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LA EXISTENCIA FRAGMENTADA. "UN SIGLO LLAMADO INVIERNO", Francisco Morales Lomas

Esdrújula ediciones 2025
jueves 01 de enero de 2026, 21:20h
Un siglo llamado invierno
Un siglo llamado invierno
Un siglo llamado invierno es una historia de amor imposible no solo por el contexto en que esta se fraguó, la Alemania del nazismo, sino por la singularidad de sus protagonistas. La novela, que adopta el fragmentarismo como marco estructural para la presentación de la historia, se estructura en tres partes tituladas: Amor y sombras, Danza macabra y Reencuentro, y cada una de ellas a su vez constituida por un número determinado de fragmentos con su propio título.

El fragmentarismo como uno de los modelos no lineales de pensamiento y de producción textual se enmarca en la disolución de la unidad clásica de discurso, facilitando una lectura aleatoria que permite el acceso a las distintas fases del relato sin necesidad de seguir el orden tradicional. Esta modalidad textual designa, ante todo una posición estética e intelectual en la que el fragmento se adopta como unidad formal deliberada y como principio de organización del sentido, es decir, no se concibe como resto o vestigio de una totalidad perdida, sino como entidad autosuficiente, capaz de generar significado de manera independiente y sin necesidad de integrarse en un sistema coherente. De ahí la posibilidad de seguir la lectura en un orden aleatorio.

En la novela que nos ocupa, este enfoque, visible en la tradición aforística nietzscheana o en la escritura benjaminiana y que implica una crítica explícita a los modelos totalizantes, es tan solo parcial, ya que todos los fragmentos están titulados, lo que de alguna manera actúa como aglutinante cohesionador con una totalidad, la novela. No obstante, persiste la intención de elevar la deslinealización fragmentaria a categoría estructural, la cual se convierte en un procedimiento productivo antes que en un defecto formal. El fragmentarismo, se puede decir que niega la necesidad de una unidad integradora y propone un modelo en el que cada fragmento constituye un núcleo de sentido irreductible que con frecuencia genera rechazo pues, como expone Blanchot 2019:13 “lo fragmentario, más que la inestabilidad (la no-fijación) promete el desasosiego, el desarreglo”, pues saca al lector de su zona de confort.

Una historia de dos.

ELLA.

Desde la incertidumbre, el amor y el miedo que amenazan su diáspora personal, la joven Joanna, trasunto narrativo de la insigne filósofa Hannah Arendt, arranca un forzado viaje al exilio que sirve a Francisco Morales Lomas para representar el drama interior de su protagonista. Sobradamente sustanciadas en tantos casos de intelectuales judíos y su devenir en la oscura historia de la Alemania previa a la ascensión de Hitler al poder, el drama vital de Hanna Arendt aporta el interés añadido de una historia de amor tan imposible como inverosímil con quien fuera su maestro en la Universidad de Marburgo, Martin ( Martin Heidegger) el joven filósofo que doblaba en edad a su discípula por aquellas fechas y que deslumbra con su inteligencia y mágica oratoria a jóvenes estudiantes como Joanna.

La necesidad de salvaguardar su dignidad y la vida despertará en la protagonista la fortaleza necesaria para afrontar la situación, sortear los peligros de una travesía por aquella Europa amedrentada por los fascismos desde Alemania a Lisboa, y alcanzar la salvación vital, que no emocional en Suiza, París y por fin en los Estados Unidos de América. Una fortaleza resurgente en la adversidad de la temporalidad a la que se halla anclada, y en la que por propia convicción moral deberá asumir por encima de todo para salvaguardar su condición de judía. Pero la experiencia de esa angustia que domina su existencia le permitirá en este contexto vislumbrar su libertad y encontrar el coraje y valor necesarios para combatir desde su débil posición un tiempo de destrucción y oprobio en la sola y única posibilidad de resistencia personal posible ante la ignominia y el odio, el sionismo:

“Los sionistas son los únicos preparados. Y gracias a ellos, yo estoy luchando como judía y pertenezco al judaísmo… Joanna se sentía en esos momentos como un soldado que había entrado en acción…” (341)

