Dos poemas amorosos de José Luis HidalgoEl poema "Como llama..." de José Luis Hidalgo explora la profundidad del amor a través de vívidas metáforas. Compara el deseo con una llama que ilumina, ríos que fluyen en el océano y árboles cuyas raíces se hunden en la tierra, simbolizando la conexión intensa entre el "tú" y el "yo poético".
COMO LLAMA ...
Como llama en el vientre de la noche
se ahínca tu querer en mis entrañas.
Y como a noche negra lo iluminas.
Como ríos en las aguas del océano
se me adentra en las venas tu dulzura.
Y como agua con el agua crece.
Como árbol que entierra sus raíces
te entierras en mi carne perdurable.
Y árbol de amor sobre mi tierra brotas.
José Luis Hidalgo: Obra poética completa.Santander, Institución Cultural de Cantabria, 1977María de Gracia Ifach, editora literaria.
Al estar agotada la edición que citamos, reproducimos la versión digital de la Poesía Completa de José Luis Hidalgo, publicada por el Centro de Estudios Montañeses (y compuesta por la Editorial Cantabria; Santander, septiembre de 1977), con el patrocinio de: la Consejería de Cultura y Deporte y con la colaboración de: Instituto de Estudios Cántabros.
José Luis Hidalgo tuvo una corta vida (Torres -Cantabria-, 1919, Madrid, 1949; murió a los 27 años aquejado de neumonía), pero muy activa como poeta y pintor. Dejando de lado su faceta como pintor y centrándonos en su labor como poeta, es un destacado representante de la línea existencial que adoptó una parte de la promoción poética de los años 40, al margen del clasicismo que seguían los garcilasistas. Fue uno de los fundadores de la revista Proel, cuyo primer número aparece en la primavera de 1944. En su bibliografía figuran, entre otros, los títulos Raíz (Valencia, Cosmos, 1944, obra de tipo creacionista en la que se observa la huella de Gerardo Diego), Los animales (Santander, Proel, 1945) y Los muertos (Madrid, Rialp, 1947; colección Adonáis, n.º XXXIV), una obra esta rica en metáforas de corte surrealista, y en la que está presente el enfrentamiento con Dios -a la manera unamuniana- buscando respuestas a cuestiones de orden metafísico relacionadas con la vida y la muerte del ser humano. “Como llama…” es uno de los 17 breves poemas de la sección “ABRIL”, fechada en 1941. El poema lo componen 9 versos endecasílabos blancos, distribuidos en grupos de tres, por lo que al carecer de rima consonante constituyen “tercetos blancos” -también llamados “sueltos”-. La medida de los versos ofrece algunas peculiaridades: Verso 4: “Como ríos en las aguas del océano”. Se requiere sinéresis en la palabra “ríos”, pese a que una tilde rompe el diptongo; y al ser esdrújula la palabra final de verso (“océano”), hay que restar una sílaba métrica. El resultado es un endecasílabo melódico (con acentos en las sílabas 3.ª, 6.ª y 10.ª). Verso 6: “Y como agua con el agua crece”. El no marcar la sinalefa (“co-mo-a-gua”), el ritmo del endecasílabo es sáfico (con acentos en las sílabas 4.ª, 8.ª y 10.ª). Sáfico es también el endecasílabo 9, que acentúa, además, en la 1.ª sílaba: “Y árbol de amor sobre mi tierra brotas”. Verso 7: “Como árbol que entierra sus raíces”. Tampoco hay sinalefa (“Co-mo-ár-bol”), por lo que se obtiene un endecasílabo melódico. También son melódicos los endecasílabos 1, 4 y 5. Por su parte, los endecasílabos 2 y 8 son heroicos (acentos en las sílabas 2.ª, 6.ª y 10.ª), mientras que el endecasílabo 3 acentúa en las sílabas 4.ª, 6.ª y 10.ª Con independencia de los agrupamientos de los versos de tres en tres, lo que sirve para estructural el poema es la reiteración de “como+nombre” al comienzo de cada triada, y que sirve para introducir una comparación:
“Como llama… se ahínca…” (versos 1-2). “Como ríos… se me adentra…” (versos 4-5). “Como árbol...te entierras...”· (versos 7-8).
