El prestigioso director de producción de series, Elías, ve su trayectoria cuestionada de manera abrupta cuando su equipo de rodaje decide llevar a cabo una absurda huelga. Esta crisis laboral se produce al mismo tiempo que la muerte de su padre en Ferrol, lo que le obliga a abandonar todo y regresar a su tierra natal. En ese lugar, se sorprenderá al descubrir que su padre había construido un artefacto explosivo en el desván. Durante su estancia, conocerá a Merceditas, una anciana de carácter fuerte; a Irene, una vecina atractiva y enigmática; a Ana, una mujer migrante sin documentos, y se topará con los furiosos miembros de una rondalla que lo persiguen. Una historia que navega entre el drama y la comedia, presenta personajes contundentes y ofrece una reflexión sobre el éxito y lo que perdura en una sociedad adanista. En este relato, el caos y el orden coexisten, y la idea de comenzar de nuevo se revela como una ley inherente a la naturaleza. Las redes sociales, la vida moderna exige inmediatez, las noticias se multiplican rápidamente, ¿también la crueldad y la estupidez humana? ¿el daño que se hace cuando nos reímos de las desgracias ajenas? La estupidez humana es innata, siempre la ha habido y la habrá, solo que en la actualidad las redes permiten actuar como jauría y demasiadas veces termina en crueldad. Hemos perdido los más mínimos filtros de la educación, el respeto y si me apuras, incluso derechos a la intimidad o al honor. No es un tema menor, si afecta a los adultos, cuánto más a los adolescentes y jóvenes. Las redes se prestan a la burla y ese es el caso en el que se ve el prestigioso director de producción de series que protagoniza “Las malas ideas”. Elías no prestaba atención a las redes, hasta que pusieron en entredicho su reputación. Por supuesto el caso de la novela es ficticio, pero no lo es la posibilidad de destrozar la imagen de alguien, sin siquiera contrastar los hechos o conocer la realidad. Y dicho todo esto, también quiero añadir que las redes me han hecho muchas veces muy feliz, expandiendo el boca-oreja de mis novelas. Todo tiene una cara y una cruz. Depende de su uso. No soy una anti redes, al contrario, pero si soy una anti-mala educación. Siempre se ha dicho que la etapa de la rebeldía es la juventud, pero leyendo Las malas ideas, tal vez, ¿la vejez es el momento ideal para que desaparezcan los filtros y nos de igual lo que opinen los demás? Sin suda lo es, pero incluso el proceso empieza antes, en la mediana edad. Cada vez soportas menos a los imbéciles, te haces más consciente de que el tiempo es limitado y que no vale la pena perderlo con quien no se lo merece o no te interesa. Ya en la jubilación ¿Qué tienes que perder? Es un momento estupendo para la rebeldía. ¿La vida no tiene orden de rodaje? ¿Prepararse para la muerte propia es prepararse para la de los demás? La vida no sucede en orden, o al menos en el orden que nos gustaría y por mucho que planifiquemos, siempre puede explotarnos en las narices, como a Elías en “Las malas ideas”. Es cierto que llegado una edad, nuestros mayores, ven como uno tras otro, van cayendo los demás. Tiene que ser terrible saber que estás al final. Yo he observado en los ancianos, una extraña capacidad para superar la muerte de sus amistades. Seguramente, en el fondo, es un “esta vez me he librado”. En el libro aparecen también otros, como Merceditas que se rebelan, incluso contra la muerte, por absurdo que sea. Vivimos en una sociedad edadista -discriminación basada en la edad- y adanista -lo anterior a nosotros carece de valor-, ¿es vital reivindicar y rendir homenaje a nuestros mayores como hace la autora? Creo que ambos, el edadismo y el adanismo, son males de nuestro tiempo. Tal vez derivados, en cierta medida, del culto a la tecnología. Nos hemos creído que cuanto más al día estés en la tecnología, más útil eres. Hemos caído en el papanatismo de considerar a los mayores obsoletos, cuando lo más costoso de adquirir en la vida es la experiencia, no la habilidad para utilizar un programa. Nos olvidamos que los mayores también han sido modernos, han amado, han tenido éxito y han fracasado, han hecho el amor, se han equivocado y han acertado… Su vida se convierte en un pedazo de historia que no debemos despreciar. Nunca, ninguna civilización, ha dejado de escuchar tanto a sus mayores. Las prisas que llevamos no lo justifican. Compañía ausente es un oxímoron… pero es una realidad constante que percibimos ante ciertas enfermedades que acompañan la vejez. ¿Podemos sentirla también con un hijo ausente o con alguien querido que falleció? En “Las malas ideas” la compañía ausente la proporciona el compañero que comparte cuarto en una residencia con otro mayor. Es un cuerpo presente y una mente ausente. Las demencias, en todos sus tipos, son más frecuentes que nunca en una sociedad que es la más longeva de la historia. Vivimos mucho, a veces incluso demasiado, si la mente no acompaña en el proceso. Pero es cierto que en la novela hay otros ausentes. Hijos ausentes que no ejercen, que se han ido a vivir su vida sin mirar atrás, sin cuidar ni acompañar. O parejas ausentes como Elías, que solo vive para su trabajo donde es imprescindible, o eso cree, hasta que todo le revienta en sus narices. Esa ausencia de los mayores no tiene nada que ver con las otras, que normalmente son egoístas. Vivir ausente de quien te quiere, suele ser una “mala idea” y a largo plazo, irremediable.
