el padre de Feliza. Los nombres, acaso la existencia de la escultora no fue fácil, por abandonar su primer marido, por separarse de sus hijas, por pegarse al arte, por su amor con el poeta Jorge Gaitán Durán que fallece en un accidente aéreo.

Por consiguiente, traspasa el ámbito propio de la novela, pues es además un documento histórico sin aspavientos ni artilugios, repleto de autenticidad como lo fue el discurrir de Feliza. El movimiento y sonido que poseían las esculturas de Feliza Bursztyn tienen sus correspondientes efectos en la frase de J.G. Vásquez. No hay pausa ni silencio, es un permanente entrelazar los personajes a distinta época, las distintas épocas en los personajes. El París de Breton, luego de Mitterrand, de todos los artistas exiliados, configuran la educación sentimental del escritor, pero es a la vez un apasionado compendio y no menos vehemente defensa del arte en todos sus rincones. El lector tiene la sensación de ir paseando codo a codo con la protagonista, y, el narrador se acerca para tensar aún más la emoción, recordando que es necesario resistir, que hay que mantener la independencia, que todos los acontecimientos históricos irán moldeando no sólo a Feliza, sino a su entorno, y especialmente a lectores y lectoras. Si se quiere nos da una clase práctica de cómo transformar las experiencias en literatura. Literatura de primer nivel, exploradora de identidades reales a través de la imaginación. Si se quiere también, un respeto indudable al magistral realismo mágico, que también transitó por París, así como un deseo de renovación que se agudiza en sus fórmulas artísticas, paradójicamente en sociedades que se derrumban, rompen o se imponen dictatorialmente, ya que deja un vasto y complejo espacio para formular preguntas.

Hemos percibido la novela como una reflexión sobre la muerte, una búsqueda por los pasillos de la condición humana, una celebración del arte, una atención suprema a las formas del lenguaje, pero finalmente también es una esperanza, aunque todavía sin ejecutar, ante la necesidad de acabar con todo tipo de violencia. Al tiempo, parece decirnos que hemos de desalojar viejos paradigmas, ideas caducas y una visión del mundo que debería haberse superado ya. Le sumamos la sutileza del lenguaje. Solo como muestra, una entrevista a la escultora (pgs 204-209), plantea en esas páginas a través de preguntas sobre su arte, el tema central de la novela, Feliza y su entorno histórico. La escultura “Homenaje a Gandhi” , una escultora de más de 4 toneladas, alcanzando los 13 metros de altura y realizada con chatarra, se eleva en pleno Bogotá y es el inicio de la entrevista. El periodista trata de sorprender a la escultora: “-¿Ese Camilo es Camilo Torres?” “-Muy bien, lo felicito. Y antes de que haga más preguntas inteligentes: ese Movimiento hacia la izquierda es un movimiento hacia la izquierda”. “-¿Pero está de acuerdo con los que dicen que las esculturas son deliberadamente eróticas”. “-¿Qué tal que fueran accidentalmente eróticas”. “Pero es que las camas se mueven”. - “ Pues por le menos hay algo que se mueve en este país”. - “¿Sus nuevas esculturas son políticas o eróticas?” - “Nadie dijo que haya que escoger”.

La novela ha llevado a Ariel Dorfman a considerar que “Vásquez ha sucedido a García Márquez como el gran literario de Colombia”. Les invitamos a que lo descubran.

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