Y cada uno de esos verbos lleva pospuesto el sujeto (en el caso de los versos 2 y 5; porque en el verso 8 el pronombre personal tónico de primera persona es innecesario):
“se ahínca tu querer” (verso 2); “se me adentra tu dulzura (verso 5); “te entierras [tú]!” (verso 8)
Hay, pues, en los versos 2 y 5, un ligero hipérbaton, que si se deshiciera rompería su ritmo acentual. Compruébese: “Tu querer se ahínca en mis entrañas” (verso 2), “Tu dulzura se me adentra en las venas” (verso 5) Pasamos ahora analizar el contenido de cada “terceto blanco”; un contenido que va desgranando el tema de la composición: la fuerza de la pasión amorosa que desencadena “el tú” en el “yo poético”. Versos 1-3. Reparemos en el léxico seleccionado: “llama/iluminas”, “vientre/entrañas”, “noche negra”. Para subrayar la negrura de la noche se recurre a la palabra ”vientre” que, en el contexto, es sinónima de “entrañas”, en alusión a las vísceras contenidas en las principales cavidades del cuerpo humano; y si una “llama” es capaz de alumbrar la oscuridad de la noche, del mismo modo “tu querer” (nombre precedido de determinante posesivo de segunda persona) basta para “iluminar las entrañas” del “yo poético”. El símil está dotado de gran fuerza plástica, a la que coadyuva la forma verbal empleada en presente de indicativo: “se ahínca” (es decir, persiste, persevera afianzándose). Versos 4-6. Aquí no son los ríos manriqueños “que van a dar en la mar, / que es morir”, sino todo lo contrario: cuando el agua de los ríos penetra en la del océano, esta aumenta en cantidad; de la misma manera “tu dulzura” (de nuevo el nombre precedido de determinante posesivo de segunda persona) se adentra en el interior del “yo poético”, fluyendo por sus venas. Nuevo símil de gran expresividad, realzada, otra vez, por la forma verbal usada en presente de indicativo, y construida con el apoyo de un dativo ético (el pronombre personal “me”, que muestra la implicación emocional del “yo poético”: “se me adentra” (es decir, penetra en lo más profundo). El verso 6 es la expresión del término de un proceso casi místico: “Y como agua, con el agua crece”. No muy alejada está la imagen de santa Teresa de Jesús en la fusión mística: “Digamos que sea la unión [del alma con Dios] como si cayendo agua del cielo en un río o fuente, adonde queda hecho todo agua, que no podrán ya dividir ni apartar cual es el agua, del río, o lo que cayó del cielo; o como si un arroyico pequeño entra en la mar, no habrá remedio de apartarse.” (Moradas séptimas, capítulo 2). Versos 7-9. Igual que un árbol brota de la tierra, enterrando en ella sus raíces, “el tú” hunde las raíces de su amor en la carne del “yo poético”: “te entierras en mi carne perdurable”. Y aun cuando por posición el adjetivo “perdurable” parece calificar a “carne”, es un complemento predicativo que afecta tanto al “tú” como a la forma verbal en segunda persona del singular del presente de indicativo “te entierras”, para acentuar así la permanencia del amor. Del “árbol” como ser vegetal (verso 7) se ha pasado al “árbol del amor” como sentimiento espiritualizado (verso 9); y de la “tierra”, que representa el suelo natural en que se desarrolla el árbol”, se ha dado el salto metafórico al cuerpo del “yo poético”, en el que “brota” (forma verbal que, literalmente, designa la acción de una planta de nacer o salir de la tierra) el arbol del amor” del “tu”. Y así, en la continua “acción amorosa” del “tú” sobre el “yo poético” (“tu querer se ahínca” -verso 2-; “tu dulzura se me adentra” (verso 5; “te entierras en mi carne” -verso 8-), Hidalgo ha construido un poema vivificando el amor -”el tú en el yo poético diluido”- tomando como referencia, a modo de símiles, la llama que ilumina, los ríos que desembocan en el océano y los árboles enraizados en tierra firme. Y siempre un certero aliento poético incardinando unos versos tan sencillos como emotivos. Puedes comprar su obra en:
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