Siempre es de agradecer un nuevo estudio sobre uno de los condotieros más importantes del Medioevo, y Crítica lo suele hacer medievalmente bastante bien. El subtítulo es esclarecedor: ‘Vida y Leyenda de un Mercenario Medieval’. No obstante, deseo comenzar señalando algunos hechos historiográficos que no corresponden a la ortodoxia de la titulación de los personajes. En la página-15 se indica: ‘al rey cristiano Alfonso VI de Castilla’; en ninguna circunstancia, razón y condición Alfonso VI es rey de la ahistórica Castilla, que no existe como tal tras el Cerco de Zamora, sino que vuelve a estar dividida en condados dependientes del Rey de León. Página-16: ‘del rey Sancho II de Castilla’; tras la batalla de Golpejara que Sancho II gana, con muy malas artes, y hasta su muerte en la legionense Zamora (‘Allá en tierra leonesa un rincón se me olvidaba, Zamora lleva por nombre, Zamora la bien cercada’) signa solamente como Rey y Emperador de León (así se autocorona en la catedral legionense), que era su deseo, porque daba categoría preeminente, y por ello impugnó el testamento de los Reyes Sancha I y Fernando I de León. Página-16: ‘el rey Alfonso VI de León y Castilla’; de nuevo error, Alfonso VI es rey-emperador de León y la ahistórica Castilla no existe como tal. Documento de Sancho II: ‘Imperando el príncipe Sancho en Burgos, y mi hermano el emperador Alfonso en León’. El conde Rodrigo Diaz de Vivar es muy probable que naciese en León, la caput et urbe imperial, ya que es absurdo pensar que su madre matrimoniada con un magnate de la curia regia de Sancha I y Fernando I de León, se arriesgase a recorrer en carro de bueyes todo ese territorio para embarazada, ir a parir a una aldea perdida llamada Vivar, y no olvidemos que Rodrigo Diaz muere en el año 1099, siglo XI. El hecho se subraya cuando celebra sus bodas con Jimena, hija del conde de Oviedo, que lo hace en León-caput por el Fuero Juzgo o Fuero de los Jueces de León, donde según la legislación tan moderna del Reino de León, debe entregar a su esposa el 55% de sus bienes como arras de boda. Rodrigo Díaz de Vivar medía 1,56 metros de altura. “El Rodrigo histórico solo se puede entender en el contexto de su propio tiempo, Una vez limpio de leyendas, el hilo conductor de su vida fue su pericia militar. La naturaleza exacta de aptitudes será incomprensible si no tenemos en cuenta la época en la que vivió, una época de guerra e inestabilidad. Los hombres se cobraban botín y tierras por medio de la guerra, pero la lucha era oportunista y las justificaciones religiosas a la contienda entre cristianos y musulmanes coexistían con otras decisiones pragmáticas que no tenían en cuenta la división confesional. ¿Cómo pudo llegar a existir una sociedad semejante? Para cuando Rodrigo nació, la península ibérica, que probablemente no contaría con más de cuatro millones de habitantes aproximadamente, estaba dividida entre un norte cristiano, pequeño y pobre, y un próspero sur musulmán. Esta situación era el resultado de una conquista militar acaecida a principios del siglo VIII: el reino visigodo, que era uno de los Estados sucesores del Imperio romano, fue derrotado y conquistado entre los años 711 y 715 por tropas bereberes lideradas por los árabes”. Desde luego los reinos del norte no eran pequeños y pobres, ya que el primigenio y paradigmático que es el Reino de León o Regnum Imperium Legionensis presenta una riqueza de todo tipo, y una gran vinculación cultural y religiosa con Cluny. En el siglo XI, los reinos rectores son León con Pamplona y Aragón subordinados, pero Castilla no existe, salvo dividida en condados legionenses. Es más, el primer rey de Al-Qila y con capitalidad e identidad en Burgos es Sancho II, subordinado a su hermano en León. Será en efecto, en el momento histórico en el que el hayib Almanzor arrincona al califa Hixam II, cuando el equilibrio de poderes entre el Reino de León y el califato omeya de Córdoba se desequilibrará hacia el bando mahometano. Pero, este comportamiento espurio está claro que alteró bastante a Al-Andalus, y desde ahí hasta los reinos de Taifas ya solo existirá la solución de continuidad. Se estima que Rodrigo Díaz de Vivar fue ganando su fama por sus comportamientos militares valerosos, que indudablemente fueron ciertos. No obstante, es conveniente no olvidar que este tipo de caudillos eran bastante corrientes en la Europa del momento histórico del Medioevo, y por supuesto todos ellos poseían los pertinentes fideles. “Rodrigo o, como aparece en los textos medievales, Ruy Díaz nació probablemente entre mediados y finales de la década de 1040 en el seno de una familia de la aristocracia castellana. Su padre, Diego Laínez, según una teoría moderna, estaba incluso emparentado con los reyes de León, aunque esta reconstrucción genealógica se ha puesto en entredicho. De su madre y posibles hermanos no sabemos nada. Su fecha de nacimiento también es desconocida y los académicos modernos la han situado tan