Nuestro poema de cada día
La “estética mesurada” del estilo de Valera: la descripción de Rosita
24/10/2026@07:07:00
Juan Valera publicó por entregas, entrre octubre de 1874 y junio de 1875, Las ilusiones del doctor Faustino, en la Revista España y, como libro impreso, en ese mismo año de 1875. El protagonista de la novela, Faustino es un personaje con sueños de grandeza, pero abúlico y perezoso, encorsetado en la debilidad de su carácter. Sirva como ejemplo lo que el doctor Faustino piensa de sí mismo: “Cuando miro el centro de mi alma, el abismo que tal vez el orgullo abrió allí, me finjo que soy grande como un dios. Cuando miro mis actos y los resortes de mi voluntad, que a tales actos me inducen, se me antoja que soy más vil que un perro. Por cierto que y en él se ha pretendido ver, al menos en su juventud, un trasunto del propio Juan Valera.
Nuestro poema de cada día
El estilo narrativo de Pío Baroja es antirretórico; un estilo de descuidada espontaneidad que no persigue la frase atildada, sino la claridad y sencillez: "Para mí -comenta Baroja- no es el ideal del estilo ni el casticismo, ni el adorno, ni la elocuencia; lo es, en cambio, la claridad, la precisión, la rapidez".
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En el Libro de Buen Amor encontramos también la descripción de la “mujer deseable para el amor”, que Don Amor le presenta al Arcipreste (coplas 431-449); amplio fragmento del que solo seleccionamos las coplas iniciales (431-435).
Zadar eds., 2026
Los teólogos orientales aseguraban que el mundo físico no era más que el borrador imperfecto de una conversación que los dioses mantenían en la penumbra. De modo semejante, el autor de este compendio de poesía de la naturaleza no presenta su obra en el sentido bucólico tradicional, sino más bien como un catálogo de variaciones sobre la percepción, un inventario sucinto donde las formas visibles buscan justificar la conciencia del observador. ¿Qué sucede en las cosas cuando las contemplamos? ¿Y qué sucede en nosotros, que no podemos contemplarlas sin incorporarlas a nuestra propia incertidumbre?
Pocos lugares han dado tanto juego a la novela del siglo XIX como una sala con tapete verde. Allí cabían el aristócrata arruinado, el oficial ambicioso, la viuda que observa desde una esquina y el croupier que anuncia el número con la misma voz para todos. Balzac, Pushkin y, ya en el siglo XX, Stefan Zweig entendieron que bastaba con sentar a un personaje frente a una ruleta o una baraja para que la historia echara a andar.
Ed. AKAL. 2024
Estamos ante una obra inteligente, y por ello paradójica, ya que nos presenta la vida y la obra de uno de los mayores asesinos en serie de la Historia. Me refiero a Gilles de Rais, barón, con una gran cantidad de tierras propias, servidores ingentes y mariscal de Francia; y que era uno de los magnates con más poder en dicho reino. Está claro que estamos ante un psicópata y ególatra por antonomasia, lo que le condujo sin solución de continuidad al crimen nefando de multitud de niños.
Nuestro poema de cada día
Sorprende la rapidez y energía con que están trazados los perfiles físicos y psicológicos de los personajes de Pío Baroja. Y como ejemplo, ofrecemos el retrato de Yurrumendi.
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Miguel de Unamuno describe Castilla como una llanura austera, seca y de contrastes extremos, y sostiene que su paisaje monótono y áspero influye en el espíritu castellano, apartándolo de lo material y orientándolo hacia lo ideal.
Nuestro poema de cada día
Pío Baroja describe el paisaje castellano que recorre Alvarito desde el amanecer hasta la noche, destacando su relieve variado, sus contrastes de color y las escenas rurales que acompañan el viaje.
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El empleo emotivo de la adjetivación. I
El siguiente fragmento está tomado de Los pueblos, obra en la que Azorín se nos muestra como excepcional observador de la realidad española, de sus campos y aldeas olvidados por el tiempo y dormidos en sus recuerdos, a los que se acerca con mirada crítica y profundo deseo de reforma.
Nuestro poema de cada día
Para Pío Baroja, la novela "es un saco en el que cabe todo". Y, en efecto, sus novelas son de construcción muy libre y no se ajustan a ningún plan. Predomina en ellas la acción ("La acción por la acción -dice Baroja- es el ideal del hombre”), pero no son menos importantes sus amargas consideraciones sobre la vida y la sociedad, así como la pintura de paisajes -más emotivamente líricos los vascos que los castellanos, por lo general tétricos y hoscos- y de los más variados personajes, cuyos perfiles físicos y psicológicos están trazados con sorprendente rapidez y energía.
