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Laura Castañón
Laura Castañón (Foto: Carlos Becerra)

Entrevista a Laura Castañón: “Mi manera de contar la historia íntima de Asturias tiene que ver con la intrahistoria”

Autora de “Todos los naufragios”

viernes 05 de julio de 2019, 11:18h
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Todos los naufragios” es la tercera novela de la escritora asturiana Laura Castañón. Sus tres obras conforman una curiosa trilogía sobre la historia del siglo pasado en Asturias, haciendo especial hincapié en acontecimientos ocurridos en su tierra en el primer tercio de dicho siglo. Con mano maestra, nos introduce en la pequeña historia de una ciudad imaginada que nos recuerda mucho a Gijón, aunque ella la sitúa cerca de dicha ciudad.

Todos los naufragios
Todos los naufragios

Su novela es una historia sobre la amistad, los altibajos que se producen en una relación de amigos que surge en la infancia y avanza hasta la madurez de los protagonistas. Sin embargo, ciertos acontecimientos reales modificaran dicha amistad. Para la escritora, la ausencia dicta los destinos y la sombra del pasado siempre acaba regresando, para bien para mal. En la entrevista, Laura Castañón nos cuenta sus motivaciones para escribir su última novela y no desentraña algún que otro secreto, como el que piensa seguir con la trama hasta completar su recorrido.

Todos los naufragios” es su tercera novela sobre Asturias. En esta ocasión, un repaso al primer tercio del siglo pasado. ¿Se considera una escritora sobre la historia íntima de Asturias?

Estas tres novelas están estrechamente relacionadas con la memoria, la individual y la colectiva. Para explorar ese aspecto, en mi caso, es imprescindible la referencia inmediata, la proximidad. Sí, podría decirse que es mi manera de contar la historia íntima de Asturias, lo que tiene que ver con la intrahistoria.

La trama se desarrolla en la población de Nozaleda. ¿Le ha resultado difícil crear una población tan típicamente asturiana?

En absoluto. Ha sido muy divertido imaginar un espacio, crearlo de la nada, establecer sus límites, su geografía, sus habitantes y las relaciones que se establecen…

¿Qué tiene Nozaleda de Gijón?

Es complementario en realidad. Entre Nozaleda y Gijón, próximas en el espacio (Nozaleda estaría situada a las afueras, hacia el Este por la costa) se establece la tensión habitual campo/ciudad, pero con personajes que transitan de un lado a otro.

¿Va a seguir escribiendo sobre temas de Asturias del siglo pasado?

Al menos hasta cerrar el ciclo, sí. Hay historias que necesitan completar su recorrido.

En su nueva novela, cuenta otra historia de los Santaclara. ¿Es "Todos los naufragios" la otra cara de "La noche que no paró de llover" como si fuese un espejo?

Todos los naufragios” responde en parte a la necesidad de contar las otras historias que hay detrás de una historia. En “La noche que no paró de llover”, la familia quedaba reflejada a través de la visión parcial, fragmentaria, subjetiva y muchas veces equivocada como todo aquello que se construye a partir de recuerdos, de Valeria Santaclara. Era necesario contar, además de otras muchas historias, la auténtica realidad de la familia.

La novela podríamos calificarla de coral. ¿La supone mucho esfuerzo manejar a tantos protagonistas y en diferentes escenarios?

Más de lo que creía, la verdad. En novelas anteriores solía jugar con dos planos temporales distintos, y aunque parezca increíble eso me permitía que el proceso de avance de la novela me resultara más sencillo. En esta, que se desarrolla cronológicamente de un modo lineal, hacer avanzar a todos los personajes al mismo ritmo fue bastante agotador, la verdad… Pero también apasionante. Si solo fuera agotador, no la habría escrito…

¿Lo enseña en sus talleres de escritura?

Claro: cuando dirijo talleres abordamos todas las cuestiones relacionadas con la técnica. Esto no deja de ser una más…

¿Qué tiene de costumbrista su novela?

Creo que no demasiado, aunque en la medida en que se me hace imprescindible recrear con la mayor exactitud y el mayor rigor un modo de vida, igual sí que hay algo de costumbrismo. No tengo demasiada conciencia de ello, la verdad, y desde luego lo que pueda tener no es deliberado.

Por la novela deambulan personajes históricos como Rosario Acuña o Buenaventura Durruti. ¿Son más fáciles de recrear que los personajes ficticios?

