Se podría decir aún muerta la rosa, la palabra rosa no ha muerto, parafraseando la conocida frase y es que en el bello juego que nos presenta el autor hace vivir, revivir, pensar, repensar las cosas y los actos y circunstancias de los hechos en poesía, a través del valor de la palabra, en sus conjunciones, repeticiones, yuxtaposiciones, conformando una estética performática. La luz, la lluvia, la repetición, la variación, como combinaciones estéticas dan el ritmo y el sentido que transcurre en los versos. El sujeto se transforma, transmuta en estados, lluvia-perro-precariedad conformando universos incorporales que expanden y crean sentidos. Aniquilando la entidad espacio/tiempo todo es hoy en esta nueva temporalidad del transcurrir sus páginas. La materia se hace carne de ánima y estamos en un existir allí, en el fluir de las cosas. El transitar en lo que fue y ya no es ¿o en lo que ya no tiene raíces? Un movimiento que opone en existencia complejidades. Una respiración y a su vez una observación territorial del estado y sentido de las cosas. Los sentidos inundan los versos, lo sonoro –el pum, el crash, chocó- los pasos-el dialogo-el camino- el corte de las palabras hacen su clima. Lo visual del ver lo que la realidad pone a mover, las cosas del mundo en un estado de eternidad que crea el poema, y los que miran por la ventana, en un conversatorio con el poema, es por ahí lo ínfimo, la palabra, en el todo irse, sacudiendo lo inamovible, la mentira de lo establecido, desterritorializando dimensiones amarradas a antiguas materias de expresión y valorizando figuras rizomáticas, que dan el flujo y la máquina. Lo mínimo en el valor de lo máximo en una estricta o causal coalición de tiempo y espacio, como rigor estético. Un expertiz en el manejo de las palabras con pericia donde el poeta utiliza distintas velocidades que oscilan entre la nada y el infinito, entre el orden y el desorden dando el estado de las cosas, crea sentido entre límites y coordenadas. Lo concreto lo que está allí y el mundo puso transmuta en esencias que transcurren en la página haciendo sus territorios incorporales, va y vuelve en la versificación creando una atmósfera amable a la lectura donde el corazón dibujado de tiza, fue? Es? Tiene por vivir? Corazón coraza? De todos? De lo que no fue? Rumbo a lo mismo? Se creen que eligen? Donde observación y posición hacen su camino, su tránsito, alguna forma de belleza, las cosas y las palabras se mueven se potencian en intensidades creadoras, materia y signo rimados por tiempo y espacio. Hace con ellas su caligrama- grafía, el poema que necesita su imaginario. Hay algo en esta escritura del rumbo que toma la poesía de Cummings, o de Luis Hernández donde de fondo se escucha su canto lírico, Se escribe se relata bajo un fondo urbano lo que está a la orilla, lo de lado, lo visible pero subyacente, lo que no es centro de la mirada, ese mundo captado que es sentido y sombra del sensorio que emerge., el herrumbre dado a ser el entonces. Cosas en su hacerse, lo que el revoque no pudo tapar, crean bloques de sensación y así va el poemario de verso en verso creando su performance, haciendo más bella la vida.
Las florecitas en la grieta, violáceas, sin permiso ninguno, como si no se hiciera tarde, ni hubiera tregua o versiones en darse ahora acá.
Los poemas se hacen impersonales, el yo sale sin paraguas bajo ese sol que es para y de todos, donde se baila, se mira, se entona, y el “se” reemplaza al yo,- se empieza a empezar, se sale del closet -y la enumeración agranda el panorama y expande sentidos en su abarcativo promulgar un unitivo común. Hace su sistema, crea su artefacto de imágenes, sentidos y versos.
“Se enciende el motor, se le va a uno la mano, se ama por fuera del amor, se ordena todo.
