No es el hambre de la madre a la que no le alcanza para comprar comida y oculta su hambre para paliar el hambre de sus hijos. Ese “no gracias, ya comí”, o un “no me gusta”, o un “no tengo hambre” mientras se susurra una canción para tapar el grito del estómago que se retuerce en el alma. Es el hambre que brota tras la destrucción de las ciudades, esa hambre viento de limpieza étnica, esa hambre genocida, como ayer en los campos de la muerte, ocultos tras alambradas, como hoy, frente a los ojos del mundo y transmitido por televisión. Ese matar por hambre que dejó de avergonzar al mundo que hace mirar para el lado no sea que se nos vaya a quitar el apetito.
Esa hambre que hace que un pueblo muerto de hambre tenga que entregarse, manos en el estómago, al nuevo emperador, ese que se atreve a bromear con el hambre. Dignidad contra el hambre, muerte del hijo frente al hambre, un verso contra el hambre. Hasta el sueño tiene hambre y se va encogiendo como la piel de zapa, cucharada vacía tras cucharada vacía. En los escaparates vacíos en La Habana se vende hambre.
En palacio en Washington se distribuye hambre bombas y hambre.
¿Cuál es más eficaz? sonríe el nuevo emperador mientras se chupa los dedos con fruición.
Ante cuál se puede callar me pregunto con vergüenza mientras escribo una nueva columna y un barco se dirige a Cuba a Gaza nadie a los oscuros departamentos sociales de Nueva York donde una madre dice no gracias, no tengo hambre y nadie escucha.
Y mi página vacía se retuerce de hambre en espera de un verso.
Tema libre en el día de la poesía
me dije.
Gustavo Gac-Artigas. Poeta laureado, novelista, dramaturgo y hombre de teatro chileno. Miembro de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), del PEN Chile y del PEN América. Es miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) y académico de la Academia Tomitana y de la Academia Universalis Poetarum.
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