A mí, personalmente, me da bastante pudor jugar con personas reales, por muy personajes históricos que sean. Quiero decir, no podría convertirlos en protagonistas de una ficción. En esta novela hay dos apariciones, prácticamente dos cameos, el de Rosario Acuña y el de Buenaventura Durruti. En ambos casos su aparición tiene que ver con necesidades narrativas, porque forman parte del paisaje humano histórico de la época, y porque se justifica la (pequeña) interacción con personajes de ficción. Me produce mucho pudor adjudicarles actitudes, frases, actuaciones a personajes con esa entidad. Creo que es una cuestión de respeto.

“Fueron unas décadas tan convulsas, con tantos descontento de toda la sociedad que visto con perspectiva es sencillo extraer conclusiones”

La novela es un recorrido sobre diversos acontecimientos del primer tercio del siglo XX. ¿Qué importancia tuvieron los acontecimientos del atraco al Banco de España de Gijón para el advenimiento de la Dictadura de Primo de Rivera?

Sumaron más inestabilidad a la inestabilidad ya existente. Son unas décadas tan convulsas, con tantos elementos para el descontento de toda la sociedad que visto con perspectiva es sencillo extraer conclusiones. En cualquier caso en la novela no se hace un análisis exhaustivo de ningún acontecimiento político. Me importan, naturalmente, pero lo que de verdad me interesa de todo ello es el modo en que los personajes se ven atravesados por lo que ocurre.

La novela es un fiel reflejo de esos años, la tensión entre Flora Mateo y las autoridades eclesiásticas son constantes. ¿Qué papel jugó la educación católica en aquellos años?

En una sociedad rural, cerrada y con una fuerte implantación de la autoridad eclesiástica, personificada en don Clemenciano, la visión de la Iglesia tenía una importante repercusión en la vida diaria. La presencia de Flora Mateo supone un elemento de perturbación de ese orden establecido: por primera vez la escuela se aleja (siempre relativamente, claro) de la influencia de la Iglesia, y en realidad se reproduce la tensión que a lo largo de toda la novela se puede seguir entre los elementos reaccionarios y quienes ven en el conocimiento la llave para el progreso.

La visión de la Iglesia tenía una importante repercusión en la vida diaria

También nos encontramos con una historia de amistad entre Gregorio Santaclara y Onel que tiene muchos altibajos. ¿El origen familiar tiene mucho que ver con la amistad?

En este caso se trata de una relación muy particular. Si bien la familia de Onel siempre ha servido en casa de la familia de Gregorio, esa condición de servidumbre se ve matizada por dos cuestiones: El carácter de Honorino Santaclara, el padre de Gregorio no es exactamente el de un amo, y la condición de retornado de la emigración, de indiano, del padre de Onel iguala en lo económico. Subsisten, sin embargo, las viejas inercias, pero Gregorio y Onel desarrollan una amistad de una fortaleza envidiable.

Hablemos de los narradores. La novela está casi toda escrita en tercera persona, incluye unos capítulos en cursiva que son de otro narrador diferente al principal. ¿Por qué ha querido diferenciar esos dos narradores?

A medida que el lector va leyendo encuentra las claves de ese “otro” narrador que se manifiesta utilizando la cursiva. Se trata de un foco que sigue las evoluciones de uno de los personajes: quien encarna la ausencia.

Algún capítulo está escrito en primera persona por Flora. ¿Ha buscado premeditadamente la cercanía de esta narradora?

En todas mis novelas aparece en mayor o menor medida la necesidad de algún personaje o varios, de contarse a sí mismo. Me parece fundamental y muy saludable la opción de la escritura en primera persona para los personajes y además permite al lector conocer de primera mano aspectos de la historia o del carácter. En esta novela solo aparece en un par de ocasiones, casi como algo excepcional, pero esas dos intervenciones de Flora escribiendo, contándose a sí misma su miedo y su duelo, creo que resultan totalmente esclarecedoras para los lectores.

¿Es, por último, su novela más ambiciosa?

Pues francamente, no lo sé. Nunca me lo planteo en esos términos, ni se me pasa por la cabeza nada que no sea contar una historia que se ha hecho un hueco en mi voluntad, y hacerlo de la mejor forma posible. Alguien podría decir que es ambiciosa porque es muy coral, hay muchas tramas, hay varios ejes narrativos, mucho desarrollo temporal… Yo solo aspiro a contar una buena historia, que acompañe y emocione. Bien mirado, esa sí es una gran ambición.

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Laura Castañón
Laura Castañón (Foto: Javier Velasco Oliaga)
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