Su nueva novela se titula "Los ángeles insurrectos" y comienza con la llegada inminente del futuro rey Alfonso XII, cuando se inicia la búsqueda de una nodriza real. Desde el valle del Pas, dos hermanas, Alfonsa y Antoñuca, aguardan con gran expectativa ser seleccionadas. A sus historias se suman las de otras mujeres, como Leonora, quien anhela ser madre y trabaja en la inclusa de Madrid; Elena, que enfrenta decisiones sobre su orientación sexual; y Gertrudis, que dirige una bodega en Jerez. Con el paso del tiempo, los destinos de estas mujeres se entrelazarán en ciudades como Madrid, Granada, Jerez de la Frontera, Oviedo y Santander. Ya sean madres cariñosas o aquellas que no desean tener hijos, todas ellas se transforman en ángeles rebeldes que desafían el ideal femenino del siglo XIX: mujer, esposa y madre. Se convierten en bodegueras, dentistas, fotógrafas, militares, directoras de centros asistenciales, matronas y azafatas de la reina. Son ángeles de un hogar del cual apenas pueden escapar. Esta novela de clara influencia realista destaca por su prosa brillante y rigurosa documentación; Carolina Molina investiga a fondo en ensayos, libros de viajes, crónicas y prensa de la época para rescatar a esas mujeres que siempre han estado presentes, aunque raramente se hable de ellas. Como coautora del libro Guerreras. Españolas que empuñaron las armas, ya puso el foco en destacar la labor excepcional de muchas mujeres que se atrevieron a hacer cosas distintas a las que estaban destinadas. ¿Qué la impulsó a dar a conocer el papel de las nodrizas? En efecto, Guerreras tiene mucho de Los ángeles insurrectos porque en ambos he intentado dar a conocer las vidas de unas cuantas mujeres desconocidas que desempeñaron tareas poco habituales en su siglo. Lo que ocurre es que curiosamente fue gracias a la documentación de Los ángeles insurrectos que pude llegar a las mujeres de las que me ocupé en Guerreras, como Francisca Burdeos, que fue soldado o la cantinera Ignacia Martínez. Todo comenzó en una charla en un instituto para mayores sobre la vida cotidiana en el siglo XIX, allí hablé de las nodrizas y entre los alumnos hubo una persona cuya abuela había sido nodriza. Al volver al trabajo mi compañera me dijo que la suya también lo había sido en Jerez así que pensé que era una señal. Empecé el seguimiento de las nodrizas a través de los anuncios de los periódicos de la época y no solo las encontré también di con mujeres que se anunciaban, como dentistas, fotógrafas, impresoras o soldados. Así que ya tenía dos líneas abiertas. Una la de las nodrizas, que terminó siendo una novela y dos, las de las otras mujeres que acabaron siendo Guerreras y otro libro aún por publicar. Que hubo mujeres bodegueras y acompañantes de reinas y mujeres principales es conocido a través de películas y novelas…, pero no tanto las que fueron dentistas o fotógrafas. ¿Quedan aún muchas más que ejercieron profesiones dedicadas, en aquellos momentos, solo a hombres? Sí, prácticamente en todos los oficios hubo mujeres, en menor medida que los hombres, y a los que accedieron con dificultades impuestas por la sociedad y sus compañeros varones. Hubo mineras, marineras, toreras, inventoras…solo que de ellas sabemos muy poco y nadie se ha puesto a realizar su seguimiento. También hay que tener en cuenta que muchas mujeres viudas mantuvieron el negocio familiar activo tras el fallecimiento del esposo, aunque no figuraran en los documentos por tener un hijo menor que habría de heredar. Aquí encontramos negocios de todo tipo. Tenemos que cambiar el punto de vista a la hora de interpretar la historia