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El inconfundible estilo de Azorín. I
Es Azorín, uno de nuestros mayores estilistas. Su teoría del estilo queda plasmada en un capítulo del libro Un pueblecito: Riofrío de Ávila (1916) [1]. Cuenta Azorín -aunque pudiera tratarse de un mero recurso literario, similar al cervantino del autor morisco de El Quijote, el manuscrito encontrado en Toledo- que cayó en sus manos -en la Cuesta de Moyano- el libro Sentimientos patrióticos, publicado en 1791 por Jacinto Bejarano -cura párroco de la iglesia de san Martín en el pueblo abulense de Arévalo-. Y se identifica plenamente con él cuando afirma Bejarano que “El estilo es claro si lleva al instante al oyente a las cosas, sin detenerse en las palabras”; porque “De todos los defectos del estilo, el más ridículo es el que se llama hinchazón”. Y estas máximas se convertirán en la norma suprema del estilo azoriniano.
Nuestro poema de cada día
El inconfundible estilo de Azorín. II
Las estructuras sintácticas de la prosa azoriniana son muy sencillas: frente a los párrafos elocuentes y caudalosos, tan característicos de la novela del siglo XIX, Azorín prefiere el párrafo corto y las oraciones breves y simples unidas por yuxtaposición o por coordinación copulativa; y con verbos en presente de indicativo, que le permiten una mayor interacción “actualizada” con el lector -ya fuera de un tiempo y un lugar concreto-, al que no tiene reparos en dirigirse a menudo para lograr así una vía de comunicación más afectiva y afectiva. Prosa, pues, la suya despojada de toda ornamentación retórica.
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Una de las obras cumbres de Gabriel Miró: Figuras de la Pasión del Señor. Artista puro, Miró posee una delicada sensibilidad para percibir y expresar la belleza sensorial del paisaje levantino, que se incorpora a nuestra literatura a través de sus páginas con toda su luminosidad y fragancia. La producción de Miró está integrada por un conjunto de relatos en los que el paisaje, profundamente humanizado, es más importante que la sencilla acción novelesca que lo tiene por escenario. Y a nuestro entender, la obra cumbre de Miró es Figuras de la Pasión del Señor (1916), evocación de los personajes bíblicos y del paisaje de Palestina -que no es sino el paisaje de las tierras y pueblos alicantinos-.
Ed. Erasmus. 2024
Desde el inicio de la dominación de diversos pueblos sobre los hebreos, estos han intentado librarse, manu militari, de todos sus imperiales enemigos, desde Asiria hasta Babilonia, y como no contra Seleucia, y por fin, Roma, que ya no abandonaría la ubérrima Tierra de Canaán. Esta obra documentada trata de la denominada como Gran Revuelta por los judíos, y la Guerra de Judea por los hombres del Senatus Populusque Romanus. Sangre, sudor y lágrimas fueron los resultados de estas confrontaciones bélicas.
Editorial etc El Toro Celeste. 2026
Mediante una prosa poética de gran belleza, Inés Montes nos envuelve con una palabra sutil y honda a la vez en las composiciones de "Incendios" que llegan al lector/a como cercanas fulguraciones. El fuego, símbolo de emoción profunda, por naturaleza intenso, refulge y arde en el interior de quien lo siente, en este caso un sujeto poético que se manifiesta con tono meditativo y contemplativo sobre la raíz que destella en cada latido en el que la soledad, el amor ausente y la memoria se fusionan en una realidad cambiante transformada por el transcurrir vital.
"Catalina de dos mundos" es la nueva novela histórica del autor boliviano Juan Claudio Lechín Weise. La obra nos transporta a un periodo crucial en la historia de América Latina, en concreto a los acontecimientos que ocurrieron en la ciudad de Potosí cuando se falsificaron las monedas de plata -del real de a ocho- que encargaba hacer el rey Felipe IV en aquellas tierras. A través de los ojos de su protagonista, Diego Jiménez, un joven de la población andaluza de Andújar amigo de infancia de Catalina, el autor teje una narrativa rica en matices y emociones que explora no solo los eventos históricos, sino también las complejidades humanas que surgen en tiempos de cambio y conflicto.
Nuestro poema de cada día
Paulina disfruta de la naturaleza, sintiendo una conexión profunda con el paisaje. Sin embargo, su paz se interrumpe al encontrarse con Cara-rajada, un hombre de aspecto horrible que le suplica que no se case con don Álvaro. Su encuentro evoca contrastes entre belleza y horror, amor y repulsión.
Nuestro poema de cada día
El texto de Gabriel Miró describe un huerto en plena floración, destacando la belleza de los almendros y el acanto. Los almendros simbolizan la fragilidad y el sacrificio, mientras que el acanto, admirado por su estética clásica, es confundido con una planta medicinal. La obra evoca melancolía y reflexión sobre la vida y el arte.
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[Sigüenza se reencuentra con un lugar en el que estuvo hace muchos años”].
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En "La tarde" de Gabriel Miró, Sigüenza pasea por la naturaleza en septiembre, disfrutando del paisaje y los pueblos de La Marina Baja. Se encuentra con un gato abandonado, lo que provoca una reflexión sobre la compasión. La prosa destaca por su belleza sensorial y conexión emocional con la tierra.
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Nuestro poema de cada día
La mexicana y monja jerónima sor Juana Inés de la Cruz (Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, 1651-1695) es la figura de mayor relieve de la lírica hispanoamericana de influencia gongorina en las últimas décadas del siglo XVII. Su obra incluye teatro -en especial autos sacramentales- y poesía, tanto religiosa como profana, en la que descuellan espléndidos sonetos amorosos. Muy celebrados en su época -y hoy lo siguen siendo- son sus villancicos para ser cantados, que le encargaron los cabildos de las catedrales de México, Puebla y Oaxaca, y que compuso a lo largo de 20 años, desde 1676 -cuando tenía 28- hasta poco antes de su muerte.
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La poetización de la pobreza extrema y de la mendicidad a través de la mirada compasiva de Pérez Galdós
A la hora de situarse ante la pobreza en el Madrid de finales del siglo XIX, Pérez Galdós trasciende el “documento social extremo” -más propio del determinismo naturalista”- para inyectar en su relato -y en particular en la descripción de lugares y personajes- un lirismo de gran eficacia estética, transido de una alta dosis de espiritualidad que lo convierte en auténtica poesía en prosa. Sírvanos como ejemplo -tomado de la novela Misericordia- la descripción de la Iglesia de San Sebastián y de los mendigos que se amontonan en sus puertas en demanda de caridad a los feligreses.
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La fuerza lírica de la introspección psicológica de los personajes
El lirismo galdosiano se intensifica cuando la narrativa se adentra en el terreno del subconsciente, los sueños y la locura. En Fortunata y Jacinta -y, por supuesto en sus novelas en general-, Benito Pérez Galdós recurre al estilo indirecto libre y, de esta manera, introduce los pensamientos y la voz interior de los personajes directamente en la narración, con lo que se borra la frontera entre el narrador y el personaje, permitiendo al lector sumergirse en su profunda psicología. Así ocurre, por ejemplo, en el fragmento en el que el novelista nos presenta a Manuel Moreno Isla, el perpetuo enamorado de Jacinta, a cuya muerte vamos a asistir; un fragmento en el que no faltan ciertos toques líricos (lenguaje metafórico, exclamaciones, interrogaciones retóricas, adecuación del ritmo narrativo al contenido, etc.).
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Uno de los momentos de mayor lirismo trágico de toda la obra de Pérez Galdós: Los fusilamientos de los Sargentos de San Gil
Un lirismo de tinte trágico envuelve la recreación que Pérez Galdós hace del fusilamiento de los sargentos de San Gil, un acontecimiento histórico acaecido el 25 de junio de 1866, y que dejó tan impresionado al escritor que lo recoge tres veces en su obra: aparece en la novela Ángel Guerra (1890-1891), en un episodio nacional -La de los tristes destinos (1907), novela que cierra la cuarta serie-, y en las Memorias de un desmemoriado (1915-1916). El lirismo al que aludimos se traduce en una estética de la compasión popular: el pueblo de Madrid llora desconsoladamente el destino de los sargentos condenados, y su ejecución adquiere los tintes de una tragedia compartida. Es la sublimación del dolor, revestido de un hondo lirismo elegíaco. Leamos y comentemos un fragmento en el que una trágica realidad histórica queda reflejada con la sensibilidad literaria de la que siempre hace gala Pérez Galdós.