Joanna, la joven y bella estudiante, apasionada lectora que había sucumbido a los hechizos de su verbo, anuda su vida a la de Martin desde ese instante en que es recibida en la tutoría por el joven profesor, que la ha cautivado en las clases y que lo seguirá haciendo en la intimidad de la cabaña de Todnauberg, ese laboratorio para la reflexión y el pensamiento donde se acrisola su amor y forja su desgracia. Entregada a un Martin impetuoso y dominado por su egoísmo vital, abrumada ella por la clarividencia de las palabras, su entrega al filósofo en cuerpo y alma, la imposibilidad de renuncia a un sentimiento desatado a pesar de la realidad que representa el muro de su matrimonio con Elfride, y la situación que presagia el auge del nacionalsocialismo en la sociedad alemana se ponderan como un cóctel de tribulaciones para una vida que por momentos se verá convertida en un infierno del que escapar.

En el fondo del sueño, para Joanna refulge la llama del amor, pero en la vigilia soñadora de la superficie aflora cada vez con más nitidez, hasta configurarse como realidad, un tiempo convulso, incomprendido por la razón, una nueva realidad que se va imponiendo por obra del pensamiento y la propaganda nacionalsocialista, capaz de afectar a las convicciones de humanidad subyacentes a las tesis en torno al ser en el mundo con los demás, defendidas por el filósofo que la enamora, una idea que Joanna verá desmoronase ante la realidad de un tiempo marcado por el odio, la intolerancia y el extermino.

Nuestros caminos se fueron distanciando más todavía cuando el discurso del rectorado y tuve que salir de Alemania antes de que, de nuevo y, definitivamente, me detuvieran y me enviaran a alguno de aquellos campos de los que se decía que no volvía nadie”. (164-5)

En su travesía vital han surgido otros amores de juventud y otros surgirán para seguir siendo incapaces de borrar aquella llama prendida en la inocencia de sus dieciocho años y acrecentada en los paseos por los caminos de la Selva negra en compañía de Martin. Luego vendría un matrimonio sin amor con Günther, alguna aventura con hombres desconocidos que le han servido para mitigar la angustia y la soledad, aunque siempre experiencias incapaces de detener una carrera amorosa paralela al crecimiento del nazismo, ya refugiada en la creación de su tesis en Heidelberg, ya en la distancia, separada físicamente de Martin, aunque sujeta a la irreversible pulsión de su deseo.

En ocasiones anteriores los diversos amores habían sido fruto de una estentórea pasión bastante pasajera, pero ahora presentía que Martin sería para ella la persona que le abriría definitivamente las puertas de ese ser que tanto reclamaba. (124)

La pasión irracional, el deseo irrefrenable que la entregaba al presente que le ofrecía Martin desde aquella cabaña en el bosque y desde los versos de Hölderlin, irían creando raíces profundas para sujetarla al del que Martin hablaba en sus escritos.

Estar enamorada era como estar empujada a la existencia más propia, como decía San Agustín, amo, volo, ut sis. El ser y estar nacía en el amor. Solo era en él. Y por eso el amor traía el sentimiento de ser lo que se quiere ser. (160)

Pero el presente que ambos viven como una experiencia extática y que se iría actualizando en toda una vida encierra otra verdad, el antisemitismo imperante en la esfera política, circunstancias que él conoce y que en su ensimismamiento Joanna ignora, hasta que el tiempo se lo muestre con la crudeza fáctica del destino.

El nazismo es ya una realidad impuesta en todos los órdenes de la vida alemana. El distanciamiento de Martin a raíz de su discurso del rectorado, donde el profesor se manifiesta tan próximo a las ideas del nacionalsocialismo es palmario, y las certezas de la represión, las detenciones y deportaciones no dejan albergar a Joanna otra posibilidad que salir de Alemania.

Para llegar a París, donde se deberá reunir con su marido, Günther, Joanna simula una visita terapéutica para tomar las aguas medicinales de Karlovy Bari; pretende pasar desapercibida con su estratagema de ahí a Suiza y luego a Génova desde donde le resultará menos peligroso alcanzar París. Es la aciaga travesía de oeste a este de una Alemania vigilada, la amenazada y angustiosa huida de una mujer valiente, y sobre todo arrojada, que oculta una huida de sí misma como mujer enamorada de quien ya ha marcado distancia con el silencio y de un sistema político que pretende su aniquilación. París significará una tregua para el descanso emocional, sin embargo, pronto se impone una realidad anímica que le impide continuar con un matrimonio sin amor.

