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Autor de “El manuscrito del aire”

Cuando hace poco más de diez años Luis García Jambrina rescató a Fernando de Rojas, autor de La Celestina, como protagonista de una novela no sospechaba el éxito que iban a tener sus obras sobre tan enigmático escritor y famoso pesquisidor. Ahora llega una nueva entrega de su tetralogía “El manuscrito del aire” con el que da un salto a América para contar el comportamiento de los conquistadores en el nuevo continente y el choque entre culturas.

«Oh dulce España, patria querida», Miguel de Cervantes Saavedra

El benemérito historiador Francisco Javier Escudero Buendía, de la Universidad de la Castilla-La Mancha, y autor de los excelentes libros, verbi gratia, «Personas y personajes del Quijote. Personajes históricos en La Mancha» (Almud Ediciones, 2021); «La iglesia de Santa Catalina de La Solana, siglos XII-XV (2003, Tomelloso); «Francisco de Mendoza “El Indio”, 1524-1563» (Guadalajara, 2006); y «El palacio de la encomienda del virrey Mendoza en Socuéllamos» (Albacete, 2013); descubrió diez nuevos testimonios inéditos de vital importancia para la biografía documentada del licenciado Cervantes, Juez Pesquisidor en Ocaña (1524-1525), esposo de Leonor Fernández de Torreblanca, heredera de la insigne saga de los médicos de Córdoba.

El manuscrito de fuego” es la tercera novela del escritor zamorano Luis García Jambrina que tiene como protagonista a Fernando de Rojas, el conocido autor de La Celestina.

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Ed. Junta de Castilla y León. Consejería de Cultura y Turismo
Otro libro magnífico de la editora de la Junta de León y Castilla, pero que sigue sin aceptar que los reyes castellanos, sensu stricto, son asimismo reyes leoneses, y por esa titulación deben ser considerados, más si cabe cuando hasta Pedro I “el Justiciero” las Cortes de León y de Castilla se reúnen por separado. Quomodo vales. Se colige que el médico Alonso García de Chirino provenía de una familia de marranos de las tierras de Guadalajara.

La poesía es un bien. Es un bien porque nos conduce hasta la perfección y porque es un fin en sí. Es un fin, pues como la mujer nos civiliza y nos educa, aunque pacíficamente. En la poesía van implícitos los modos más finos del decir, del habla, modos que contienen, piensan los lingüistas humanistas, poetas eruditos, fragmentos del mundo, o mejor dicho, la substancia del mundo.