Nuestro poema de cada día
Pérez Galdós y la reanudación de la tradición novelística española del Siglo de Oro. Es necesario llegar a Benito Pérez Galdós (1842-1920) para que se restaure nuestra tradición novelística. “Entre ñoñeces y monstruosidades dormitaba la novela española por los años de 1870, fecha del primer libro del señor Pérez Galdós. Los grandes novelistas que hemos visto aparecer después eran ya maestros consumados en otros géneros de literatura, pero no habían ensayado todavía sus fuerzas en la novela propiamente dicha. No se habían escrito aún ni Pepita Jiménez [Juan Valera, 1874], ni Las ilusiones del doctor Faustino [Juan Valera, 1875], ni El escándalo [Pedro Antonio de Alarcón, 1875], ni Sotileza [José María Pereda, 1885], ni Peñas arriba [José María Pereda, 1885]”. [1] Y, en efecto, Pérez Galdóses nuestro mayor novelista después de Cervantes, y puede emparejarse concualquiera de su siglo (Dickens, Balzac, Zola, Flaubert, Doistoievski o Tolstoi); y pocos novelistas europeos -más bien ninguno- pueden competir con él en capacidad creadora: así lo atestiguan los cerca de ocho mil personajes producto de su rica inventiva; unos personajes que sorprenden por su variedad y por su caracterización psicológica, que permite comprobar el interés que el autor siente por su condición humana.
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El inconfundible estilo de Azorín. III
Cuando Azorín describe, va recogiendo las sensaciones y vivencias que en él despiertan los seres descritos, al tiempo y con el ritmo en que estas se van produciendo. Así puede contemplarse en este otro texto -perteneciente a la novela Antonio Azorín- en el que el escritor descrire -en una descripción de corte impresionista, salpicada de vocablos de uso local- una casa de campo murciana.
Reseña del libro "Manual de Fechorías Sexuales"
Cuando un león jefe de la manada huele primero y luego ve acercarse un rival que aspira quedarse con sus dominios y su territorio, se dispone para la lucha. Si el que triunfa es el desafiante, el derrotado marcha hacia un espacio que los humanos, titulares del virus de la palabra, llamamos el exilio. Acto seguido aniquila a toda la prole del vencido, y aquí de nada sirve el intento de las hembras por ocultar a sus cachorros. Todos morirán. De inmediato posee a las hembras y funda un nuevo linaje.
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Pío Baroja describe desde un convento la naturaleza de Mirambel a través de las estaciones, sus colores, sonidos y animales, en una prosa impresionista de tono poético.
Nuestro poema de cada día
El empleo emotivo de la adjetivación. III
De paseo por Monóvar, Castalla, Sax, Villena, Elda… desde su evocación por Azorín.
Nuestro poema de cada día
Baroja está considerado como el mayor novelista español del siglo XX. Su actitud crítica ante los defectos de la sociedad y la sobriedad de su estilo -que Azorín comparaba con el de Cervantes- le han convertido en el modelo indiscutible de nuestros novelistas de posguerra.
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El inagotable acervo léxico de Azorín
El léxico de Azorín es tan variado como extenso; y lo mismo toma vocablos de la legua hablada por los campesinos y por los diferentes artesanos de los rincones de Castilla que visita -dignificando así el habla rural-, como de los escritores clásicos -empleando arcaísmos y vocablos de contenido fuertemente decadentista- y modernos -de los que sabe extraer acertados neologismos. En el artículo “La palabra y la vida” afirma Azorín que “lo que debemos desear al escritor es ser claros, precisos y concisos”. Y añade más adelante: “Cada cosa en el lenguaje escrito debe ser nombrada con su nombre propio; los rodeos, las perífrasis, los circunloquios embarazarán y recargarán y ofuscarán el estilo. Pero para poder nombrar casa cosa con su nombre… debemos saber los nombres de las cosas. Echemos una mirada por la casa y por el campo; a centenares se nos ofrecerán las cosas, los detalles, los particulares, las faenas y operaciones que no sabemos nombrar. Y, sin embargo todo eso tiene o ha tenido su nombre; debemos conocer y usar esos nombres. Si están esos nombres en el habla baja, popular, llevémoslos sin vacilar al lenguaje literario: si están en libros viejos -en los clásicos-, exhumémoslos también sin reparo”.
