Pero… hay cadáveres que resultan sumamente inoportunos, y el de Radojka se lleva la palma. ¿Qué hace una pareja de cuidadoras cuando la anciana a la que atienden fallece repentinamente y con ella se esfuma la que supone su única fuente de ingresos? La lógica convencional dictaría llamar a una ambulancia, al médico, a urgencias. Pero en el teatro no todo tiene que ser lógico, afortunadamente, y lo más oportuno, adecuado, o inconsciente es tomar otras decisiones.
¿Dónde está Radojka?, la comedia negra de los uruguayos Fernando Schmidt y Christian Ibarzábal que se representa en los Teatros Luchana de Madrid, con la versión y dirección de Zenón Recalde trama el cóctel de un texto que camina sobre el filo del delito y con una hilaridad y solturas envidiable.
La obra entronca, de manera sutil, con la mejor estirpe de la comedia negra española. No estamos ante un vodevil de puertas, ni una comedia de sofá, sino ante una intriga de hechos punibles perpetrados con total naturalidad por ciudadanas corrientes (y divertidas).
Es imposible no recordar con cierta nostalgia y rescatar el eco de El cianuro... ¿solo o con leche?, aquella mítica pieza de Juan José Alfonso Millán donde el parricidio se planificaba entre tazas de café y cotilleos de provincias. Schmidt e Ibarzábal recogen ese mismo testigo: la desmitificación de la muerte a través de la cotidianidad doméstica. Al igual que el costumbrismo criminal de Jardiel Poncela en Eloísa está debajo de un almendro o los enredos de Miguel Mihura, aquí el absurdo legal se normaliza tanto que el espectador acaba asintiendo ante el delito. Y riéndose de la muerte.
Sin embargo, la obra moderniza el género. Si en las comedias del siglo XX la amoralidad solía brotar de la avaricia burguesa o de rencores familiares, en ¿Dónde está Radojka? se actualizan los motivos: el motor del crimen ya no es la codicia, sino la desesperación del proletariado maduro y la asfixia de la precariedad laboral.
El peso de este engaño descansa sobre la experiencia interpretativa de una dupla actoral idónea: Marta Valverde y Ana Belén Beas. El contraste de sus personajes es el motor que hace que la obra funcione. Marta Valverde despliega su vis cómica arrolladora como el pilar pragmático, la estratega fría a la que no se le pone nada por delante si es a favor de su interés. Y Ana Belén Beas le da la réplica perfecta encarnando una ingenuidad caótica e impredecible, aportando el punto de locura y absurdo que desestabiliza cada plan.
La conexión entre ambas es palpable. Sostienen un ritmo endiablado gracias a unos diálogos brillantemente construidos, repletos de réplicas afiladas donde la amoralidad se disfraza de sentido común y de humor a raudales.
¿Dónde está Radojka? nos hace reír de lo que nos debería escandalizar. Logra que el público se convierta en cómplice silencioso de un fraude que nos tiene intrigados de como saldrán de esta. Una comedia actual, delirante e improvisadamente calculada, que demuestra que el humor negro de corte clásico goza, paradójicamente, de una salud de hierro, aunque no sepamos dónde meter a Radojka. Agatha Christie se estaría riendo.
INFORMACIÓN
¿DÓNDE ESTÁ RADOJKA?
Texto: F. Schmidt y C. Ibarzabal
Dirección: Zenón Recalde
Reparto: Marta Valverde y Ana Belén Beas
Producción General: El Tío Caracoles
Production Company Productor: Miguel Ángel Chulia
Teatros Luchana