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"España no se rinde", de Juan Pérez-Foncea

Ed. Almuzara. 2024
martes 01 de septiembre de 2026, 21:32h
España no se rinde
España no se rinde

Es muy interesante esta novela-histórica sobre la visión de la Reconquista del autor, que comparto, y en un extraño y paradójico momento histórico en el que algunos medievalistas consideramos el hecho y el concepto, bien documentado ya desde la época del Rey Alfonso III “El Magno” de León y sus crónicas; y otros medievalistas vilipendian la cuestión hasta tal punto de negar su existencia sensu stricto.

La novela-histórica se ciñe con una importante cantidad de fidelidad a los hechos históricos que narra. Y reitero, desde el punto de vista de mi esencia de ser medievalista que esta obra como todas las que he analizado en Todo Literatura, presenta ese % sensible y exigible para no tergiversar la historiografía medieval, que es tan rica en el pasado de los Reinos del Medioevo hispánicos. En realidad, no se debería citar en la puridad más absoluta el nombre de Asturias, aunque reconozco que se ha admitido por consenso entre todos los historiadores que escribimos sobre la Edad Media, pero el nombre real es el de Asturia Regnum o Asturorum Regnum, aunque aceptemos la nómina actual.

Asturias, s. VIII. Un grupo de valientes comandados por Pelayo decide hacer frente al mucho más numeroso ejército musulmán. De su suerte dependerá el destino de una nación”. Sea como sea la obra contiene una importante carga didáctica. Con esta novela se pretende, asimismo, luchar con argumentos coherentes y rigurosos contra la indigna y ahistórica leyenda negra hispanófoba desinformada existente en diversos foros pseudoculturales. La Reconquista alumbró un concepto medieval diferente a lo que ocurría en Europa, ya que aquí se trataba de recuperar, como fuese, lo que se perdió, de forma y manera inexplicable, en las jornadas de Guadalete o La Janda en el año 711, por parte de un desacertado visigodo Rey Rodrigo y de las traiciones ad hoc que padeció.

Está claro que todos los que participaron en aquella epopeya del Medioevo fueron la forja prístina del carácter diferente de los hispanos, con respecto al del resto de los europeos medievales. La novela tiene como protagonista a un joven visigodo llamado Sisnando perteneciente a una las nobles familias godas de Toledo, que como es sabido eran los duques, próceres, gardingos y espatarios; quien tras el colapso del Reino de Toledo se ve obligado a refugiarse en las montañas ástures junto a su madre enferma, y malviviendo ambos de su escaso ganado. Todo se va a complicar cuando Sisnando recibe la inesperada visita de un cobrador de impuestos del gobernador bereber de Gijón, Munuza, que le reclama un impuesto imposible de poder abonar a cambio de conservar su religión y su propia vida, pero todo puede tener una solución si realiza apostasía de su cristianismo. Será por todo lo que antecede, por lo que el joven se unirá a la incipiente rebelión de un noble espatario llamado Pelayo, y que ya se está gestando en las tierras próximas a las montañas. Los hispanos, hoy portugueses y españoles, siempre formaron parte de una concepción cristiana y europea nítida. Además, y esto es innegable, siempre formaron parte del sincretismo de un crisol muy rico de civilizaciones que pasaron por Hispania: comenzando por los primitivos aborígenes hasta todos los que los colonizaron y se mezclaron con ellos, desde fenicios, griegos, cartagineses, romanos, bizantinos, unos pocos vikingos, árabes, eslavones, bereberes, alanos, suevos, visigodos, vándalos, etc. Pero, desgraciadamente en esta obra, y como ocurre en casi todos los libros medievales hispanos se cita la genial derrota mahometana almohade en Las Navas de Tolosa, pero se olvida inexplicablemente la gran victoria del Rey Ramiro II “el Grande” de León en Simancas contra Abd Al-Rahmán III Al-Nasir.

Julián Marías sostiene también, a mi juicio muy acertadamente, que la Reconquista constituyó el alma, el argumento y la idea de futuro para España y los españoles cristianos durante siglos. Había que recuperar y forjar una España que en gran medida se había perdido (porque estaba ocupada por gentes foráneas de distinta cultura, lengua y religión). Y ese proyecto, al igual que ocurre en las personas individuales, constituyó el ideal por el que merecía la pena dar la vida y luchar, hasta alcanzarlo. Es más, leyendo los textos medievales a lo largo de los siglos, existe una curiosísima constante: a pesar de las dificultades, entre los españoles cristianos se consideró la invasión islámica como algo pasajero, como un contratiempo que, más pronto o más tarde, sería eliminado”.