Su estabilidad, a pesar del imborrable recuerdo de Martin, se inicia con la llegada a su vida de un nuevo hombre que la ama y protege, Heinrich, un activista comunista con quien contrae su segundo matrimonio y con quien se plantea dejar Europa y cambiar la huida por el combate.

Estados Unidos, la meta al fin alcanzada con la ayuda de su primer marido, representa la salvación y el orgullo, desde su condición de mujer judía, de haber luchado por la afirmación de su judaicidad. El devenir posterior, el desarrollo de una carrera brillante y una obra filosófica que reinterpretará el “ser con” heideggeriano, ese “ser con otro” visto desde la ontología como un otro individual, en un plural, la que se representa en la realidad política y ética de la convivencia, el “otro” constitutivo del mundo compartido. Y si para su maestro la finitud y la asunción de la muerte constituían la autenticidad del ser, para Hannah, como expone en su obra La condición humana, antes que la muerte esa autenticidad del ser es la natalidad:

El milagro que salva al mundo, a la esfera de los asuntos humanos, de su ruina normal y natural es en último término el hecho de la natalidad, en el que se enraiza ontológicamente la facultad de la acción. Dicho con otras palabras, el nacimiento de nuevos hombres y un nuevo comienzo es la acción que son capaces de emprender los humanos por el hecho de haber nacido. Sólo la plena experiencia de esta capacidad puede conferir a los asuntos humanos fe y esperanza, dos esenciales características de la existencia humana. (Hannah Arendt,2022: 266)

ÉL.

El destino de la pasión amorosa de Hanna Arendt en la vida real, Martin Heidegger, se erige en la novela de Francisco Morales Lomas en un objeto de análisis bien documentado no exento de valoraciones subjetivas legítimas en una obra de ficción. La arrolladora personalidad del protagonista, Martin, su arrogancia, su egoísmo, la predisposición al amor y al sexo, y lo controvertido de un actuar al que no le es extraño la infidelidad, el engaño, o la deslealtad hacia su maestro Edmund Husserl dan una idea de su complejidad como personaje; felonías y desdenes que contrastan con su idealización del amor, su inclinación a la poesía, la música y a la filosofía. Descrito por Elfride, su esposa, como egocéntrico y soberbio, la de los hijos (Jörg y Hermann) en cambio, lo presentan como un ser amigable y cariñoso cuyos consejos afloran en mitad de la noche para mitigar el miedo en el campo de batalla. Su adhesión a los valores del nacionalsocialismo, su ambigüedad sobre el antisemitismo o su pasión por el romántico Hölderlin, son aspectos constituyentes de la vida de Martin Heidegger tratados en la novela como material biográfico al que se somete a una meticulosa elaboración a partir del manejo de fuentes de valor científico contrastado y en especial a la utilización de técnicas narrativas como el fragmentarismo y el perspectivismo.

La ficción que se entreteje sobre el personaje se construye a partir de la diversificación de puntos de vista sobre episodios de la vida real conocidos y contrastados, junto a valoraciones subjetivas realizadas desde la óptica del narrador. Así, en el tratamiento de la pulsión sexual del personaje se valora las observaciones de Elfride, la esposa, las del narrador y la muy determinante de Joanna.

Para Martin, esta disposición al amor que se alimenta en la lectura de Hölderlin es la disposición del ser e impulso “hacia la verdad suprema” (127). El amor es visto como una experiencia límite o trascendental que revela aspectos profundos de la existencia y la trascendencia del Dasein, una renovadora reflexión sobre el Ser con la que pretende luchar contra la tradición metafísica y “repensar el ser en cuanto tal y no a partir de lo ente”.

Los jóvenes se quedaban meditando y los había incluso que levantaban la mano y daban una interpretación perspicaz de los hechos. Yo me estaba comprendiendo a mí mismo a través de ella. El Dasein se comprendía a sí mismo como ser-en el mundo a partir de su mundo. Y mi mundo era entonces Joanna ---mi vida y mi Dasein, solo tenía sentido en ella. (215)

Sin embargo, esta idealizada visión sentida por Martin en primera persona sucumbe ante la exigencia de la esposa Elfride, quien pone en evidencia la fragilidad de su convicción:

La aventura con aquella judía había llegado demasiado lejos. Y me preocupaba… O ella o yo, le espeté.