temprano como el año 1043 y tan tarde como 1057; estos cálculos se desprenden de su primera aparición como guerrero en activo. Tradicionalmente se ha establecido que su lugar de nacimiento fue Vivar, cerca de Burgos, en Castilla. No obstante, el texto más antiguo que menciona este extremo es un poema épico del siglo XIII, el Poema de Mío Cid, que puede o no ser preciso al respecto. Su familia y él poseían tierras en esa zona, de modo que, si bien no se puede asegurar que Vivar fuera su lugar de nacimiento, no cabe duda de que la familia estaba vinculada a la región”. En el año 1074, Rodrigo va a emparentar con una de las más eximias familias del Reino de León, la del conde de Oviedo, y su esposa será la naviega condesa Jimena. En el documento de la carta de arras ambos contrayentes se entregan mutuamente como herederos de todas sus propiedades. Está claro que el futuro Cid Campeador era un magnate de raigambre, ya que los nobles legionenses que firman el documento marital serán dos magnates leoneses: el conde-dux Pedro Ansúrez de Zamora y García Ordóñez “el Tuerto” de Nájera, primo este del Rey-Emperador Alfonso VI de León. En el año 1079, Alfonso VI de León envió a Ruy Díaz a recaudar y cobrar las parias del rey Almutamid de Sevilla. Entonces, Rodrigo Díaz de Vivar realizó algo absolutamente indigno y que chocaba con la ética del monarca de León, lo que estribaba en que en ninguna circunstancia aceptaba el soberano un enfrentamiento directo, y sin causa, entre cristianos. Por ello, y como además fue aprisionado el primo del propio monarca, García Órdoñez, eso ya rozaba casi la Alta Traición. “Al parecer en 1079 Alfonso no puso reparos a las acciones de Rodrigo, pero a medida que este fue ganando autonomía, despertó la ira del rey, y en aquel punto contar con enemigos poderosos en la corte era garantía de que el monarca no tendría clemencia. En el año 1081, huestes musulmanas penetraron en Castilla y un ataque por sorpresa al castillo de Gormaz les reportó un sustancioso botín. Como represalia, Rodrigo y su mesnada arremetieron contra Toledo sin un mandato real, saqueando y haciendo prisioneros. No fue el ataque propiamente dicho lo que provocó la censura real -los asaltos y el pillaje eran actos cotidianos en Iberia-, pero una incursión militar tan manifiestamente falta de autorización contra un gobernante musulmán que estaba bajo la protección de Alfonso perjudicaba los intereses del rey, desestabilizando el precario sistema basado en el pago de tributos a cambio de seguridad. Alfonso había estado recaudando estos pagos de Toledo, con lo que garantizaba que la taifa no sufriría asaltos. No podía tolerar que uno de sus guerreros de alto rango violará esa garantía. Por lo tanto, Alfonso VI desterró a Rodrigo de Castilla. En la Edad Media, el exilio era un castigo por la comisión de un delito, pero a menudo también se imponía por motivos políticos. Solía ser temporal”. Como consecuencia de este merecido castigo, Ruy Díaz se dirigió primeramente a colocarse bajo la férula del conde de Barcelona, que no deseaba enemistarse con el poderoso Rey de León, y por lo tanto desde ahí se dirigió hasta la taifa de Zaragoza, consiguiendo entrar al servicio del sultán Al-Muqtadir de Zaragoza. Con este hecho histórico es como comienza a crearse el afamado futuro del Cid Campeador, que no es un mercenario, sensu stricto, ya que ese comportamiento es habitual en Europa, siendo el paradigma Geraldo Sempavor en Portugal/Rey Alfonso I Enríquez o el brabanzón Mercadier para los Plantagenet/Enrique”el Joven o Ricardo Corazón de León. El resto está en la secuente narración del libro. «El Cid fue quizá el guerrero más famoso de las luchas que tuvieron lugar en la península ibérica durante el siglo XI. Rodrigo Díaz tuvo una vida agitada: líder militar ambicioso, exiliado y mercenario brutal, sirvió a reyes cristianos, pero también luchó contra príncipes de esa misma religión bajo las órdenes de gobernantes musulmanes, lo que no impidió que asaltara y matara a miembros del credo islámico. Finalmente se independizó, forjando un principado independiente. Nora Berend explora en este libro la creación de la leyenda a lo largo de los siglos y desvela quiénes participaron activamente en su elaboración. Monjes medievales, las mujeres de la familia del Cid, un dramaturgo y un historiador son algunos de los creadores del mítico Cid. Esta fascinante narración esclarece las causas y, al hacerlo, desvela las capas de la leyenda para evocar la figura histórica real. ¿Cómo un hombre que luchaba indiscriminadamente contra musulmanes y cristianos pudo ser descrito, aún en vida, como un salvador cristiano enviado por Dios?». ¡Léase la obra, ya que Medioevo es elegante, conspicuo y muy interesante; y el Cid Campeador siempre genera una polémica inteligente! «Et hoc est quos comites. ET. Tibi colenda est virtus. ET. Quintilii Vare, legiones redde!». Puedes comprar el libro en:
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