La ambientación es un pilar esencial en la recreación narrativa de la trama, ya que el autor consigue realizar un perfecto retrato literario del paisaje patognomónico de las montañas de las Asturias, llenas de desfiladeros y cuevas donde fue relativamente fácil que se pudiesen refugiar los cristianos rebeldes contra el Islam emiral de Córdoba. La trama también tiene su desarrollo en las calles de la trepidante y populosa ciudad de Córdoba. La descripción de la batalla de Covadonga es muy realista, con mucha acción y bastante bien documentada. El autor demuestra hasta lo lejos donde ha llegado su labor de búsqueda de la documentación, estudiando las tácticas militares de unos rebeldes numéricamente inferiores a los musulmanes, su armamento y de que, forma se organizaron, asimismo realiza este análisis en la facción mahometana. Acción y una sólida base documental conforman esta obra. Lo épico y lo íntimo se mezclan perfectamente, dentro de cómo se incardinan los personajes ficticios con los reales, sin la más mínima estridencia. Contemplemos sin ambages el luminoso estilo narrativo del autor: “A la temprana edad de trece años, Sisnando recibió con indecible espanto y dolor la noticia del fallecimiento de sus hermanos mayores, Tello y Pablo, muertos en la decisiva batalla (actualmente conocida como la batalla de Guadalete), que por aquel entonces se libró en el extremo sur de la península y que, con la inesperada derrota cristiana, abrió las puertas del reino a la posterior invasión islámica. Corría entonces el mes de julio del año 711. A pesar de que el rey don Rodrigo luchó hasta el final con firme y audaz determinación por impedir la pérdida de España, resultó finalmente derrotado a consecuencia de la vil e incalificable traición urdida por los witizianos, es decir, por los partidarios del anterior rey Witiza (Rey inmediatamente anterior a don Rodrigo que lo abandonaron en el momento crucial de la batalla. Aunque el reino visigodo había sido muy poderoso, gran parte de sus monarcas y nobles habían cultivado durante siglos la disgregadora semilla de la discordia y de las luchas entre sí. Esa, y no otra, había sido la auténtica lacra de la dinastía visigoda. Una lacra que a la larga resultó ser crónica e incurable”.

Como en toda creación literaria historiográfica que se precie, el autor ha introducido su personal, y no por eso inaceptable, forma de analizar los hechos narrados que conforman la obra. Está claro que Pelayo existió bien así como espatario rodericiano e hijo del duque Fáfila, o como Belay “el Rumí” de los agarenos, y muchos de los que le rodean también lo fueron. Recomiendo la lectura del epílogo realizado por el propio autor por ser más que esclarecedor con respecto a la Historia del indubitable Hecho de Covadonga, que tanto inexplicable escepticismo ha conllevado. Me encanta la definición que las crónicas medievales cristianas realizan sobre Munuza: “Munuza cumplía en la ciudad de Gijón las órdenes de los sarracenos sobre los astures”. Todo nace en una especie de reunión o asamblea popular en las tierras regadas por el río Sella, lo que sería aprovechado por Pelayo para arengar a los astures de la zona a la rebelión y a la insumisión fiscal contra el valí bereber de Gegione.

«En los albores del siglo VIII, en Asturias, como en otras regiones de Hispania, los cristianos son brutalmente maltratados y obligados a pagar un oneroso impuesto si quieren seguir profesando su religión y no adherirse al islam. El descontento va poco a poco creciendo, hasta que Pelayo y unos cuantos valientes deciden rebelarse contra el invasor. Tendrán la esperanza de que otras regiones seguirán su ejemplo, pero las cosas no van a resultar tan fáciles como habían previsto. No obstante, contra todo pronóstico y lógica humana, siguen empeñados en resistir y vencer a un ejército que les supera infinitamente en número. Es el inicio de la Reconquista, que culminará con la liberación del reino de Granada por los Reyes Católicos. Juan Pérez-Foncea, el aclamado autor de títulos como Los Tercios no se rinden’, ‘Invencibles’ o ‘Los primeros de Filipinas, aborda en esta ocasión un periodo histórico que, además de apasionante, tal vez sea el más señalado a la hora de definir la esencia de España, pues fue en esta época cuando los españoles forjaron su más profunda identidad al alzarse en armas frente a una cultura invasora. Y lo hace a través de la figura de Sisnando, apenas un niño cuando recibe la noticia de que sus dos hermanos mayores han muerto en la batalla de Guadalete, lo que le animará más tarde a unirse a la rebelión en marcha. Su peripecia vital, repleta de adversidades que habrá de sortear, y la de su enamorada, Isela, constituyen el eje de esta absorbente novela sobre un momento crucial de nuestra historia». ¡Ritmo trepidante y personajes muy interesantes. Novela de factura sobresaliente, donde priman en todo momento y condición los hechos histórico reales! «Fere libenter homines, id quod volunt, credunt. ET. Meos tam suspicione quam crimine iudico carere oportere».

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