María Solar echa mano de la retranca gallega para denunciar problemas profundos que aquejan a nuestros mayores, como la soledad, el abandono por parte de los hijos y de una sociedad que considera que su tiempo ya pasó, la ira que genera la impotencia, la ruptura generacional, los prejuicios… ¿es mejor abordar este drama con ironía y sutileza, pero con firmeza? Yo creo que el humor es un signo de inteligencia, una defensa incluso ante el dolor. En esta novela hay absurdo y hay esperpento (que también es muy gallego), eso nos lleva a situaciones con cierto humor, incluso ternura, pero enmarcadas en un drama vital. Creo que jugar con la sonrisa y las emociones del lector, potencia la parte dramática cuando aflora. Dar todo sin pedir nada a cambio; suplir con cosas materiales el dedicar tiempo a los hijos… Merceditas siente el desconsuelo de la soledad, pero ¿es lícito que también sienta culpa por mimar hasta la tiranía? Merceditas, como casi todas las madres, ha hecho lo que ha podido. Más siendo madre viuda. Ha intentado ser la mejor, aunque seguramente, se ha equivocado en que lo esencial no es lo material. Es muy humano (y muy de nuestro tiempo) el querer darle todo a tu hijo, que tenga lo que tú no has tenido, que no le falte de nada, esa es la mejor manera de criar a un tirano, que no siente obligaciones y que es capaz de devorar todo lo que tiene y pedir más insaciablemente. Merceditas ha criado a un hijo así, lo sabe, y pese a todo, lo sigue queriendo. Es el talón de Aquiles de una mujer que parece tan fuerte. Su culpa nace de vivir queriendo ignorar el monstruo que es su hijo. Su obra también trata el tema de la migración, ¿estamos en contra de las personas o de la pobreza que arrastran? Yo soy gallega, mi padre fue emigrante, como tantos millones de mis paisanos. Eran otros tiempos, tiempos prósperos, ahora la inmigración es muy diferente. En “Las malas ideas” se denuncia la trata, pero no con fines sexuales, en este caso, con fines laborales. De vez en cuando sale en los periódicos, esta nueva forma de explotación que funciona de forma parecida. Se contraen grandes deudas y se pierde la libertad, son esclavos del trabajo que les dan. Cuidar mayores es uno de ellos. Es un tipo de trata, como cualquier otra. Los migrantes sin papeles que aparecen en la novela están en el escalafón más bajo de la sociedad, ni siquiera pueden alquilar un piso, aunque tengan dinero. Están abocados a ser pasto de la peor calaña de personas que se aprovechan de ellos. Están fuera del sistema, desprotegidos. Y sí, como comentas, ese tipo de migrantes, son los que nadie quiere ver. La soledad, la desilusión, el cansancio, el hartazgo… ¿producen más arrugas en la piel que los años? Muchas más. La tristeza se imprime en la piel. Hacerse mayor es una pérdida contínua muy difícil de asimilar. ¿Se puede percibir la familia como refugio cuando nunca te has preocupado de ella? ¿Es una manera de eliminar la culpa por la ausencia? Yo creo que en el caso de “Las malas ideas” Elías encuentra refugio en su familia, que es casi lo mismo que decir, en su niñez. En lo que fue, antes de irse a hacer su vida. Los lazos de la infancia pueden ser muy poderosos, hasta el punto de que, en ocasiones, puedan disculpar prolongadas ausencias. La falta de amor e interés de los hijos se percibe con dolor, ¿es más fácil mentirnos que asumirlo? ¿excusar y justificar ante los demás? ¿Desaparecer sin molestar? Hay muchísimos padres que ven cómo sus hijos “desaparecen” o “aparecen” a su antojo, muchas veces de manera oportunista. Creo que existe un amor hacia ellos que justifica casi cualquier comportamiento. Eso no significa que los padres no lo vean. Pero a veces duele menos ignorarlo que reconocer que un hijo es un ser miserable que solo recibe y no da. ¿Qué importancia tiene atender los detalles en el día a día para no provocar una hecatombe en el resultado final? ¿qué quiere transmitir con la Teoría del caos en su novela? Porque el caos siempre empieza por el orden… ¿Por qué nos cuesta tanto ordenar el desorden? En “Las malas ideas” la Teoría del Caos explica que cualquier vida puede reventar de la manera más absurda e insospechada, nos sitúa ante el cambio permanente, y ante la necesidad de hacerse de nuevo. En la vida o te dejas ir, o te pasas los años construyendo tu lugar en el mundo, como buenamente puedes o te dejan. Yo soy más de construir y rebelarme ante el caos, que de dejarme ir. Siento su obra como un grito de auxilio, como una reivindicación del papel que han de ocupar las personas que nos lo han dado todo, de poner de manifiesto la soledad no elegida de tanta gente, la invisibilidad que llega con los años, el desgarro que produce el desamor y el abandono. Y el dejar constancia de que, al renunciar a nuestras raíces, a quien más dañamos es a nosotros mismos. ¿Cuál fue el detonante que la impulsó a escribir esta novela? Creo que, sin ser en absoluto autobiográfica, la novela nace de observar mi entorno. De observar a los de 50, en la supuesta cima profesional y personal, y de observar a los mayores, que han sido todo eso, y ya no lo son. Tengo una madre de 97 años, y poco a poco me he sentido en un tránsito de ser hija, a ser madre de mi madre. A nada que seas un poco sensible, ver el proceso, debe hacernos reflexionar como personas que formamos parte de una sociedad y también como hijos. Hay muchas cosas que viven los mayores de “Las malas ideas” que yo no quiero para mí en el futuro. Elías, se da cuenta. Y tal vez actúe en consecuencia, o tal vez, siga encaminando su vida como siempre. Cada lector tendrá que hacer su reflexión. Puedes comprar el libro en:
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