Nuestro poema de cada día
La renovación estética de la prosa noventayochista tiene en José Martínez Ruiz- Azorín- uno de sus más egregios representantes. De entre todos los miembros de la Generación del 98, es el escritor de mayor concisión; y para ello emplea una sintaxis simplicísima, a base de la oración breve, con una ordenación lógica de sus elementos. Pero también es el de la mayor propiedad léxica, con un vocabulario -buscado y aun rebuscado tanto en los clásicos como en las "fuentes vivas" de artesanos y labriegos- que sorprende por su inigualable riqueza. Ese gusto por el detalle, por las pequeñas cosas cotidianas en las que no solemos reparar, le permitió a Ortega y Gasset referirse a “los primores de lo vulgar”, en afortunada expresión con que titula su ensayo sobre Azorín -de 1917-, y que resume con claridad un estilo tan personal como inigualable.
“Desecho e izquierdo”, 2ª. edición impresa y ampliada, esta vez a cargo de la Editorial Leviatán, reúne poemas de un Rolando Revagliatti, a mi juicio diferente. Advierto ya desde el título, en efecto, una alusión a esa suerte poco amable por la que transitan algunas etapas de la vida singular y colectiva, retratadas todas, con pinceladas del absurdo y la provocación y muy poca esperanza -casi nula, diría-. Lo que atribuyo al conocimiento profundo de Revagliatti, este antipoeta, “experto” sobre todo aquí, en los dramas neuróticos y en las vicisitudes porteñas y nacionales.
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A la etapa modernista de Valle-Inclán pertenecen las cuatro Sonatas -Sonata de Otoño, Sonata de Invierno, Sonata de Primavera y Sonata de Estío-, así como las Comedias Bárbaras y el libro de poemas Aromas de leyenda. Progresivamente, Valle-Inclán se aparta del estilo modernista y crea una prosa enormemente expresiva con la que deforma y degrada la realidad con terrible ironía y mordacidad.
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Industrias y andanzas de Alfanhuí es la primera novela de Rafael Sánchez Ferlosio, publicada en 1951, y puede considerarse como una de las obras pioneras del “realismo mágico” español. La obra narra, en una prosa de gran aliento poético, el “viaje” de crecimiento y aprendizaje del protagonista, amante de la naturaleza, por pueblos y caminos de la Espala rural, y de los artificios de que se vale para salir adelante construyendo su propia realidad, totalmente ajena al mundo de los adultos. Vamos a centrarnos en el capítulo XI de la tercera parte: “De la ciudad de Palencia y la herboristería de Don Diego Marcos”.
Nuestro poema de cada día
En este texto de Valle-Inclán, perteneciente a la Sonata de primavera, aparecen cuantos elementos configuran el estilo de la prosa modernista de Valle-Inclán.
Nuestro poema de cada día
La humanización de los borricos., I. “Platero y yo (Elegía andaluza)” es un libro que atrae a todo tipo de lectores, desde que se abre por su capítulo I, en el que Juan Ramón Jiménez nos presenta a Platero. Son 138 breves poemas en prosa lírica llenos de afortunadas imágenes y de toda una serie de recursos retóricos propios de la estética modernista que el autor emplea para obtener unas composiciones de gran belleza: adjetivación deslumbrante, palabras llenas de colorido y musicalidad….
El mercado del libro de segunda mano tiene una particularidad que lo diferencia de otros sectores: dos ejemplares con el mismo título pueden tener precios y características muy distintos. La edición, el año de publicación, el estado de conservación, la disponibilidad e incluso determinados elementos de la propia tirada condicionan el valor de cada copia. Por eso, comprar libros usados exige observar algo más que la portada y el importe marcado.
Nuestro poema de cada día
Gabriel Miró describe con sensibilidad el paisaje de Calpe, evocando su belleza a través de una rica adjetivación que resalta la conexión entre el ser humano y la naturaleza. El campanario del pueblo se presenta como símbolo de identidad, en un entorno donde flora y fauna conviven en armonía.
Editorial Anagrama. 2026
Emocionante, profunda y sorprendentemente divertida, Pan es una nueva obra maestra del género de iniciación a la vida adulta del becario Guggenheim y crítico literario Michael Clune, cuyas memorias sobre la adicción a la heroína, White Out —considerada uno de los mejores libros del año por The New Yorker— le granjearon un público de culto. Ahora, en Pan, la gran novela de nuestra era de ansiedad, Clune nos sumerge en la psique humana, donde corremos el riesgo de descubrir que las fuerzas que controlan nuestra vida interior podrían ser más ajenas a nosotros de lo que queremos creer.
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