y no creernos lo que nos han dicho durante tantos años en relación al papel de la mujer. ¿Cómo ha llevado a cabo tan extensa y completa labor de documentación para escribir su obra? ¿Dónde ha encontrado las mayores dificultades? Mis principales fuentes de información siempre han sido los libros y los artículos académicos, incluidas tesis doctorales que son una fuente increíble para localizar curiosidades y aspectos muy poco divulgados. En esta novela he incorporado una fuente más que ya me está sirviendo para todos los trabajos que han venido después y es la prensa digital. Para esta novela me leí prácticamente todos los periódicos digitalizados durante los años 1858 a 1862. De ahí que en la novela se citen muchos periódicos y noticias, desde las más cotidianas como una plaga de langostas hasta la visita real de Isabel II. Además, tuve en cuenta libros de viajes y novelas costumbristas y por supuesto, las crónicas que se publicaron sobre el viaje de la reina en 1862. De todas las mujeres que destaca, ¿cuál le ha llamado más la atención y por qué? Tengo que reconocer que me sorprendió encontrar un anuncio de una mujer dentista en 1857. Luego pude averiguar que era relativamente habitual que las mujeres se dedicaran a este particular porque era una profesión sin respaldo universitario y en esa laguna legal la mujer siempre ha encontrado un hueco, como pasó con la fotografía. Por supuesto, también conocer a la primera mujer que patentó un invento en España, Fermina Orduña, y la ya citada Francisca Burdeos, soldado y que vestía de hombre abiertamente. El ideal femenino del S. XIX era: mujer, esposa y madre. ¿Todavía hoy hay que desterrar ese viejo mantra? Sí, creo que sí. Y no porque sea algo deshonroso, todo lo contrario, ser mujer, esposa y madre es maravilloso. Pero hay que reflexionar sobre este concepto tal y como está, unificado, sin que las tres cosas no puedan ir separadas. ¿Por qué no hablamos del concepto «hombre, esposo y padre»? Esto en cuanto a nuestro pasado, pero en la actualidad ha perdido sentido. Las familias han tomado una dimensión diferente y con esa mentalidad hay que mirar también al pasado. En muchos aspectos «el antes» fue más moderno que «el ahora». Hubo más tolerancia de la que pensamos. No todas las mujeres estuvieron en su casa, cuidando de sus hijos, también salieron a la calle a ganarse la vida. Muchas mujeres fueron destacadas por amamantar a niños de familias pudientes, incluso a reyes, pero ¿existen datos de todas aquellas que hicieron lo mismo con bebés abandonados o que venían de una extracción social pobre? Los datos de las personas humildes casi nunca se conservan. Y además desaparecieron muchos documentos en la Guerra Civil. Pero sí sabemos qué hacían esas mujeres porque la inclusa de Madrid, que fue la institución en la que todas las casas cuna se fijaban, tiene unos reglamentos fácilmente accesibles. La inclusa madrileña estaba muy bien organizada, en su estructura jerárquica trabajaban prácticamente mujeres. Aunque figuraba como director un hombre, todo su ordenamiento era supervisado y dirigido en la práctica por mujeres, desde la Junta de Damas hasta las hermanas de la Caridad. Era una pirámide femenina estructurada para cuidar de los niños abandonados: en ella había inspectoras o celadoras, cocineras, enfermeras, hermanas torneras o lavanderas. Mujeres que unían esfuerzos independientemente de su procedencia social, porque las inspectoras o celadoras eran mujeres burguesas, de buena posición, y en las ocupaciones más cercanas a los niños (nodrizas, lavanderas, enfermeras) mujeres de estratos sociales más bajos.
"Es hora de que cambiemos el punto de vista al interpretar la historia pasada"Ángel del hogar en contraposición a Mujeres insumisas supone en su obra… Que es hora de que cambiemos el punto de vista al interpretar la historia pasada. El concepto ángel del hogar es un concepto burgués. Se extendió en una sociedad desde mujeres de alta posición, en su mayoría escritoras, que consideraban el ideal femenino como el de esposa y madre. Por supuesto se apoyaban en ideas patriarcales y muy conservadoras. Lo irónico de la situación es que estas mujeres fueron periodistas, apoyaban en sus publicaciones la idea de mujer doméstica cuando, sin embargo, ellas mismas salían de casa para propagar sus argumentos de ángel del hogar. En relación a la mujer siempre hubo muchas contradicciones, se las amaba tanto como se las odiaba. Que estas burguesas conservadoras estaban equivocadas lo confirma el hecho de que la mujer ha trabajado siempre fuera de casa, por necesidad la mayoría de las veces, y sobre todo en las familias más pobres. Su novela cuenta con diversos emplazamientos empezando por Madrid y siguiendo por Granada, Jerez, Oviedo… ¿eran similares las dificultades que afrontaban las mujeres de la Península o le sirve para argumentar la trama cuando Isabel II presenta al nuevo príncipe? Al profundizar en el mundo del nodrinaje me di cuenta de que existían diversas clases de nodriza. Todas sufrieron las mismas dificultades, aunque imagino que en Madrid la supervivencia era mucho más difícil porque ya era una ciudad masificada. Las catalogué en tres tipos: nodrizas reales, nodrizas de familias y nodrizas de inclusas y centros asistenciales. Cuando me centré en el argumento de la novela tomando a las nodrizas como eje, era evidente que tenía que incluir el Valle de Pas (por las nodrizas reales, que en su mayoría eran pasiegas), Oviedo (porque en esa ciudad se realizó la elección de nodriza de Alfonso XII) y Jerez porque mi compañera de trabajo me habló de su abuela nodriza, que había trabajado en una de las bodegas jerezanas. Granada y Madrid tenían que salir, por supuesto, en todas mis novelas aparecen, pero también porque me ofrecían interesantes escenarios. Madrid con la inclusa, llena de nodrizas, y Granada, con su Hospital Real y la visita de Isabel II, que casualmente celebró sus 32 cumpleaños en esta ciudad y además firmó un documento para donar recursos para la restauración de la Alhambra. Ser nodriza era un oficio bastante habitual debido a la cantidad de mujeres que morían en el parto y al número de niños que eran abandonados en las casas de acogida, ¿le ha servido para enlazar las historias de las familias protagonistas? Sí, somos muy poco conscientes de la importancia que adquirieron las nodrizas en nuestra sociedad pasada. La muerte era una constante, las mujeres morían en los partos o bien no conseguían tener leche para amamantar. Toda la generación futura dependía de si los niños sobrevivían. Hasta bien adentrado el siglo XX no existieron biberones lo suficientemente fiables. En el siglo XIX, sin medios económicos, se usaba el mismo biberón en las inclusas, lo que transmitía enfermedades entre los más pequeños. Me pareció que unir a las familias por sus nodrizas era un buen punto de partida, porque en casi todas las familias, humildes o burguesas siempre hubo una nodriza o alguien que necesitó de ellas.
Lon ángeles insurrectos es una novela histórica que entrelaza datos importantes con ficción. ¿Cómo consigue Carolina Molina esa simbiosis perfecta? Tengo que confesar que, en mi caso, ese tejido literario lo consigo de una manera totalmente intuitiva. No sé cómo sale, pero sale. Por mucho que en la novela histórica se dedique tiempo a la documentación, tienes que aplicar después una experiencia literaria puramente creativa. Si no tienes imaginación, si no eres capaz de crear ambientes, diálogos creíbles y personajes profundos la documentación histórica pierde sentido. Habrás fracasado. Por eso, cuando decides escribir novela histórica tienes que ser antes escritor que historiador. ¿A qué fuentes ha acudido la autora para conocer la vida cotidiana de la sociedad que relata? Primero a los artículos académicos, biografías, tesis y cuando ya tengo controlada la parte más histórica, acudo a la costumbrista. Entonces acudo a la prensa de la época, a las novelas de Benito Pérez Galdós (siempre mi base en todo lo que hago), a las crónicas y a los libros de viajes, que cuentan muchas curiosidades. Carolina Molina da voz a muchas mujeres que no la tuvieron y que fueron, y siguen siendo, sostén del hogar. ¿Le quedan aún muchas historias que contar de otras mujeres insurrectas? Muchas, las mujeres insurrectas son inagotables. Con la documentación que conseguí para esta novela he escrito tres libros, uno todavía inédito. Y ahora ya preparo la siguiente novela, en la línea de ésta, con mujeres que hicieron cosas que fueron importantes para la sociedad de su época y que ahora sabremos valorar mucho más. Puedes comprar el libro en:
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