www.todoliteratura.es
La escopeta nacional
Ampliar
La escopeta nacional (Foto: Javier Naval)

LA ESCOPETA NACIONAL

La escopeta sigue cargada
viernes 24 de julio de 2026, 11:05h

Hay obras que envejecen y no tiene sentido traerlas a colación en nuestros días. Pero La escopeta nacional, ha decidido hacer exactamente lo contrario: rejuvenecer a costa de nuestra vergüenza colectiva y patriótica. Porque lo que en su día parecía una caricatura de una España de cotos de caza, puros, whisky de importación, reverencias de salón y favores entre susurros, hoy se contempla con el incómodo rubor de quien descubre que la función todavía no ha terminado. Solo cambió de vestuario y de actores.

La escopeta nacional
La escopeta nacional (Foto: Javier Naval)

Juan Echanove dirige este monumental disparate con la sabiduría de quien conoce el tempo de la sátira y el pulso del esperpento. Cada escena es un pajaritero donde las piezas no son las perdices, sino la honestidad, la ética y el sentido común. La risa llega a carcajadas, sí, pero detrás de cada una acecha una dentellada que puede dejar marcada la dentadura en la carne.

El prodigioso guion de Rafael Azcona y Luis García Berlanga conserva intacta su mala leche, y la inteligente adaptación de Bernardo Sánchez Salas demuestra que las corruptelas, las prevaricaciones, el nepotismo, el tráfico de influencias, las estafas y los negocios sucios no entienden de calendarios. Se reciclan. Cambian de corbata, de despacho o de siglas, pero mantienen el mismo perfume rancio del privilegio. La sofisticación, esa palabra tan prostituida por quienes confunden la elegancia con el abuso de poder, aparece ridiculizada hasta límites gloriosos. Aquí el lujo es una máscara; la educación, una pose; la moral, un disfraz que se pone y se quita según convenga al negocio.

Y qué bien funciona ese universo gracias a un reparto que juega al exceso. Pere Ponce compone un personaje divertido, atrapado en la telaraña de quienes venden favores como quien ofrece canapés. Pedro Mari Sánchez convierte cada intervención en una lección de oficio y ¡cómo me gusta verlo siempre en escena!; Javi Coll aporta una extraordinaria vis cómica; Luisa Martín despliega una presencia escénica rotunda; Marta Ribera dota de elegancia incluso al disparate; Enrique Viana convierte el exceso en ridiculez exquisita, y Eugenio Villota, entre otros más intérpretes, completa un elenco al mejor estilo de los personajes de Tres sombreros de copa, de Miguel Mihura, donde nadie desentona. Todos parecen disfrutar de esa hipérbole necesaria que Berlanga y Azcona convirtieron en un idioma propio: exagerar para contar la verdad.

Hay en este montaje un aroma inequívoco a los esperpentos de Valle-Inclán. Esa deformación deliberada de la realidad que, paradójicamente, la hace más verdadera. No son personajes: son espejos cóncavos donde la España eterna se contempla con todos sus pliegues, sus verrugas y sus ridículos galones. La hipérbole deja de ser un recurso teatral y literario para generar un impacto social. Solo exagerando se alcanza la verdad de tanta caspa ilustrada, de tanto protocolo al servicio de la picaresca, de tanta reverencia hacia quien ostenta el poder porque siempre puede caer alguna migaja del festín.

Y, mientras la función avanza, acude inevitablemente a la memoria la irreverente cena de los mendigos de Viridiana, de Luis Buñuel, aunque aquí el paralelismo sea justamente el contrario. Allí eran los desposeídos quienes, entre hambre y necesidad, remedaban sacrílegamente una Última Cena que denunciaba la hipocresía de la caridad. Aquí son los privilegiados quienes ocupan la mesa del banquete, convertida en altar de influencias, recomendaciones y componendas. Ya no se comparte el pan, sino las prebendas; ya no se bendicen los alimentos, sino los negocios; ya no se reparte esperanza, sino favores. La liturgia permanece, pero ha cambiado el dios al que se rinde culto: la codicia, ese pecado capital que jamás ha necesitado confesionario porque siempre encuentra quien le conceda la absolución.

Porque la exageración nunca es gratuita. Se ríe uno de tanto servilismo, de tanto besamanos, de tanta devoción interesada hacia una religiosidad ultracatólica y conservadora utilizada como salvoconducto moral mientras, entre padrenuestros y rosarios, se cierran negocios inconfesables, se reparten prebendas y se bendicen los trapicheos nacidos al calor de las jornadas de caza. Dios parece asistir como invitado de piedra a un banquete donde el verdadero sacramento consiste en conseguir una firma, una concesión o un enchufe.

Y entonces, cuando las luces parecen apagarse, permanece una pregunta flotando entre el humo de los cigarros y el eco de las risas. El cuerpo ya no sabe a quién engaña. Tal vez se hunde en aguas cenagosas mientras pretende navegar un océano limpio. Quizá el mar también se equivoca en el vaivén de las olas. O quizá no se equivoca nunca y simplemente devuelve, una y otra vez, la misma marea de ambiciones humanas. Pasan los años, cambian los gobiernos, se modernizan los teléfonos, desaparecen los maletines para convertirse en correos electrónicos, pero la codicia continúa siendo el mayor pecado capital de nuestro tiempo.

La escopeta nacional sigue disparando como fuegos artificiales. No mata. Sería demasiado piadoso. Prefiere algo mucho más cruel: obligarnos a reconocer, entre tanta carcajada, que los personajes siguen sentándose a nuestra mesa y son pasto de las noticias en los telediarios. Y ese es el mayor logro de este magnífico montaje: demostrar que el esperpento no pertenece al pasado. Pertenece al presente. Y, si no aprendemos la lección, amenaza con convertirse también en nuestro futuro.

INFORMACIÓN

LA ESCOPETA NACIONAL

Autores: Rafael Azcona y Luis García-Berlanga

Dirección: Juan Echanove

Adaptación: Bernardo Sánchez Salas

Elenco: Pere Ponce, Marta Ribera, Enrique Viana, Javi Coll, Luisa Martín, Eugenio Villota, Pedro Mari Sánchez, David Pinilla, Patxi Freytez, Elisa Matilla, Javier Mora, Manuel Pico, Ángel Burgos

Composición musical: Ángel Galán

Teatro Español

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios