Rufino Félix Morillón: La elegancia hecha poesía. VEl poema "Primavera" de Rufino Félix Morillón evoca la llegada silenciosa de la primavera, contrastando con los últimos ecos del invierno. A través de imágenes sensoriales, el poeta celebra la renovación de la naturaleza y su conexión emocional con el pasado, simbolizando esperanza y renacimiento.
Primavera
Viene calladamente,
hostigada por aires
que en lenta evanescencia
aún sostienen el eco del invierno.
Todavía no siento su respiro,
esa caricia cálida
que rasga la impureza de la niebla
y aclara la lluviosa flechería.
Mas ya comienzo a oír
pájaros ensayando su concierto lustral,
y en mis ojos, espejeante,
el verdor engastado de los trigales.
Sé que en otro lugar ya espumea la luz
de los cerezos,
y que una rosa
comienza a manar sangre.
Sí, de nuevo se acerca
la dulce primavera a mis palabras.
Rufino Félix Morillón: La soledadde las arenas. Sevilla, EdicionesAlgaida, 2007.Apoyo léxico. El vocabulario empleado por Félix Morillón tiene un marcado carácter connotativo y es necesario ajustarlo a los contextos en los que cada palabra figura. Hostigada. Metafóricamente, acuciante, apresurada. Evanescencia. Cualidad de evanescente: con sutileza. Respiro. Metafóricamente, ambiente grato. Flechería. Literalmente, conjunto de flechas. En alusión metafórica, lluvia más o menos intensa. Lustral. En sentido metafórico, purificador. Espejeante. Reluciente o resplandeciente como un espejo. Engastado. Incrustado, encajado. Espumea. Brilla con claridad intensa. La naturaleza está siempre presente en los poemarios de Félix Morillón. Su percepción es netamente impresionista y está alejada de la versión objetiva, más geográfica que estética. Sus ojos no actúan como si de una cámara fotográfica se tratara, pues más que transcribir sensaciones evoca emociones. De hecho, la alegría que inunda su espíritu cuando presiente la llegada de la primavera tiene muchos en común con su maestro Antonio Machado. Para ambos, la primavera es el eterno renacimiento en que la naturaleza muestra su pujanza vital; para ambos, es el luminoso despertar de campos, árboles, huertos, jardines…; para ambos es la renovación del amor; para ambos es esperanza que atenúa el inexorable paso del tiempo… Y, ya más en concreto, la primavera, en Félix Morillón, simboliza la conexión emocional con su juventud y los recuerdos de “su” Mérida natal de antaño, por lo que se convierte en el idóneo refugio lírico para combatir el inexorable paso del tiempo. De ahí el tomo melancólico que impregna sus versos, ya que esa añoranza por los días perdidos -símbolo de la fugacidad de la vida- contrasta vivamente con la alegría que la renovación primaveral comporta. Componen el poema 18 versos heterométricos sin rima, distribuidos en cuatro agrupamientos estróficos (de 8, 4, 4 y 2 versos). Son heptasílabos los versos 1, 2, 3, 6, 9, 16 y 17; y alejandrinos con cesura central (7//7) los versos 10 y 13, por lo que predomina en el poema el ritmo heptasiabico; pentasílabos los versos 14 y 15; seis versos son endecasílabos, tres melódicos (versos 5, 11 y 12) y otros tres, heroicos (versos 7, 8 y 18); y hay, además, un verso dodecasílabo, el 4 (hemistiquios 5//7). Esta fluctuación silábica da cierta movilidad al poema (la primavera “se va acercando” y ya hay síntomas visibles de ello), a la que hay que añadir tres encabalgamientos: dos de tipo oracional en el primer agrupamiento estrófico (versos 2-3: “hostigada por aires / que en lenta evanescencia”; y versos 6-7: “esa caricia cálida / que rasga la impureza de la niebla”); y un tercero (nombre+complemento nominal) en el tercer agrupamiento estrófico: “la luz / de los cerezos” (versos 13-14). La ausencia de rima queda compensada por algunas asonancias internas: versos 1 (/é-e/: “Viene calladamente”), 7 (/é-a/: “la impureza de la niebla”); y también por aliteraciones: del fonema vocálico /e/ en los versos 3 (“que en lenta evanescencia”) y 11 (“y en mis ojos emerge espejeante”); del fonema vocálico /a/ en el verso 16 (“comienza a manar sangre”). Entendemos, además, que la asonancia final /á-e/ de los versos 11-12 no es casual, y responde a motivos eufónicos (“espejeante/trigales”). Sea como fuere, este tipo de métrica, que proporciona al poema una suave musicalidad, es muy del gusto del poeta. En el primer agrupamiento estrófico, el poeta, en primera persona, confiesa que aún no percibe la agradable llegada de la primavera, (verso 5: “Todavía no siento su respiro”; adviértase la fuerza expresiva del vocablo “respiro”), porque persisten fenómenos meteorológicos más propios del invierno (niebla, lluvia), que la capacidad metafórica del poeta convierte en “la impureza de la niebla” (verso 7) y “la lluviosa flechería” (verso 8). En efecto, la “caricia cálida” en que se ha metaforizado la primavera (verso 6) “rasga” la niebla (repárese en que este verbo es mucho más contundente -porque implica acción violenta y repentina- que, por ejemplo, “disipa”) y “aclara” la densidad de la lluvia (versos 7 y 8). La primavera se acerca, pero lo hace de forma sigilosa, ya que los vientos invernales aún persisten; lo cual el poeta expresa con delicadas metáforas: “aires / que en lenta evanescencia / aún sostienen el eco del invierno” (versos 2-4). El lenguaje se ha cargado por momentos de esteticismo: “lenta evanescencia” [que se desvanece poco a poco], “eco del invierno” [su sonido se percibe de forma débil y confusa, en la lejanía, porque se va retirando]. El segundo agrupamiento estrófico se inicia con la conjunción adversativa “más”, que introduce ciertas restricciones a lo afirmado anteriormente; porque ya se escucha el canto -de resonancias espirituales- de los pájaros (verso 10: “ensayando su concierto lustral”) y verdean los trigales (verso 12: “el verdor engastado en los trigales”); y todo ello lo perciben los oídos y los ojos del poeta. La expresión se ha tornado cada vez más culta y literaria: “concierto lustral”, “emerge espejeante”, “verdor engastado”. Y también es consciente el poeta (tercer agrupamiento estrófico) de que en otros lugares -por ejemplo, en el valle del Jerte, extremo nororiental de la provincia de Cáceres- ya han florecido los cerezos, y abierto las primeras rosas. Precisamente el color rojo subido de los pétalos de la rosa es el fundamento que hace posible la imagen “que comienza a manar sangre” (verso 16); imagen también lorquiana, aunque es contexto muy diferente: “Cuando se abre en la mañana, / roja como sangre está” (cf. Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores). Pero son, sin duda, los dos versos finales del poema -cuarto agrupamiento estrófico- los que condensan todo su mensaje:: “Sí, de nuevo se acerca / la dulce primavera a mis palabras” (versos 17-18). ¡Es el momento de la renovación poética! Esa “dulce primavera” de ribetes sinestésicos se va a trasladar a la poesía de Félix Morillón, rejuveneciendo su voz, contagiada, pues, de espíritu primaveral. Porque, como dice Antonio Machado, en referencia a la estepa del alto Duero, “Primavera tarda, / ¡pero es tan dulce y bella cuando llega!...” (cf. “A José María Palacio;” versos 5-6; en Campos de Castilla). “Rufino Félix Morillón publicó su primer libro cuando contaba 60 años; ese 'retraso' puede estar en el origen de no incluir su nombre en el grupo de poetas de especial significación en la Extremadura de la segunda mitad del siglo XX, pese a ser uno de los más completos de la poesía contemporánea española y seguramente la voz extremeña más sublime y pura”. Moisés Cayetano Rosado en Hoy, Diario digital de Extremadura. 22/06/2025.
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