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"Valladolid comunera. Sociedad y conflictos en Valladolid, en el tránsito de la Edad Media y la Moderna", de Beatriz Majo Tomé

Editoriales de Ayuntamiento de Valladolid / Instituto Universitario de Historia Simancas
sábado 07 de noviembre de 2020, 23:00h
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Valladolid comunera
Valladolid comunera
Otro libro magnífico, dentro del enorme esfuerzo que realiza el Instituto Simancas y el Ayuntamiento de Valladolid; envidiable lo que publican desde la capital pucelana, que otras entidades públicas en la Comunidad Autónoma de León y Castilla, por ejemplo en el País Leonés (Salamanca+Zamora+León) no se dignan hacer.

En más de 600 páginas se nos acerca a la implicación comunera de la ciudad del conde leonés Pedro Ansúrez. En efecto, Valladolid sí fue comunera, para conformar las Comunidades en León y en Castilla; lo contrario de Burgos que estuvo, por el vil metal pecuniario, en el bando del Emperador Carlos V. Por ello niego la existencia maximalista de Comuneros de Castilla, pero sí en Castilla, y asimismo en el Reyno de León (Ramiro Núñez de Guzmán, Antonio de Quiñones, fray Pablo de León, Juan de Benavente, Antón Vázquez, Sancho Sánchez, Gonzalo Núñez de Guzmán, Bernardo Gil, Reinalte de Castro, Suero de Oblanca, Pedro Suárez de Argüello, Rodrigo de Zimanes, Antón de Mallo, Antonio de Acuña, Francisco Docampo, Juan de Mella, Juan de Porres, Diego Ramírez, Antonio de Guadalajara, Troilo de Ledesma, Francisco Pardo, Francisco Maldonado, Pedro Maldonado, Juan de Villoria), y en la ciudad legionense-cacereña de Coria. Un 23 de abril de 1521 serían vilmente ajusticiados en Villalar.

En el siglo XIV se produce una crisis importante en toda Europa, entre 1315 y 1487; entre otros factores influyen la hambruna, la peste, la guerra, el alza de los precios y las malas cosechas; todo ello va a incidir muy negativamente sobre una población muy agobiada y más que precaria. En los Reinos de León y de Castilla el magnicidio alevoso del Rey Pedro I el Justiciero, por el puñal, en los campos de Montiel y con la ayuda inestimable de Beltrán Duguesclin, de su hermanastro Enrique de Trastámara, conllevó una nueva forma de hacer política, y que consistía en halagar a la Alta Nobleza que ha apoyado, sin ambages, al nuevo Rey Enrique II; al hecho se le denominará como mercedes enriqueñas. Estos magnates tienen todo el poder jurisdiccional, que llegará hasta límites insospechados durante el reinado de Enrique IV el Impotente. Este caldo de cultivo, que empeora con la muerte de los Reyes Católicos, llega al paroxismo cuando, la posible psicopatía de la Reyna Juana I de Castilla y de León, trae al trono hispano a un joven, que no conoce la lengua, ni las tradiciones, leyes y costumbres de sus nuevos Reinos de León y de Castilla; y lo único que desea es expurgar la hacienda peninsular para conseguir su idea fija de ser emperador. Y bien que pagarían los hispanos estas apetencias carolinas.

Valladolid, que es una de las villas importantes del interior de la Corona de León y de Castilla, será una de las que más padezca los efectos de la crisis de aquella primavera-verano de 1520, que serán el marco esencial para la revolución reivindicativa que finalizará con la masacre imperial de Villalar. Las presiones fiscales son importantes, el aumento de la conflictividad social, el fortalecimiento y los abusos de las prerrogativas de algunos de los grandes magnates de la época, ante la ausencia de un poder regio medianamente fuerte, y que pueda moderar y arbitrar esos comportamientos. Valladolid tiene un estatuto importante dentro de las urbes de León y de Castilla. En esta ciudad se encuentran algunas instituciones político-administrativas de primer nivel, siendo la residencia de algunos de los Grandes Magnates de los Reinos de Castilla y de León, tales como la de los Almirantes de Castilla y Adelantados Mayores de León. En resumen, el hecho es muy simple: el común popular se va a enfrentar a aquella prepotente oligarquía. Ya en 1517, Fernando el Católico había estudiado que fuese su segundo nieto, llamado Fernando, quien le sucediera en la Corona de Castilla y de León, en lugar de su nieto primogénito, llamado Carlos de Gante, al que no conocía y del que no se fiaba. El futuro emperador Carlos V solucionará estas simpatías que generaba su hermano enviándole a Flandes. La ulterior regencia del cardenal Cisneros no iba a resolver el problema político.

La urbe pucelana intentó promover una especie de hermandad y confederación con otras ciudades de León y de Castilla, pero el hecho fue un fracaso y solo se adhirieron dos ciudades leonesas, León y Zamora, y una castellana, Burgos. Durante el invierno de 1517 y 1518 Carlos de Gante estuvo en Valladolid, el descontento y el rechazo hasta del propio aposentamiento de la Corte fue proverbial. No se aceptaba prístinamente la presencia de extranjeros en cargos políticos y administrativos de los Reynos de Lleón y de Castiella. “Por otra parte, Valladolid vivía sumida en un conflicto social. El común había experimentado un proceso de fortalecimiento en detrimento de un regimiento que cada vez generaba menos confianza y contaba con menos apoyo social”. Se destaca la corruptela de los procuradores vallisoletanos Francisco de la Serna y Gabriel de Santisteban, para solicitar y obtener pago superior al que marcaba la ley por sus servicios en Cortes. Córdoba y la capital imperial legionense, León, no cedieron a la proposición a otorgar el servicio carolino solicitado. El resto hay que leerlo en este libro preclaro, de recomendación absoluta. La oligarquía venció y maniató a la élite del común lastrando a la clase burguesa de León y de Castilla ad infinitum. Venari, lavari, ludere, ridere hoc est vivere!

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