Y él se disculpó afirmando que no era lo que yo creía. Que no debía pensar mal y que si realmente consideraba que lo mejor era evitar el trato con aquella joven, él la convencería para que se marchara a otra ciudad. Y así hizo. (227-228)

Para Heidegger, el amor es una apertura ontológica: la forma en la que el ser humano puede experimentar la verdad del ser sin elaboraciones conceptuales. Su relación con Hanna Arendt y Elisabeth Blochmann, fueron además de relaciones personales, experiencias que se alinean en la comprensión de la existencia como ser con otro, es decir, sujeta a una co-presencia afectiva y enmarcada en la temporalidad. Algo que se puede entender como un oportunismo interesado que arranca de su egoísmo vital.

“En honor a la verdad así ha sido mi vida. Siempre el ser con. Porque para se necesita el . Y ese < con> ya tenía el ánima que lo comprendía, Joanna” (211)

“Aquella joven…era mi ser y mi tiempo, mi estar en el mundo, (214)

El estaba siempre en mi obra. Y Joanna era entonces ese . Yo me estaba comprendiendo a mí mismo a partir de ella. El Dasein se comprendía a sí mismo como ser- en el mundo a partir de su mundo. . . Y mi vida, mi Dasein, solo tenía sentido en ella…” (215)

El tratamiento de la cuestión sexual, más que del amor en sí, se muestra como un rasgo irrefrenable de la psicología del personaje que le lleva de manera quasi enfermiza de una a otra amante a lo largo de la vida- Joanna no fue su primera conquista y después de ella surgieron muchas más, (Lisa,, Margot, Eli)-, producto de un egoísmo rampante que salta sobre cualquier tipo de impedimento moral, lealtad a la esposa o respeto a la dignidad del individuo desde la perspectiva de lo que para Martin es el das man una existencia inautética lejos de lo que en su teoría del ser representa el Dasein

“…pronto supe que había también un demonio interior que lo agitaba permanentemente: el amor, el sexo, la continua búsqueda de la mujer.” (465)

Irónicamente, su esposa Elfride imagina las escenas del marido con sus amantes, seduciéndolas con su discurso:

“Se ha dicho que mi Ser y tiempo es una antropología ¿Sabe, señorita, qué es una antropología? Una vuelta de la filosofía del hombre angustiado así es, señorita, preocupado por su tiempo…así la antropología no es algo previo al estudio del ser sino la condición. ¿Con quién está de acuerdo, señorita? Claro, conmigo, señorita. Acérquese, quiero comprobar su usa sujetador. ¿Y bragas? Señorita, no habrá tenido la desfachatez de ponerse las bragas…” (355-6)

La construcción de la novela sobre el juego de perspectivas enriquece sobremanera la creación de perfiles psicológicos e ideológicos en sus personajes, permite trazar las condiciones sociales y contextuales, para unos y para otros según su ángulo de visión nacionalsocialista o judío, o desde el plano afectivo-familiar etc. El concurso del narrador favorece la valoración sobre la talla humana o las miserias morales que esconden bajo la superficie de honorabilidad los actantes de la historia, los anhelos ocultos y los sentimientos que tanto condiciona el contexto histórico de aquella Alemania. En este sentido, la guerra es vista por el narrador desde una distancia diferente a la del joven Hermann, que asume como un deber su rol en la defensa de sus ideales como soldado activo en el frente de guerra nazi.

Hay un ágil intercambio de perspectivas activadoras de la narración entre la primera persona de los personajes y la tercera del narrador, donde se intercalan diálogos y fragmentos monologados que favorecen una evolución dinámica de la novela. Así, la idealización de Martin por parte de Joanna contrasta con el parecer de Elfride sobre su marido. Joanna es vista como una “perra” desde la óptica de la esposa de su amante, y la trayectoria personal de Martin y su debate ideológico nos llega por Joanna, los compañeros de Universidad como Karl o los propios hijos de Martin. Una mención especial requiere el personaje Elfride, su relevante punto de vista en la novela como mujer sufriente de la altivez y desmedido orgullo de Martin, a la vez que inductora de sus hijos y de su propio marido al ideario nacionalsocialista. Doblemente víctima de una compleja realidad familiar a raíz de un embarazo extramatrimonial habrá de expiar su culpa a lo largo de una vida. En su fuero interno, la expiación consistirá en soportar el peso de la deslealtad del marido y sus devaneos amorosos con jóvenes estudiantes e incluso con su propia amiga Elisabeth. A este respecto, resulta especialmente relevante el capítulo días furiosos, en el que asistimos al análisis de su psicología, sus anhelos, sus frustraciones, su angustia y su ironía.

