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“Despedidas”, de Blas González de la Fuente

Ediciones Rilke, 2021
lunes 01 de marzo de 2021, 23:00h
Despedidas
Despedidas

Después de cuatro años de silencio como poeta y tras haber publicado últimamente un libro de relatos, Relatos imprevistos (2019), Blas González de la Fuente nos presenta Despedidas, editado por Ediciones Rilke, que es su quinto poemario. Libro compuesto por 62 poemas, donde se prolongan y mantienen las líneas temáticas y el estilo literario del libro anterior, Decálogo de noes (2017), la obra que le reveló y confirmó como un poeta reconocido y valorado. Una voz poética madura que con Despedidas, el nuevo poemario, se vuelve a refrendar y a proyectar en la actualidad literaria.

La referencia, el linaje de la poesía de Blas González de la Fuente se puede situar sin vacilación alguna en las coordenadas artísticas del surrealismo y aún del dadaísmo. Tristán Tzará y André Breton se extienden y perfilan sobre el fondo estilístico de Despedidas. Hecho no demasiado extraño si se considera que el surrealismo es el único movimiento o ismo artístico que ha logrado sobrevivir de todas aquellas vanguardias históricas nacidas en las primeras décadas del pasado siglo veinte. Y Blas González de la Fuente se manifiesta sin disimulo como un poeta de estirpe surrealista, como un creador de imágenes y metáforas que enlazan conceptos disímiles y contradictorios entre sí para producir efectos insólitos y sorprendentes. Puro ejercicio surrealista.

A modo de ilustración véanse unas breves muestras de esos efectos literarios inusitados y excéntricos que abundan en Despedidas. Así, “cráter empíreo”, “deidades heurísticas”, “alegría desollada” o “péndulos lacrimógenos”, por ejemplo. Un lenguaje tan inusual que llega a resultar a veces bastante críptico o hermético: “día lleno de apóstrofes”, “valle de acerbo ignoto/ hacia el sesgo de lo oculto” o “gota sin hueso/ con un poco de arco iris en sobresalto”. Solo unas escasas citas que incluso en algún momento pueden recordar el estilo preciosista de Luis de Góngora, lo que tampoco resulta un mal antecedente para los autores de filiación surrealista.

Estilo poético muy definido por tanto el de Blas González de la Fuente, que lo formula mediante versos cortos y frases concisas, en poemas de breve o mediana extensión, donde abundan también los hallazgos ingeniosos de patente resonancia aforística. Tales como “A veces, un grillo canta. / No quiere que la soledad esté sola”, “El teléfono es una trinchera/ para no ver a nadie”, “la calle, cadena perpetua/ de la realidad” o “La claridad es un portento/ que no emite ruido”.

Escribía André Breton, autor del primer Manifiesto del surrealismo, que “Comparar dos objetos lo más alejados posibles el uno del otro y confrontarlos de un modo brusco y sorprendente es la obra más alta que la poesía puede pretender”. Una opinión muy interesada sin duda, pero que muchas décadas después y con un cambio de siglo por el medio continúa teniendo abundantes secuelas y seguidores. Algo que sigue hablando bien de lo que es la vanguardia artística fundada en 1924 y conocida como surrealismo o superrealismo, al decir de otros más puristas.

Y por tales rutas camina Blas González de la Fuente. Tiempo antes, con su poemario Decálogo de noes. que le revalidó como poeta, y ahora con Despedidas. Libro de madurez en el que se proyecta una mirada crítica y serena que contempla el mundo y sus circunstancias con una sabiduría, no exenta de tolerante ironía, que no incurre en diatribas ni desgarros dramáticos.

Un interesante poemario del avezado y peculiar poeta que es Blas González de la Fuente, que, como creemos intuir, guarda nuevos proyectos en su taller literario que le seguirán permitiendo a este autor de Mombeltrán (Ávila) y avecindado en Madrid confirmar y acrecentar todavía más su estimable obra en verso y prosa.

Seguiremos atentos pues, mientras disfrutamos ahora de su reciente y último libro de poesía.

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