Se busca la cara con que presentarse en público, se buscan las caras que uno dejó olvidadas, se cambia de tema, se va llegando al trotecito,
se agrega una coma, se pasa a otro nivel, se espera el diagnóstico, se la emboca justo, se compara el largo,
se enlata, se enluta, se cuelga de un hilo,”
Como buscar entrar a la vida por el reverso de la historia, un dar vuelta, barajar, recomponer, mover las piezas, acomodar un nuevo orden, romper con los órdenes establecidos, para entrar en otro día, el que viene, apostar para sentir el tiempo correr y agradecer lo dado. Se celebra, se aterriza, se restaura, se reinicia. Como diría Vico un corsi e ritorni, explicando las vueltas del giro del mundo, como sabemos después del ulular de un poemario el mundo no es el mismo, crea otra forma de estar a la que se vuelve y se vuelve, andamos para regresar adonde? cómo? Porqué? Se desprende la gotita de la rama, la contemplamos, es esa luz que nos hace seguir. Los versos cortos regularmente ordenados hacen juego con el migrar de las palabras como piezas movidas en una musicalidad tenue de fondo que está, y susurra como aire silbado, sus estrofas.
Para que dure un poco más
Las florecitas en la grieta, violáceas, sin permiso ninguno, como si no se hiciera tarde, ni hubiera tregua o versiones en darse ahora acá.
Tregua o versión que al viento leve rompe el consenso, lleva la mente a barquinazos que el viento se pone a mover también. Nomás como una florcita violácea entre las cosas que no saben ser flor, sacada de contexto, perhaps.
O es al contexto al que se lo llevaron. “Florcita”, dícese de eso violáceo, para que dure un poco más, florcitavioleta, cosas del florecer.
El pum, el crash
Chocó, se fue, de cara, era su gran destino, entró, como si fuera su in tención a la farmacia: el crash, el pum, la correspondiente alarma sacu diendo el mundo a través de las almas. Su crash, su pum y en cama de vidrios rotos, yace: su gran reposo entre lo roto, cierto, como si hubiera sido el plan. No hay buitres en este paisaje, no hay diablos prendiéndose a cobrar la presa, ni el orden se corrió ni un poco, ni los cielos temblaron. Orden de lo chocado y lo que choca, ¿no?, sin diálogo. O será eso el diálogo, quién sabe ¿De dónde hacia adónde?
El tipo de gorrita azul, que no sé quién es, el que hace su camino que no sé cuál es, que vaya uno a saber si él sabe cuál es su camino, si es que hay camino, y si bajo la gorra el tipo hace camino o qué será lo que hace.
O en todo caso, ¿qué es que sabe? ¿Si, por ejemplo, habrá camino? ¿O por “camino” dícese un caminar? ¿Con gorra o sin gorra? ¿El caminar respuesta será a todo? ¿De dónde hacia dónde? —------------------------------------------
No es el mismo el mundo antes o después del ramo de rosas (rojas) en la mesa.
No forma parte de la escena, la horada, el ulular de la sirena, ahí, desde el brillo del día que crece.
Desde otra manera de estar en el mundo vino, oscuro, el alguacil, inmóvil, junto a la lámpara de la cocina.
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No en una pantalla, ni en un papel, ni en la mente: hojas que balancea el aire de la mañana, acá.
Esa hoja que tiem- bla está ahí.
No sabe de los ojos que se detienen en él, cuerpo semidesnudo entre las sábanas bajo los grises de la primera luz.
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“Es un mensaje”, pensé, cuando se apagó la luz en la escalera. Y este era el mensaje: “no hay mensaje”.
Picotea algo la tortolita, a la sombra del peugeot rojo, estacionado junto al fresno. Otra se mueve, reflejada en la mampara de vidrio del balcón.
En cualquier momento va a desprenderse de la rama del fresno la gotita.
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Entran y salen del rayo de luz y brillan por un instante dos moscas.
La brasa del cigarrillo, en la oscuridad de la ventana de enfrente se apagó.
Las gracias que quiero darle por florecer al malvón no le importan.
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Plumita de paloma que, ya sin paloma, baja en el aire, despacio.
¿No tiembla un poco la peonía cada vez que la tocan, en la lluvia, las gotas?
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