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"El populismo. Cómo las multitudes han sido temidas, manipuladas y seducidas", de José María Perceval

Editorial Cátedra
Por José María Manuel García-Osuna Rodríguez
viernes 07 de mayo de 2021, 18:00h
El populismo
El populismo
Otro libro más que necesario, muy preciso para la actualidad del momento europeo, en el que pululan decenas de partidos de derechas y de izquierdas extremas, que tratan de anular la personalidad de la clase media de Europa, y embrutecerla hasta el disparate. “Por lo tanto, no pretende definir qué es el ‘populismo’ sino lo que se considera ‘pueblo’ en cada situación diferente desde su creación como ‘ente de ficción utilizable’ hasta la actualidad”.

En este libro se acerca el autor al comportamiento de esas multitudes, en relación con los asertos populistas, y, sobre todo, las emociones que les producen. El populismo se aprovecha, sin el más mínimo inconveniente, de aquellas situaciones de insatisfacción social y de la carencia de líderes políticos y sociales que llenen o satisfagan a los pueblos. Ese ente, ciertamente abstracto y literario-político, será utilizado para un fin determinado, habitualmente espurio y malintencionado. “El ‘pueblo’ es una invención, como cualquier otra construcción humana, pero una invención que funciona de una forma emocional, una entelequia en que los deseos se confunden fácilmente con las realidades. Cuando existe realmente, no se habla de él, y cuando se habla de él, es porque alguien lo utiliza con un fin determinado. Cuando los grupos recolectores y cazadores disfrutaban de relaciones horizontales, no hablaban de pueblo porque lo eran”.

Aunque en el momento en que se inician las relaciones humanas piramidales, las jerarquizadas, notaron que algo les faltaba y, por consiguiente, sintieron su añoranza. La clase dominante, una auténtica clase opresora, les provocó una general añoranza de lo relativo a una especie de paraíso terrenal anterior ya desaparecido. En este caldo de cultivo de insatisfacción psicológica es donde el populismo encuentra sus apoyos para tratar de destruir a la vieja sociedad que reprueban. “La clave está en el retorno imposible que las revueltas milenaristas promovieron, que los nacionalismos mitificaron y que los sueños fundamentalistas o las burbujas mediáticas ahora promueven. Es imposible, pero entusiasma”.

Desde siempre el Estado ha sido una pura contradicción; existen determinados grupos que se rebelan contra el poder estatal; cuando estas insurrecciones pasan de las palabras a los hechos, tiene lugar la insumisión y el levantamiento. El final es la revuelta que no gana nunca, y la revolución que siempre triunfa. Puede ser algo parecido a una secta, dentro de la religión, por lo que se denomina sectarismo a todo aquel cambio social del que no se desea el triunfo. “Y en el caso de las revoluciones triunfantes, veremos que su destino natural es ser traicionadas como ‘revueltas’ y convertirse en una ilusión del pasado o en una ‘conmemoración’ legitimadora de las nuevas élites triunfantes”.

Las revoluciones conservan el poder mediante una violencia patognomónica. Este hecho político y social, por antonomasia, es el referido a la sangrienta revolución francesa. Duró desde 1789 hasta 1799; aunque algunos historiadores miden en cuatro años el calificativo referido a una Revolución entusiasmante y unánimamente defendida. En la Rusia de los autócratas zares, existieron varios intentos de derrocar a la dinastía de los Romanov, hasta que la llevada a cabo por Vladimir Ulianov “Lenín” lo consiguió con un auténtico baño de sangre. Duró unos 70 años, se estructuró en torno a una clase dirigente, casi una aristocracia comunista, que generó un caos de tal calibre, “del que surgió el régimen ‘populista’ e iliberal actual”. Lo de China es un auténtico esperpento, con una base ridícula pseudoilustrada y denominada ‘Revolución Cultural’.

Los chinos han conseguido establecer un sistema económico capitalista, dentro de un crisol nacional-comunista, y muy apegado a su ética neoconfuciana. Todas las élites vanguardistas se reclamaron pertenecientes al pueblo. “Pueblo y público, a comienzos del siglo XXI, se están diluyendo por la acción de los nuevos medios de comunicación de ‘egos en red’”. Cuando el populismo llega a conseguir el poder, acaba muriendo de su propio éxito. Su oposición al poder del pasado de un antiguo régimen es obvio y frontal. El pueblo es un claro espectáculo de las masas del mismo pueblo al que se le dirige el propio mensaje. Cuando se dice que el pueblo debe tomar el poder, esto no es más que una falacia, ya que quien obtiene la corona de los laureles y el oropel del hecho es un ‘grupo concreto’, donde unas élites substituyen a otras. Toda declaración ya es política, porque tiene una relación directa con la polis o ciudad.

Cada declaración que se realiza define una ideología, ya que se refiere a la expresión de las propias ideas de cada sujeto; tratando de ocultar la ideología propia. “Indicar que vamos a desnudar los relatos de la humanidad es ya un relato parecido, por hacer una metáfora orientalista, a un baile de Salomé reclamando la cabeza del Bautista”. Cuando nos acercamos a esa gran ciencia que es la historia, su conocimiento consigue que podamos obtener claves para, a través del conocimiento del pasado, entender críticamente el presente en el que nos movemos. “Proclamar ‘todos somos o debemos ser uno’ es falso, pero, como veremos, emociona mucho (para el amor tanto como para el odio hacia los otros)”. Estos nuevos políticos del populismo, situados a un lado o a otro del espejo político tienen la pretensión de ser redentores de ese pueblo al que manifiestan servir, pero que no es más que una pose, sin ningún sentido de la ética o de la moral. En suma, un libro de una agilidad a prueba de toda crítica, que se debe leer para no caer en la tentación populista.Obiit Almansur est sepultus est in infero, ET, Qualis artifex pereo!”.

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