Escribir, al igual que vivir, en estos tiempos de absoluta globalización, de intereses espurios, donde Narciso, tan de culto al cuerpo, campa a sus anchas y se abandona el espíritu; donde el dinero es la única razón de la existencia, como comprenderán, amigos lectores, es asunto de una cierta complejidad. Sin embargo, hay ocasiones en que surge o se encuentra uno en el camino con la sabiduría y una honda meditación sobre nuestro mundo actual a través de dos conceptos universales como lo son “mística” y “compasión”, de tal manera que la esperanza parece renacer de las cenizas en las que estamos convirtiendo a nuestro planeta. Esa luz, escondida tantas veces no se sabe dónde, aparece entonces, abriéndonos el corazón de par en par y sirviéndonos de guía o faro para seguir caminando por este valle, más de lágrimas, que de alegrías. A pesar de los pesares, ahí está la esperanza, de la que Nietzsche dijo: «La esperanza es un arco iris desplegándose sobre el manantial de la vida que se precipita en vertiginosa cascada; un arco iris cien veces engullido por el espumaje y otras tantas veces rehecho de nuevo, y que con tierna y bella audacia despunta sobre el torrente, ahí donde su rugido es más salvaje y peligroso». Ese arco viene a ser ahora un extraordinario libro, La mística de la compasión, del profesor, filósofo, teólogo y poeta Antonio J. Mialdea (Córdoba, 1968) y editado por Cántico, en su colección Llama de amor viva. La honda mirada de Mialdea sobre la obra y vida de san Juan de la Cruz es el motivo central de este libro que nos descubre aspectos antes desapercibidos, pero que ahora nos devuelve con su continuo estudio y dedicación. «La llamada al silencio, al conocimiento interior y al amor verdadero, tan necesarios como luminosos en nuestro agitado tiempo, guiados por la sabiduría de san Juan de la Cruz» es el reclamo anunciado en la cubierta del libro. Como premisa, Mialdea parte de que, «si toda mística tiene que desembocar en una ética, esta tiene que terminar necesariamente en la construcción de un ser humano compasivo». Para desarrollar su hipótesis Mialdea estructura el libro en veinte breves capítulos y una reflexión última, “A modo de cierre”. Inicia este recorrido con la urgencia de encontrar la compasión, y para ello añade un elemento más: el miedo, para a continuación expresarse en los siguientes términos: «No se puede tener esperanza si se tiene miedo y mucho menos se puede tener compasión si se vive con miedo. Juan de la Cruz vivió en esperanza y compasión porque habitó sin miedo este mundo. Como lo hizo sin miedo, todo lo que oró, lo que escribió se abrió al futuro de la esperanza, nos ofreció un horizonte de sentido absolutamente narrable. El miedo impide del todo la acción narrativa». Mialdea acierta plenamente con este ensayo en el cual narra aquello que define como La mística de la compasión. En este sentido, nos ofrece capítulos memorables, que nos acercan al Juan de la Cruz más humano, también más divino y más sabio, que no se dejaba sorprender por fuegos de artificio, sino por la expresión más viva del ser humano, también en la escritura: «Todos sus versos rezuman y transmiten dulzura, compasión, amor, amabilidad. El lenguaje en él ha actuado de embudo y de tamiz para depositar todos sus enfados e iras». Mialdea construye un relato de una solidez indiscutible, su conocimiento abarca, no solo la vida y obra de Juan de la Cruz, sino los conceptos que baraja para entender y comprender mejor el origen de todo, que no es sino el silencio. Y escribe: «Al pensar y hablar podemos llegar casi todos, al sentir y callar llegan verdaderamente pocos (…) El silencio, no vamos a descubrir nada a nadie, acompaña a Juan de la Cruz durante toda su vida. Para él es esencial, porque le va a permitir llegar a la plenitud del Ser, de su Ser», lo que se evidencia cuando el fraile carmelita escribe en Beas de Segura: «La sabiduría entre por el amor, silencio y mortificación. Grande sabiduría es saber callar y no mirar dichos ni hechos ni vidas ajenas». No cabe duda que este ensayo contiene la expresión misma del Ser como entidad ontológica y que adentrarse en comprensión ha supuesto para Mialdea un verdadero reto, siempre lo es la filosofía, que ha sabido conjugar con una entrega absoluta. Resultado de esta entrega al pensamiento, a la indagación constante en la vida del místico abulense, es este extraordinario trabajo de investigación, que no dejará indiferente a nadie que decida acercarse a sus páginas, en las que se muestran las claves propias de una mística o espiritualidad –no tiene que ser exclusivamente religiosa– que se debe, en esencia, a la compasión. Para ello, no olvida Mialdea que la soledad, el vacío, la belleza, pero sobre todo, el desprenderse de sí mismo, abandonando el “yo” para convertirlo en “tú”, en pura alteridad, y así lo expresa: «En un mundo como el nuestro, en el que la afirmación del propio “yo” se ha impuesto por encima de todo con una máscara de benignidad, el místico concede absoluta prioridad al “tú”, a la alteridad, hasta el punto de ser capaces de olvidar el propio ego en favor de otro o de un absolutamente Otro». Y añade Mialdea: «En la conciencia del místico se produce un desequilibrio que hace que la balanza se incline en su totalidad hacia la conciencia del mundo dejando a la conciencia del yo empequeñecida, casi aniquilada». Podríamos preguntarnos, entonces, ¿cuál es la relación entre compasión y misericordia? En este sentido, Mialdea nos dice que, «La Iglesia Europea, a lo largo de los siglos, ha convertido la compasión en misericordia y esta en limosna o “asistencialismo”», y añade, con rotundidad: «Practicando la misericordia solo entregas, practicando la compasión TE ENTREGAS», esta es la cuestión. Finalizo este comentario con las palabras de Mialdea cuando escribe, sobre el místico abulense: «Juan de la Cruz vivió en soledad, pero no fue un solipsista, ni un individualista. Él logró alcanzar el vacío, pero la plenitud lo abrazó. Utilizó, ¡como todos!, sus máscaras, pero por debajo de las mismas creció su personalidad de gigante. Llevó el lenguaje hasta el límite de lo decible hasta el punto de convertirlo en un lenguaje que se habla a sí mismo». La de Juan de la Cruz «No fue una humanidad aislada, sino absolutamente compartida, su humanidad -con-todo-el-universo: una humanidad compasiva». Profundizar en La mística de la compasión, penetrar en el corazón del razonamiento y la experiencia del conocimiento interior a través del tiempo y la figura de Juan de la Cruz ha sido y es un regalo de incalculable valor, un tesoro que, desde su atenta lectura, nos hará más humanos, y, con toda seguridad, más compasivos. Mialdea, hay que decirlo claro y alto, ha escrito un libro memorable, de una honda reflexión mística y humana, que abre la puerta al corazón del hombre desde la palabra precisa y el estudio pormenorizado de la figura del carmelita Juan de la Cruz, cuya lectura no dejará indiferente al lector. Puedes comprar el libro en:
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