La objetivación del posicionamiento ideológico del protagonista es discutido en los diálogos como los que sostienen Gertrud, la esposa judía de Karl, el director de Tesis de Joanna, Joanna y el propio Karl:

-Martin está tomando una deriva antijudaica -dijo Joanna con gran pesar…

-Él siempre ha dicho que carece de relaciones con las autoridades competentes del gobierno y del partido; que ni siquiera es miembro del partido…-argumenté en su defensa.

-Los datos que tenemos nosotros es que Martin es miembro del partido nazi, que está afiliado y que el partido está intentando por todos los medios que sea rector de la Universidad como acto de desagravio al no aceptar la cátedra de la Universidad de Berlín que le ofrecían -añadió Joanna (290-1)

En el capítulo Los últimos estertores, es Martin quien en primera persona expone las circunstancias que concurrieron y que marcaron su evolución ideológica y filosófica:

“Mi fascinación por Hitler en un principio tuvo acaso mucho que ver con la misma fascinación que en su momento puedo existir en Platón por el tirano de Siracusa, o en Aristóteles por Alejandro” (421)

“Pero pronto me di cuenta de que los nazis solo querían adueñarse del mundo y tecnificarlo. Y me volví rebelde contra ellos, y ellos me castigaron a su modo, con el silencio y con la vigilancia o la prohibición” (423)

“Había necesidad de realizar una purificación del ser para con los entes. Había una diferencia ontológica en la que se debía contender en términos de una de-cisión, ser o entes. Y en consecuencia, se podía decir que todo lo que pertenecía a la tecnología, a la ciencia, a los nazis, a los judíos… eran entes que debían ser rechazados… el judaísmo mundial…no necesitaba en absoluto de acciones bélicas para desplegar su poder, mientras que a nosotros solo nos quedaba sacrificar la mejor sangre de los mejores de nuestro propio pueblo. Y se observaba que una de las formas más obstinadas y tal vez la más antigua de lo titánico era la tenaz habilidad del cálculo y del deslice y del mezclar, que, asociada a los judíos, fundamentaba la falta de mundo de este colectivo humano. Por este motivo, algunos me llamaban antisemita. No me comprendían- ¿Fui antisemita cuando amé a Joanna, a Elisabeth y a tantos otros judíos y judías?” (423-4)

Por último, queda el anhelo romántico de fundir vida y literatura a través de la lectura de Hölderlin, de Tomas Mann y Nietzsche, una forma de evasión de la cruel realidad que lleva al personaje a la recreación de una historia de amor literaria a la vida real con protagonistas diferentes, pero reales, que soportan la angustia de su temporalidad y que se sintetizan en una sola mujer, Joanna, mientras Elfride “asistía impasible al romance, consintiéndolo en silencio” (159).

Un siglo llamado invierno es sin duda una apuesta literaria relevante en la oferta narrativa contemporánea por diferentes motivos, uno de los cuales es sin duda su aportación en mostrar cómo afectó a todos los órdenes de la vida europea el ascenso del nazismo y en particular su repercusión en los intelectuales; una ficción histórica que abre espacios de reflexión moral sobre cómo personas pertenecientes a la esfera intelectual y, en su caso, uno de los más relevantes filósofos del S.XX, Martin Heidegger, pudieron verse arrastradas por la maquinaria del Estado e incidir en comportamientos mezquinos con personas de su entorno más próximo. Pero al mismo tiempo Un siglo llamado invierno nos acerca a la reconstrucción emocional de una época de dolor, de incertidumbre y, también, de esperanza y de resistencia, encarnada en la figura de Hannah Arendt.

Bibliografía

Arendt Hanna. 2022, La condición humana, Paidos.

Dante Eugenio Klocker. “La significación del fenómeno amoroso en el pensamiento de Martin Heidegger”, Ideas y Valores, vol. LXV, núm. 161, pp. 217-245, 2016.

Blanchot Maurice. 2019, La escritura del desastre, Trotta.

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